paradigmas científicos y autopoiesis

virginiawoolf:
26 abril 2011 a las 6:09 pm

yo creo que puede influir el concepto de autopóieses de los sistemas vivos y organismos, que tienden a reproducirse a sí mismos, como dicen Marutana entre otros, es la condición de existencia de los seres vivos en la continua producción de sí mismos. De esta forma hay una tendencia a pensar que siempre será lo mismo, que no puede cambiar, que se regenera y en parte así se sostienen los sistemas de legitimación y definición dogmáticas de muchos cuerpos del saber.

Y por otra parte, está lo que dice el mismo Kuhn, descubridor de los paradigmas científicos y de sus cambios y revoluciones, él mismo hacia la madurez de sus estudios abandona casi por completo el discurso acerca de los paradigmas, y restringe el concepto de revolución científica al de un proceso de especiación y especialización por el cual una disciplina científica va acotando los márgenes de su objeto de estudio, alejándose de los horizontes de otras especialidades. En este último sentido, como una forma de holismo restringido que afecta las distintas ramas del desarrollo científico, reaparece el concepto de inconmensurabilidad teórica, el único que Kuhn parece haber mantenido incólume hasta el final de sus días.

~

Acerca de científicos y dogmáticos, Eduard Punset dice:

“Un tercio de la materia que existe es oscura –es decir, no tenemos ni idea de lo que es–, ¿llegaremos un día a saberlo? Este tipo de preguntas son propias del segundo gran grupo de dogmáticos: los científicos.
El primer gran grupo, en cambio, lo forman los que nunca han considerado como hechos sorprendentes los grandes descubrimientos científicos. No les interesa la ciencia, que han opuesto siempre a la filosofía, su disciplina predilecta. “Mire por donde –suelen decir ellos–, he tenido un sueño esplendoroso que anticipaba con un detalle increíble lo que me iba a ocurrir hoy”. Es la misma gente que no suele querer cambiar de opinión, porque lo considera una especie de confesión de que se habían equivocado; no desean por nada del mundo dejar de ser quienes son.

Los del segundo grupo –el de los llamados a sí mismos “científicos”– pueden ser tan dogmáticos como los primeros. Actúan como si nunca hubieran oído el principio básico del que arranca todo el método científico: “Les voy a sugerir una tesis que he podido comprobar de momento y que, por lo tanto, hasta que otro no me demuestre lo contrario, va a misa”, dijeron los fundadores del método positivo. “Yo afirmo –dijo un día el gran científico Newton– que el tiempo es absoluto e igual para todo el mundo”; esta fue la tesis por él comprobada de la naturaleza incólume del tiempo. Hasta que vino Einstein poco después y comprobó que el tiempo era relativo; que su duración e identidad dependían de la velocidad a la que se desplazaba el sujeto cuyo tiempo se medía y de la masa gravitatoria que lo rodeaba.”

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