fondo de cohesión

Los antropólogos insisten en que el comercio apareció primero entre clanes y tribus, no entre individuos: como ya he señalado, en la Europa del siglo XIII estaba claro que la riqueza de las ciudades frente a la pobreza del campo era consecuencia de determinadas sinergias. El “bienestar de la comunidad” -il ben communne- era el responsable de la riqueza. El siguiente paso fue el surgimiento del Estado-nación. Sus constructores trataban de extender las mismas sinergias que se daban en las ciudades a un área geográfica más amplia. Las inversiones en infraestructuras -grandes recursos volcados en la construcción de canales, carreteras, puertos, y más tarde vías férreas y líneas telefónicas- fueron clave en el proyecto de construcción de la nación. El proyecto económico y político que dio lugar a los Estados-nación se llamó mercantilismo. A medida que se desarrollaban las naciones dotadas de Estado, las ciudades-Estado más opulentas -como Venecia y las ciudades holandesas- quedaron notoriamente atrás, en declive y en una pobreza creciente, relativa y absoluta. Los economistas de la época vieron claramente que la unidades políticas que no se incorporaban a la carrera por mercados internos más grandes quedarían inevitablemente postergadas en el aspecto económico. Mucho después -hace aproximadamente cien años- los economistas que estudiaban las relaciones históricas entre tecnología y geografía adivinaban que la siguiente etapa tecnoeconómica sería la economía mundial. Como en transiciones anteriores, apuntaban, el sector financiero sería el primero en adaptarse plenamente a esa escala geográfica más vasta.

El análisis y las recomendaciones están muy bien expuestos, y son muy interesantes e ilustrativos de la gran complejidad del mundo de hoy día, de las conexiones de la economía financiera en el mundo globalizado, pero aun así se basan en argumentos teóricos estáticos desprovistos de un fundamento histórico, en los que el cambio tecnológico, los rendimientos crecientes y las sinergias están ausentes.

Las explosiones de productividad se limitaron durante siglos a la industria, pero durante los últimos cincuenta años, poco más o menos, la agricultura ha experimentado un mayor aumento de productividad que la mayoría de las industrias. La productividad por hectárea en las plantaciones estadounidenses de trigo se ha multiplicado casi por seis desde 1940; gran parte del sector agrícola se ha convertido en un negocio de alta tecnología, los granjeros aran con tractores automáticos guiados por satélites GPS, y un sólo agricultor puede producir hoy día lo que producían diez hace tan sólo 75 años. La paradoja es que las agriculturas más eficaces del mundo, la estadounidense y la europea, son incapaces de sobrevivir sin subvenciones y protección. Cada vaca suiza está subsidiada con el cuádruple de la renta per cápita en el África subsahariana. ¿Cuál es la razón de todo esto?

En 1970 Norman Borlaug recibió el premio Nobel de la Paz por la “revolución verde” en la agricultura, por haber generado nuevas especies que aumentaban inmensamente las cosechas y la productividad. Pero esa enorme explosión de productividad agrícola no ha alterado significativamente el número de pobres y hambrientos en el mundo. ¿Por qué no?

Los diferentes sectores económicos -clasificados a grandes rasgos como agrícola, industrial y de servicios- desempeñan papeles diferentes en la economía nacional, y en cierta medida obedecen a leyes económicas distintas al desarrollarse o decaer. La incapacidad para apreciar esas diferencias cualitativas entre distintas actividades económicas lleva a no entender por qué la economía global se desarrolla de una forma tan desigual.

Entonces no es posible tampoco decir aquí que estamos adoptando soluciones globales a través del sector financiero porque nada de esto se corresponde con la realidad. Las soluciones financieras que se están adoptando hoy día sólo están salvando la fachada de las primeras potencias mundiales y nada más, y nosotros queremos seguir teniendo una posición dentro de ellas, de acuerdo a nuestra riqueza, pero para ello debiéramos estar tal vez a otro nivel, que no estamos, pues no hemos hecho bien todos los deberes, al parecer.

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