otra mística o eternidad

“Sólo el más allá es lo bastante espacioso para vuestras apetencias; la tierra y sus instantes os parecen demasiado frágiles. La megalomanía de los conventos supera todo lo que jamás imaginaron las fiebres suntuosas de los palacios. Quien no consiente su nada, es un enfermo mental. Y el creyente, entre todos, es el menos dispuesto a consentir. La voluntad de durar, llevada hasta tal punto, me espanta. Me niego a la seducción malsana de un Yo indefinido. Quiero revolcarme en mi mortalidad. Quiero seguir siendo normal.» Cioran.

Quien desea perpetuarse en la eternidad es que no le basta esta duración presente. “La memoria se vuelve activa en cuanto el tiempo deja de ser su dimensión… La experiencia de la eternidad es actualidad; se desarrolla ahora o en cualquier momento, sin referencia a nuestra vida pasada. Doy un salto fuera del tiempo, eso es todo; inútil recordar cualquier cosa.” Pero cuando se trata de nuestro pasado esencial, de la eternidad que precede al tiempo, sólo los recuerdos pretemporales y esa memoria soñolienta y profunda que retrocede hacia los orígenes, entonces sentimos otra dimensión temporal, y pensamos en Golden Slumbers de los Beatles, por ejemplo, “Dear God, I bursting in tears… Oh my goodness. You just made me realize how perfect that would be”. Sin embargo no tenemos ninguna prueba de que el pasado fuera mejor, o que se viviera sin esta mezcla de fragilidad y constante sensación de pérdida o de inseguridad cuanto menos, o de colapso o asfixia ante un mundo que ha alcanzado un límite de sobrepoblación, también eso pensaba Malthus y luego se dio la razón a Darwin, y hoy con tantos adelantos no sabemos a quién dar la razón, lo que sí se está viendo es la primitivización de algunos instrumentos o útiles económicos porque no resulta ya rentable la tecnologización en todos los sitios. Pero esto no me preocupa tanto -la primitivización de la economía- cuanto la sobrepoblación, claro está, y la falta de recursos naturales. En el fondo la eternidad, la necesidad de buscarla es un inmemorial reflejo de cobardía. “Sin ese presentimiento de la noche cuando me domina una intensa pasión o cuando lo frágil me fascina no sabría concebirlo sino como todo lo que nace y muere”, dice Cioran. En realidad, la memoria se adhiere tanto mejor a las apariencias, a lo inmediato, y no podemos tanto confiar en ella, aunque sí podemos crear una especie de mística, pero que supere la antigua metafísica pesada, todo lo que es actualidad parece el infierno y muy ingenioso dirá Cioran: “Si hubiéramos conocido el infierno en nuestro pasado inmemorial, ¿no estaríamos suspirando a causa del recuerdo del infierno perdido?”

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