diario 19.2.11

virginiawoolf

Extraigo una larga cita de Erik Reinert, para aclarar el concepto de capitalismo una vez más: “Werner Sombart consideraba el capitalismo como una especie de coincidencia histórica en la que confluyen determinados factores debido a todo un conjunto de circunstancias. Sin embargo, deja muy claro que la riqueza económica es el resultado de una decisión, de un plan consciente. Las fuerzas impulsoras, que crean tanto los fundamentos como las condiciones para el funcionamiento del sistema son, en su opinión, las siguientes:

El empresario, que representa lo que Nietzsche llamaba “el capital del ingenio y la voluntad”, el agente humano que toma la iniciativa de producir o comerciar con algo.
El Estado moderno, que crea las instituciones que permiten mejoras en la producción y distribución, y los incentivos que hacen coincidir los intereses del empresario con los del conjunto de la sociedad. Las instituciones abarcan todo, desde la legislación a la infraestructura, patentes para proteger nuevas ideas, escuelas, universidades y estandarización de las unidades de medida, por ejemplo.
El proceso de maquinización, esto es, lo que se llamó durante mucho tiempo industrialismo: mecanización de la producción que da lugar a una mayor productividad y cambios tecnológicos con innovaciones bajo economías de escala y sinergias. Este concepto es muy próximo a lo que hoy día llamamos “sistema nacional de innovación”.”

De lo que deducimos a continuación que capital, trabajo y mercados, esos tres factores -el verdadero núcleo de la teoría económica estándar- no son para Sombart las fuerzas impulsoras del capitalismo, sino sólo accesorios.

Así que aquí nos estamos jugando un estilo o una manera de fomentar el tejido productivo de nuestro país. Hay quien piensa que hubiera sido menos costoso dejar caer incluso a Rumasa en su momento para los ciudadanos, ya no se acuerdan también de Banesto ni de las Cajas, entre ellas donde ahora está el museo Thyssen, todas salvadas por el fondo de garantía salarial. Ahora llega el momento de los desprecios, ya se está viendo venir, entonces podemos comprender al desgraciado Proust, un esnob, cuando hablaba de gente cominera, educada y ficticia, que se califican unas a otra de elegantes o de faltas de elegancia. Eso es lo que ya nos queda aquí en el estilo social de empresariado que tenemos, al parecer. Cuando ya no hay recursos afectivos sólo queda la “idea” y la “sensación” como único estímulo, y todo lo ficticio y lo bandengue es muy difícil de compensar.

Publicado por: virginiawoolf19/02/11 en 12:40

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