una carta astral y la inflación

virginiawoolf

Yo estuve mirando su carta astral y tenías una oposición sol luna que me llamó mucho la atención, porque esto te da un cierto carácter femenino, pero por otra parte, marte en acuario, esto te da mucha fortaleza mental. Una oposición sol luna es algo como más cercano a la mujer, porque está más cerca de los sentimientos y de las emociones, siempre hemos dicho que la mujer es más variable que el hombre, pero lo es en este sentido que siempre ha estado más cerca de la educación de los niños, y de las expresiones de las emociones; por eso yo creo que este juego de las variables ahí te defiendes bien y parece muy natural. Júpiter saturno en oposición esto te da como lo que sucede cuando algunos presidentes de los eeuu han llegado al poder, te da una impronta, un carácter. Pero hay que saber estar porque se trata de estar afrontando realidades duras, con términos muy técnicos, pero también con mucha sabiduría, para llegar al pueblo más llano, con un lenguaje también cercano a las historias. Júpiter neptuno te da el optimismo, lo que me preocupa es que lo tengas en escorpio, un signo con mucho poder y ambición pero también que puede terminar destruyéndose a sí mismo. Pero en realidad con lo que está relacionado este signo es con los recursos compartidos, con los seguros, los préstamos, los intereses a plazos, con lo que se da y comparte, y ahí es donde tenemos que tener un control especial, creo yo. Manuel Portela también es escorpio, Eduardo Punset también, y están ahí, habiendo pasado mucho, es la transformación de la vida, es plutón.

Publicado por: virginiawoolf | 14/07/11 en 10:17

agil

La solucción buena para Europa sería la que aplica EEUU o sea imprimir billetes y se acababan todos los problemas pero se choca con la obsesión de los alemanes con la inflación, la verdad es que tuvieron hiperinflación pero ocurrio hace 70 años la ultima vez, ya debería ir pasándosele el miedo. Este miedo está destrozando a Europa porque se están intentando rescates que como dice Guillermo de La Dehesa no sólo no mejoran la situación sino que la empeoran porque aumentan la deuda del paíss rescatado. Además al imponer condiciones draconianas para bajar el gasto público en realidad provocan graves recesiones que hacen que la recaudación de impuestos disminuya y no haya una disminución del déficit público.

Portugal y Grecia tienen un problema de competitividad que hubieran resuelto en un momento si tuvieran moneda propia y devaluaran , pero al no tenerla tienen que hacer la llamada devaluación interna con bajada de los sueldos que podría ser equivalente a una devaluación exterior si la gente no tuviera deuda , pero como existe mucha deuda (y esta no baja al hacer la bajada de sueldos), encima si se bajan los salarios mucho más problemas para devolver los préstamos con menos sueldo, por lo tanto menos consumo, etc; o sea que se entra en un circulo vicioso: más austeridad, menos sueldos, la deuda permanece, por lo tanto hay que dedicar cada vez más porcentaje del sueldo a pagar los préstamde austeridados, queda menos dinero para el consumo, aumenta la recesión, baja la recaudación, etc.

En resumen la cura que impone Alemania ( e incluso ahora quiere imponer tipos de interes altos) es justo la contraria de la que necesitan estos paises y de la que necesitan todos los países europeos excepto Alemania y los otros dos o tres países satélites suyos (Holanda y Austria)

Publicado por: agil | 13/07/11 en 21:31

pau

Creo que habrá que reescribir los libros de texto y cambiar unas cuantas cosas. Me temo que eso de la inflacción, en caso que se utilice termine fatal.
El mundo ha cambiado mucho, por no decir completamente.
José Carlos, lo que no dices sobre las inflacciones que tan bien solucionan las crisis, es como terminan. Solo con abrir un libro de texto de historia lo descubrimos. Lo triste es que solo los alemanes y los japoneses sepan de qué va la cosa.

Publicado por: pau | 14/07/11 en 0:20

José Manuel García

Habito en uno de estos modélicos países avanzados de Europa y después de unos cuantos años voy descubriendo cositas que están destruyendo el mito que me inculcaran desde niño acerca de la diferencia entre la excelencia foránea y la mediocridad endógena que me sería propia por nacionalidad. He descubierto, por ejemplo, que en este paraíso del trabajo la gente no trabaja más, ni mucho menos, que en España. Con pasmo indecible también observé que, fruto del industrioso quehacer de estos industriosos “quehacedores”, los servicios que ofrecen en muchos casos, no en todos, hay excepciones notables, dejan mucho que desear en relación con la acostumbrada mediocridad hispana que hasta entonces pensaba que yo había sufrido. Me resultó altamente curioso cuando, preguntando a unos y otros y tras algunos años atando cabos, fui descubriendo que la forma de contabilizar paro y empleo es radicalmente diferente de la española y comencé a sospechar que de ampliar el concepto de parado para adecuarlo al español, en este paraíso del pleno empleo dicho pleno empleo se iría a… bueno, que no sería tal pleno empleo (perdón, pero es que suena tan bien que parece mentira… pleno empleo,).
Desde pronto me tenía mosqueado que la fiscalidad, religiosamente pagada por el ciudadano medio, siempre y cuando no encontrara alguna forma de ‘sisar’ un poquitito de aquí y de allá, es brutal para lo que entendemos por fiscalidad en España. Pero oye, en compensación las empresas tenían unos impuestos irrisorios con lo que muchas no tenían dudas a la hora de deslocalizar sus domicilios sociales en la Europa mediocre y venirse al paraíso en el que habito… ya me supongo que con el disgusto lógico de aquellos mediocres que no supieron cómo conservarlas… por un módico precio.
Nunca llegué a comprender bien porqué el afamado Estado del Bienestar de esta panacea del estar bien, siempre preocupado, pero bien, funciona de una manera tan extraña. Crea este lúcido concepto situaciones surrealistas ofreciendo beneficios sociales ridículamente escandalosos a personas que no los precisan (lo que crea una suerte de adición a los mismos, pero en compensación crea diques a situaciones explosivas con poblaciones que no se ha podido/sabido/querido integrar) y obligando al conjunto a que servicios básicos, como la sanidad por ejemplo, sean objeto de negocio para aseguradoras privadas lo que crea situaciones como la enorme dificultad, por ejemplo, a la hora de acceder a la consulta de un especialista y eso si se tiene seguro porque si no, de protección sanitaria universal… nanai, eso son cosas de españoles que creen que la sanidad es gratis… y la decencia también.
Y siguiendo con las varas de medir, claro, es bastante normal que se hable por este Olimpo de la ética de la corrupción en países del sur, tan corruptos nosotros por esencia que se levanta uno por las mañanas y se mira al espejo y comprendiendo su corrupto origen le dan unas ganas de llamarse de todo menos bonito a uno mismo (que tampoco podría). Pero poco a poco vas descubriendo que prácticas consideradas ilegales y/o susceptibles de ser denominadas como corruptas en España, en esta tierra de gente recta y honrada que no miente nunca (pero cuya forma de decir su verdad siempre es un poco… ¿cómo lo diría yo?… ¿suya?) simplemente entran dentro de la legalidad (no es lo mismo pero como ejemplo gráfico puede servir: si las drogas blandas y la prostitución no son ilegales, ni alegales, y son socialmente toleradas se entenderá que a la larga y a la corta se acabe creando conciencia de la inexistencia de problemas con las drogas blandas o prostitución… así es fácil eliminar problemas y tal vez sea la solución para estos dos casos, pero ¿qué pasa cuando instituciones públicas pueden invertir el dinero de los contribuyentes, es decir, recursos públicos en productos financieros de alto riesgo de bancos de países más fríos aún?¿qué le habría pasado a un gestor público en España de hacer la misma jugada y haber salido cómo en algún mágico lugar que yo me sé? Pero claro, en este mágico lugar donde el dinero cree en las flores los únicos culpables son los ciudadanos de aquel (aún más) frío país, no los bancos de aquel país ni los iluminados gestores que decidieron que con el dinero público se puede apostar hasta en peleas de gallos si ofrecen una rentabilidad suficiente; no eran aquellos fríos ciudadanos que con tanta fría crueldad decidieron que a ellos penas que ellos no eran banqueros y no le debían un duro a aquellos listos… ¿no le recuerda a nadie lo de los timos dónde para que estos funcionen hay que contar con la mala fe del timador pero también con la avaricia del timado?)…
Ya acabo, que esta peste de retórica hispánica me pierde. Lo que quiero decir con todo esto es que mientras no midamos con los mismos criterios a todos los países (deíficos y los mortales) y en las mismas situaciones estaremos diciendo estupideces que acabarán por crear realidades dramáticas para algunos mortales y deíficos beneficios para otros. Buena parte del problema no es como hacen las cosas estos industriosos europeos de la Europa feliz, sino que los españoles no estamos dispuestos a perder ciertas costumbres hoy claramente perjudiciales, como por ejemplo ese empeño en decirnos todos los días lo tontos y malos que somos y los listos y buenos que son los demás. Todo requiere esfuerzo y todavía falta (y parece todavía más ahora) para que podamos medirnos con economías como la de este jardín de las Hespérides del norte (proporcionalmente digo) o, no digamos, la alemana. Pero el día que nos miremos todos en el mismo espejo y no con uno diferente y deformante para cada uno tal vez descubramos no hay tanta distancia, que no somos tan malos y que los dioses van al baño como nosotros y no suele oler a rosas después.
Para los indígenas cabreados con este emigrante decirles que cuanto más baja al nivel de los mortales más me gusta este país en el que tengo la suerte de habitar y al que, finalmente, estoy tan agradecido; y es que vivir entre mortales suele ser más gezellig.
Gracias a José Carlos Díez, por no cansarse de repetirnos que no somos como se empeñan y nos empeñamos en vernos.

Publicado por: José Manuel García | 14/07/11 en 21:48

Fernando

Totalmente de acuerdo Jose Manuel.

Aunque hay diferencias en el modo de ver las cosas por norma general entre el norte y sur de Europa, creo que en España seguimos lastrando un complejo de inferioridad que hemos heredado desde siglos inmemoriables. Maldita leyenda negra …. Sí es cierto que en España el espíritu de la picaresca está a la orden del día, pero también es cierto que hay más gente correcta y honrada de lo que pueda parecer. Es decir, que éstos “pícaros” o chanchulleros no son la mayoría.

Por otro lado en el norte de Europa tampoco es oro todo lo que reluce. Si ir mas lejos yo he estado en Alemania un par de ocasiones (en Berlín concretamente) y la diferencia que he observado ente las dos ocasiones (2005 y 2010) ha sido abismal. La última vez vi más pobreza, más gente desocupada y un descontento general importante con toda su clase política (como pasa aquí). La gente está que trina y no se traga todo lo que les cuentan en los medios.

En lo que respecta al empleo en Alemania, dicen que ronda el 8%. Sin embargo esa cifra tiene trampa. En España (que alguien me corrija si me equivoco, por favor), un parado cuenta como tal desde que se inscribe en el Inem hasta que se vuelve a dar de alta en la seguridad social. Sólo desaparece de las listas del paro esporádicamente cuando es convocado para cursos de formación. En Alemania sólo cuentas como parado mientras estás cobrando el subsidio por desempleo, que dura unos dos años máximo. Tras esto pasas a la lista de los “parias” que reciben el subsidio social o Hartz IV (en honor a su creador) . Lo alucinante es que esta gente NO CUENTA como parados. Hace años cuando la cosa iba bien, la lista del Hartz IV era residual, muy inferior a la lista de desempleados. Actualmente la lista Hartz IV se está equiparando peligrosamente a la lista de desempleados, con lo que la lista real de parados podría rondar el doble de los datos oficiales, casi nada.

Pero si los alemanes ocultan sus miserias por algo será. Lo mismo que con sus bancos. Pensarán que es mejor esconder sus vergüenzas y sacar pecho para que nadie dude de su fortaleza. Personalmente creo que es peor y les podría explotar en la cara.

Volviendo al espíritu del artículo, desde mi humilde opinion, si de verdad queremos compararnos entre europeos, lo primero sería homologar las varas de medir, y entonces podremos decir si somos realmente tan malos y los otros tan buenos ……

Publicado por: Fernando | 14/07/11 en 22:31

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