una aparente realidad

virginiawoolf

 

Dejémonos de las apariencias, porque no todo es como parece evidentemente, ya se ve lo que ocurre en las potencias privilegiadas. Decir que tenemos que aparentar es como pedirnos un sacrificio más. María Zambrano el otro día que la leía sobre su historia sacrificial de un ídolo y una víctima decía que teníamos que mirar a la realidad con ojos amorosos, que sólo así podríamos salir adelante. Tendemos a considerar la edad madura como un camino lineal y estable, pero tiene sus propios ciclos, con sus puntos de inflexión y crisis que es necesario reconocer y no se puede superar una etapa y adentrarse en la siguiente sin solucionar la etapa y crisis anteriores. Hay quien tiene miedo a quedarse sin trabajo, al dolor emocional, a la soledad, y terminan despegándose por ello de la vida… y sobre todo el miedo al cambio. La madurez, en cambio, supone una lucha basada en los valores conscientemente elegidos. Es el reconocimiento de la realidad, es decir, de los “límites”, lo que lo es también del desarrollo de la fuerza necesaria para superar los obstáculos, y de la capacidad de apartarse de forma consciente de determinados modos de vida, influencias o personas. Otra oportunidad que ofrece la madurez es no confundir nuestro ser con nuestras circunstancias, se sabe que el mundo es inseguro y cambiante y que nada externo puede darnos una seguridad real, buscamos, por tanto, esa serenidad en nuestro interior. Einstein dinamitó la base más sólida del concepto de tiempo, su inmutabilidad, con su teoría de la relatividad, el tiempo se encoge, se estira y cambia de forma y en ello influye la velocidad de la luz, de modo que a más velocidad el tiempo transcurre más despacio, y también influye la gravedad de modo que cuanto mayor atracción gravitatoria de un cuerpo más despacio transcurre el tiempo. Es impresionante como la mente del hombre puede cambiar en unos minutos el concepto que se tenía de una aparente realidad.

 

Publicado por: virginiawoolf11/03/11 en 23:37

 

 

Hay épocas de espera como estas en que parece que la vida se estanca, en estos momentos la debilidad y la impaciencia no logran nada. El tiempo de la psique no es el tiempo de la vida diaria. Hay que darse tiempo para madurar y encajar situaciones, tiempo de cara al desarrollo de las relaciones, tiempo para reconocer dónde nos hemos estancado y por qué. Hay que situarse en un ámbito más intemporal para poder examinar y superar las crisis propias de cada etapa de la vida con calma. Así las crisis nos afectan a nosotros y a nuestro entorno como si estuviesémos atrapados entre dos espejos, la figura humana se desdobla hacia el infinito. Es el sustrato de la vida humana de la que todos estamos construidos y cada crisis entraña nuevos retos.
Y si la agencia de Moody’s da también un escenario con esa probabilidad de un escenario estresado hasta su máximo y si el Banco de España lo reconoce, la cuestión de la ética y la estética que se nos habla, como otras veces cuando hablamos de la apariencia exterior, son cuestiones que a mí más que a Ortega, el filósofo, me recuerdan a Proust, el escritor, que sólo hablaba de la elegancia y de la falta de elegancia y de gente educada y ficticia. Dejémonos de las apariencias, porque no todo es como parece evidentemente, ya se ve lo que ocurre en las potencias privilegiadas. Decir que tenemos que aparentar es como pedirnos un sacrificio más. María Zambrano el otro día que la leía sobre su historia sacrificial de un ídolo y una víctima decía que teníamos que mirar a la realidad con ojos amorosos, que sólo así podríamos salir adelante. Tendemos a considerar la edad madura como un camino lineal y estable, pero tiene sus propios ciclos, con sus puntos de inflexión y crisis que es necesario reconocer y no se puede superar una etapa y adentrarse en la siguiente sin solucionar la etapa y crisis anteriores. Hay quien tiene miedo a quedarse sin trabajo, al dolor emocional, a la soledad, y terminan despegándose por ello de la vida… y sobre todo el miedo al cambio. La madurez, en cambio, supone una lucha basada en los valores conscientemente elegidos. Es el reconocimiento de la realidad, es decir, de los “límites”, lo que lo es también del desarrollo de la fuerza necesaria para superar los obstáculos, y de la capacidad de apartarse de forma consciente de determinados modos de vida, influencias o personas. Otra oportunidad que ofrece la madurez es no confundir nuestro ser con nuestras circunstancias, se sabe que el mundo es inseguro y cambiante y que nada externo puede darnos una seguridad real, buscamos, por tanto, esa serenidad en nuestro interior. Einstein dinamitó la base más sólida del concepto de tiempo, su inmutabilidad, con su teoría de la relatividad, el tiempo se encoge, se estira y cambia de forma y en ello influye la velocidad de la luz, de modo que a más velocidad el tiempo transcurre más despacio, y también influye la gravedad de modo que cuanto mayor atracción gravitatoria de un cuerpo más despacio transcurre el tiempo. Es impresionante como la mente del hombre puede cambiar en unos minutos el concepto que se tenía de una aparente realidad.

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