virginiawoolf

El cambio de paradigma se ha dado, eso está claro, con las nuevas tecnologías, sobre todo en el ámbito de las telecomunicaciones. Todo esto ha hecho que los procesos se aceleren, la teoría del comercio de Adam Smith se ha revolucionado y se ha extendido mucho más rápidamente. Pero al mismo tiempo se ha revolucionado el trading, y el comercio financiero. Como las bolsas estaban muy altas, se ha visto la perfecta coordinación de los más poderosos, que han inventado un sistema de ganar dinero haciendo caer las bolsas, y en una sóla jornada podía incrementar sus ganancias en un mil por cien. Porque se veía la orquestación. Se vio perfectamente en la caída de mil puntos, cuando se anunció el default en Grecia. Se ha visto las poderosas ganancias que este verano negro otra vez aconteció en la bolsa, con la pérdida de peso y de valor para los países de Europa, que no sabían nada de lo que pasaba en la bolsa, se reaccionó parando las ventas en corto. Y luego todavía por aquí se culpaba de todo ello a Grecia, y se sigue culpando, y a veces a Irlanda. Porque en definitiva el problema estaba en la desorganización que habían creado las nuevas tecnologías en este modo viperino de ganancias. La coordinación se ha visto muchas veces. Lo de los CDS es lo de menos. Actúan como tiburones. Ahora mismo en la bolsa ya no hay nada fiable. Los que hemos intentado aprender hemos aprendido en la peor época, pero hemos aprendido demasiado rápido la lección. Y ahora sólo queda reponerse. Los estados naciones deberían crear bancos nacionales para que el crédito pudiera fluir verdaderamente a las familias y empresas, a Endesa habría que matarla, y en fin, habría que solucionar el problema que no sé si es macro, pues poniéndose a los mejores jugadores de bolsa al servicio de las arcas estatales, que seguramente habrá alguno que se vendería, aunque es de locos.

Publicado por: virginiawoolf | 22/01/12 en 23:02

 

Esto dice el economista observador:

Entiendo perfectamente a los alumnos de Harvard. Este economista observador como profesor tiene que criticar los manuales de macroeconomía y promueve el debate y el espíritu crítico entre sus alumnos. No se trata de culpar a los autores de los manuales, yo también reconozco que tenía errores conceptuales antes de la crisis. Se trata de reconocer con humildad los errores cometidos, con modestia las limitaciones de nuestra ciencia y cambiar las ideas para poder dar un diagnóstico acertado de la patología que afecta a la sociedad y que se refleja principalmente en elevadas tasas de paro y de infelicidad social. Cómo los médicos, cuando surge una nueva enfermedad como el SIDA, no se trata de tirar por tierra 2.600 años de estudias e ideas económicas. Se trata de diagnosticar por qué los medicamentos y protocolos establecidos no sirven para curar la enfermedad e investigar nuevas fórmulas para conseguir erradicarla. Nadie cuestiona la medicina por su incapacidad para encontrar una vacuna contra el SIDA y no es cuestión de cuestionar toda la economía pero no se puede resolver una crisis pensando igual que lo hacías antes de la misma.

El artículo se centra en cuestiones metodológicas. Compara el desarrollo matemático del cálculo diferencial que llevo al paradigma previo a la Gran Depresión con el desarrollo de ese cálculo diferencial dinámico que llevó a la revolución de las expectativas racionales. El autor cita explícitamente a Frank Knight y su clásica obra sobre la incertidumbre y esa es la clave. Los modelos mecanicistas económicos presuponen implícitamente que los empresarios se encargan eficientemente de combinar trabajo, capital y tecnología para producir bienes y servicios y que los mercados financieros proveen ese capital canalizando el ahorro de las familias hacia las empresas. Cuando esas premisas se cumplen los modelos replican con cierta fidelidad la realidad pero cuando la incertidumbre es tan elevada que los inversores sólo quieren comprar bonos a corto plazo de EEUU, Alemania y Japón el crédito deja de llegar a las empresas y el ciclo de acumulación de capital se paraliza y las economías se estancan como en Japón y hay riesgos de desapalancamientos desordenados como en la Gran Depresión.

En estos momentos las expectativas de los agentes dejan de ser dinámicas y, cómo los conductores cuando hay niebla, ponen las luces cortas y dejan de tener expectativas racionales e intertemporales. Entonces el largo plazo es mañana o como mucho el próximo mes y en este entorno debemos entender la célebre frase de Keynes “a largo plazo todos muertos”. Keynes y su generación se enfrentaron a una depresión y tuvieron que cambiar el paradigma y nuestra generación también debe hacerlo. Los cambios de paradigma suelen suponer cambiar algunos de los eslabones de la cadena que no han funcionado pero respetar los que siguen siendo validos y que ya lo eran cuando Jenofonte escribió oikonomia en el Siglo VI a.c.

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