ser un hombre es un drama

virginiawoolf

 

Ser un hombre se ha convertido en un drama… si no tuviesen que afrontar más que un antisemitismo profesional su drama se vería sensiblemente disminuido. Pero el antisemitismo no representa un fenómeno de época, sino es una constante, y sus verdugos de ayer empleaban los mismos términos que Tácito… La iglesia pide perdón por los pecados cometidos… y es que no había que condenar en masa a los gentiles, como si no fueran seres humanos, los judíos ya cometieron el mismo pecado en sus orígenes. La historia da muchas vueltas. Hoy día son muchos más los que piensan que razón y fe se tienen que vivir separadamente y se pueden vivir. Rehusando seguir las ideas de su tiempo, la gran locura que se apoderaba del mundo, escaparon provisionalmente a las persecuciones. Pero como muestra de que venimos acercándonos a unas fiestas religiosas de las más importantes, hoy día las religiones siguen teniendo la fuerza para unir. En lugar de enorgullecerse de sus orígenes, de exhibirlos y proclamarlos, muchas veces los camuflan. El rol que han tenido en los sectores bancarios como en el de la usura son el producto de cientos de años de leyes medievales que prohibían a los judíos el acceso a ciertas profesiones y oficios y los confinaban a tener que jugar el rol de banqueros o usureros. Tenían que haber dado la razón a quienes les odian, proclamar que no tenían semejantes ante la faz del universo, enorgullecerse, pero no lo hicieron. Nunca las religiones han estado libres de esta soberbia. Cuantas más injusticias se han sufrido mayor es el riesgo de caer en el engreimiento y hasta en la soberbia, toda víctima se vanagloria de ser un elegido a contracorriente y reacciona en consecuencia. Sedientos de justicia no se doblegan ante la evidencia de un mundo inicuo. No nos engañemos no hay niguna virtud moderada aquí y ellos siguen actuando por instinto, la idea de renuncia apenas les roza. De este modo, ser hombre es un drama. La banca tiene el privilegio de vivir dos veces nuestra condición. Representa la existencia separada por excelencia o, para emplear una expresión con la que los teólogos califican a Dios, “lo absolutamente otro”. Cuanto más les impregna la fatalidad, más se insurgen contra ella. “Amor fati”: esa fórmula para aficionados al heroísmo, no conviene a los que tienen demasiado destino para aferrarse. Y es que en estas convulsiones, el que las sufre y el universo al que se dirigen están abocados al mismo furor, unas veces destructivo pero otras enternecido de sí mismo. Pero no debemos engañarnos: estos accesos son los más claros y los más inmoderados, cuando esta compasión por sí mismo, vaga y universal, se vuelve hacia uno mismo, se está en la condición del último de los hombres. Todo esto quizá nos invite a trocar nuestra justa indignación por una iniciación hacia la melancolía, que tiene también algo que ver con el odio y la piedad, movimientos aparentemente contrarios pero que guardan un mismo origen.

 

Publicado por: virginiawoolf | 09/11/11 en 18:36

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