virginiawoolf

 

Hoy he estado comiendo en la Facultad de Económicas de mi ciudad, bueno, porque me cae de camino y porque no me gusta perder el contacto con la universidad, y esto era lo que se escuchaba en el servicio de alumnas: “Yo con eso no puedo, con esos autovectores de mierda, y eso que es lo más básico…” Yo no tengo ni idea de eso que pueden ser los autovectores y que sea esto lo más básico para estudiar un exámen, en fin, esta es la economía que están estudiando nuestros estudiantes ahora, mientras nadie explica lo que Luis Toharia trataba de enseñar durante toda su vida, una economía más humana, más institucionalizada, porque la lógica reside sobre todo en las instituciones, si no toda, sí un peso relevante de ella, eso es lo primero que tendríais que explicar, hasta tal punto que es ella, antes que los números, lo que presta coherencia lógica institucional a la sociedad, presta coherencia como un todo, porque el lenguaje institucional se adhiere mejor a la comprensión del mundo que el lenguaje economicista, en primer lugar, y porque tiene carácter significativo que da a la acción humana, el lenguaje institucional se adhiere con más facilidad que el lenguaje teórico economicista, y porque hay diferencias presociales producidas por la interacción social, sin embargo es necesario que se integre toda esa diversidad en esa totalidad simbólica que le da cohesión social y ahí cumple una función relevante la práctica institucional. Aquí siempre se ha valorado más la experiencia en finanzas o en el campo bursátil que la de ser un jurista o un legista, pero se nos olvida de dónde viene la historia. Y querer solucionar el problema del asalariado hablando del trabajo, tal vez sea el camino y la explicación correcta, más que cogiendo el camino inverso de la economía, el de las macroeconomías, o las cifras exactas. Y eso parece que es lo que enseñó este profesor o maestro, que yo no pude conocer salvo por algunos comentarios de prensa. En la época de Adam Smith, el “pobre”, como él lo llamaba antes que el asalariado subsumido o el alienado, como también le llamó Marx, bueno, pues, el pobre era la condición de posibilidad de la existencia del mismo capital. Ahora toda esta cultura del capitalismo ha invertido totalmente el sentido de esta economía. Se ha convertido en una ciencia pura, y además en una ciencia matemática, que toma el modelo de la física. Con lo cual se quedan sectores improductivos o no dan alternativas a estos sectores parados. Porque ahora la condición de posibilidad del mismo capital es el mismo capital, ya no es el trabajo, como cuando nació el capitalismo. Por tanto, habría también que entender lo que las tecnologías han cambiado en este planteamiento, pero también el mercado y ver qué se puede hacer. El capital es, en último término, una “relación social (gesellschaftliche)”, no comunitaria, justificada por el modelo legitimador, que sería la economía de mercado capitalista. Y esto no se cuestiona este modelo, pero tal vez haya que empezar a tenerse que cuestionar en serio. El posesor del dinero se enfrenta al posesor del trabajo, estableciendo asi una relación práctica entre dos personas, pero sin ser miembros de una “comunidad” previa. El enfrentamiento “cara-a-cara” entre el que tiene dinero y el “pobre” nos remite a la “situación originaria” de la que parte Marx: “En el estado primitivo y rudo de la sociedad, que precede a la acumulación de capital el producto íntegro del trabajo pertenece al trabajador”. Todavía con Adam Smith se decía que un hombre era rico según la cantidad de trabajo ajeno del que pueda disponer. Hoy día estas definiciones han quedado obsoletas totalmente. Convendría que se empezara a pensar desde ellas. La economía es una ciencia social. Parece como si la pobreza generadora por el fundamentalismo de mercado no pudiera abordarse sino es al calor de crisis como la Revolución Francesa que eliminó la fisiocracia, la Verein für Sozialpolitik alemana que creó el Estado del Bienestar moderno a raíz de las revoluciones de 1848 a 1871, y la política ilustrada del plan Marshall que creó la riqueza que puso freno al comunismo. Lo que todos esos acontecimientos tienen en común es el abandono temporal del libre comercio a fin de promover el desarrollo como objetivo político y no sólo social.

 

Publicado por: virginiawoolf | 07/02/12 en 0:44

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