vulnerabilidad y debilidad

Precisamente el otro día rechacé conectar con una persona más allá de lo superficial diciéndole que yo era muy sensible y vulnerable, y en este caso eso mismo fue lo que me hizo rechazarla. Pero es que de algo vale también la experiencia, creo yo. Y en definitiva es que tiene mucha razón esta psicóloga americana que me ha sorprendido por su sensibilidad y por su fuerza e inteligencia al mismo tiempo y poder comunicativo, y es que dice cosas muy importantes, precisamente es la conexión lo que nos hace sentirnos personas dignas y la vulnerabilidad es una cualidad que podemos desarrollar dentro de la fuerza también. En cierta manera es también como la libertad, eres libre pero porque también estás sujeto a una base firme de tu vida, a una estructura vital. Y realmente esa persona me entendió, y yo quería conectar con otra que sí era más parecida a mí, en este caso fue la vulnerabilidad la que me abrió el camino, y aquello que me la cerraba fue lo que rechacé, aunque los caminos no siempre están del todo claros, pero es bueno ir despejándolos, porque no podemos quedarnos en la duda o en la indecisión, esto sí sería la debilidad, el cuadro de la depresión. Por tanto, esa parte de vulnerabilidad necesaria nos hace vivir pero porque nos abre a las emociones vitales de la vida, porque en un caso u otro yo estaba arriesgando lo mismo, pero también quería que mi riesgo tuviese una respuesta firme y no arriesgada, quería que mi decisión sirviese realmente para “conectar” con la otra persona, y volvemos al principio del sentimiento de conexión que fue lo que apoyó la tesis primera de esta doctora, pero es que es la base de todo y ha sido muy interesante escucharla.

Y me han gustado muchos los comentarios y en especial el de JM Cuesta porque habla de un aspecto que no se ha tocado en la conversación pero que muestra la otra cara de la vida, del cuadro de la depresión y de la insania mental.

En esta interesante charla, la Dra. Brown habla del sentimiento de pertenencia de las personas, de la vergüenza que aflora cuando no logramos esta sensación de pertenencia, de la diferencia entre vulnerabilidad y debilidad… ¿Qué personas se pueden permitir el lujo de ser vulnerables, cómo lo hacen y por qué? ¿Qué nos pasa cuando intentamos no ser vulnerables, qué coste psicológico tiene?

Brené Brown da algunas pistas interesantes en este sentido. Asegura, por ejemplo, que “si adormeces o evitas determinadas emociones, tiendes a adormecer todas las emociones”. Es decir, que si das la espalda a la tristeza y a la ira, es probable que tu capacidad de sentir alegría o gratitud también quede muy mermada.
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JM Cuesta:
25 febrero 2011 a las 9:15 pm
El lado mas deplorable de la vulnerabilidad, son las consecuencia psicólogicas que en un indiviuo puede provocar. El constante abuso hacía el vulnerable lo convierte en un ser reducido a la mínima expresión que suele refugiarse en su mundo y se convierte en un ser anacorético, porque rechaza y es rechazado. En la mayoría de los casos el vulnerable convierte su cerebro en un apartamento sin tabiques donde todo queda revuelto, y las distintas percepciones, afecciones y demas sentimientos queda revueltos sin discriminación alguna, creándose una paradoja creciente que acaba por debilitar, mas tarde o mas temprano al vulnerable. La depredación social, hace que se arrincone al vulnerable y el vulnerable se autorelega al ostracismo por comprender y no poder impedir la intolerancia del resto. Acaba pues, en un estado de extrañamiento kafkiano y pierde contacto con el entorno. No es más debil el vulnerable, tal vez sea mas débil el entorno que esta esterotipando al individuo ganador, al sociopata que es capaz de esconder sus complejos, de inferioridad normalmente, pero que al final es el victorioso y el fuerte. No es extraño, por tanto, que entre otras causas de distinta etiología a la que comentamos, que los centros de salud mental estén tan colmados de personas vulnerables con cuadros depresivos más o menos severo, ya que el vulnerable acaba por no comprender el mundo que le rodea y se siente débil y sucumbe ante la presión. Hay que educar en la emoción no en el instinto de supervivencia. Todo tiene un equilibrio.

virginiawoolf:
28 febrero 2011 a las 8:19 pm
a veces no somos conscientes siquiera de que somos vulnerables y damos la espalda al resto de la sociedad. Es decir, por protegernos adquirimos esa vulnerabilidad. Como alguien que se aferra a lo que tiene y se separa de los demás y de sus emociones; alguien que, en el fondo, está asustado y no es capaz de enfrentarse ni a los sentimientos ni a los sufrimientos y opta por esconderse tras su coraza de cosas materiales. En el fondo, se está a la defensiva y eso está impidiendo comunicarnos con los que nos rodean. Habiendo de perder el miedo a sufrir o a sentir algo importante pues son estas las cosas que nos hacen sentir vivos. Si caemos siempre tenemos la oportunidad de volver a levantarnos. Vendría bien pedir ayuda a los que nos quieren y hablar con ellos. Se puede superar ese tremendo miedo que nos acosa constantemente.

Pero es que otras veces vemos a alguien que sufre eternamente sintiendo suyos todos los sufrimientos del mundo, personas que poseen un exagerado sentimiento de culpabilidad y que tienen arraigada la creencia de que son responsables de todo lo malo que pasa a su alrededor. Y sucede que hay personas así que están sufriendo en exceso, más de lo que les corresponde, sin control ni haberle puesto fecha de caducidad. Y no pueden pasarse la vida así. Hay que levantar la cabeza y salir de su encierro emocional; liberar lo que llevan dentro para liberarse en todos los sentidos. A veces los acontecimientos no traen tristezas, sino que la pena vive ya dentro de ese ser y aprovecha cualquier contratiempo para volcarse en él, deprimirse y utilizarlo como tapadera ante el mundo. Intentar cambiar de actitud y abrirse a la vida sin dar por hecho que las lágrimas son el único camino para relacionarse con los demás. Y volvemos al tema de conectar con los demás, yo creo que este es el núcleo de toda la conversación de la psicóloga Brené Brown, no esconder la cara por la pena o ésta nunca se acabará. Levantar la cabeza y mirar hacia adelante con la sabiduría que otorga el enfrentarse a los problemas, y la oportunidad de progreso mental.

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