reír de alegría o de pena

virginiawoolf:
6 octubre 2011 a las 9:53 am

yo ultimamente he visto que en España que es más pobre comparativamente hay más alegría que en Dinamarca por ejemplo, pero si te fijas bien, esto es superficial, porque allí hay otra fineza de alegría, es más interior. y también ultimamente he visto a un senegalés que perdía su empleo en una fabrica de aceite y que seguía ríendo, “así es la vida” decía, pero ¿por qué? porque él confíaba todavía en el futuro, porque siempre tendría alguien que le acogería en alguna habitación pobre o casa, porque en definitiva lo que he visto, que son los pobres casi siempre los que tienen el espíritu más alegre, y es porque ese es nuestro único recurso, Señor Punset, para poder ser aceptados por los que tienes los recursos, nuestra alegría sería nuestro único recurso compatible, si esto lo perdemos también, entonces estaríamos totalmente perdidos…

Esto dice Punset:

La crisis económica no es un hecho insólito. Lo habría sido de ser una crisis planetaria, de lo cual se intentó disfrazar; lejos de equivaler a la caída inesperada de un meteorito, hace tiempo que los observadores más sensatos estaban diciendo que el famoso milagro español no podía durar toda la vida; que la crisis –al contrario de lo que afirmaban portavoces oficiales– era condición de unos países muy específicos, que no habían sabido acompasar sus deseos de gasto a sus ingresos. La crisis afecta a países como Grecia, Portugal, España e Italia, pero en modo alguno a otros como China, la India, México o Alemania.

Por último, …para que se desaten las carcajadas del público a raíz de un hecho cualquiera, hace falta que esté totalmente injustificado. Es preciso para ello que la supuesta víctima de la broma no tenga la culpa de nada. En el caso de España, es muy difícil aceptar que los responsables no hayan tenido la culpa de nada. Muchas de sus políticas han sido merecedoras de la crisis. A nadie le da risa esto. Es lo menos parecido que pueda imaginarse a la escena jocosa de alguien a quien un camarero distraído ha vertido un gazpacho por encima.

El análisis de por qué no se ríe la gente con la crisis nos descubre que se intentó esconder, que era fácil predecirla y que castiga a los que lo hicieron mal.

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