diario 18.2.11

virginiawoolf

Estoy cansada, agotada de ver cómo nuestros camareros trabajan horas y horas, mientras las nuevas tecnologías que les facilitaría el trabajo se dedican a otras cosas, a otros manejos de la gente muy rica, y aquí como que no pasa nada, esto no puede continuar así, tenemos que aprender a hacer las cosas mejor. Lamentablemente yo veo que el panorama funciona pero con muchos sacrificios, y esto es lo que no me gusta ver y lo que me parece que tiene que cambiar, porque la gente no aguanta ese ritmo de trabajo toda la vida; sin embargo si pusiéramos las nuevas tecnologías, y se propusieran otras alternativas que ya existen, también siguiendo un talante más joven, más de propuestas alternativas, pues yo me sumaría sin duda a ellas. En Berlín se puede ser feliz, igualmente que aquí pero allí yo pienso que es mejor para la mayoría y aquí no, desgraciadamente.

A mí no me gusta la línea de Miguel Boyer prefiero la de Juan Ignacio Crespo, éste al menos dice o predice algo sobre el futuro, mientras que el otro es un estadista más y reproduce los datos; pero no ve ninguno de los problemas que pueden venir de aquí al futuro, ni siquiera se prepara o se contraviene contra ellos.

Publicado por: virginiawoolf18/02/11 en 2:40

Ni perezosos ni improductivos
La solidez de la economía española es mayor de lo que pretenden los analistas superficiales, los catastrofistas natos y los especuladores que apuestan al desastre. Los tópicos de nuestro poco trabajo y baja productividad son erróneos
MIGUEL BOYER 17/02/2011
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La gran recesión mundial, que no previeron ni la Comisión Europea, ni la OCDE -todavía a mediados de 2008 vaticinaba para España un crecimiento positivo del 1,1%, cuando la realidad resultó una caída de 3,7%-, fue afrontada por casi todos los países con estímulos de carácter keynesiano que amortiguaron sensiblemente el batacazo.

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Estereotipos extranjeros y nuestra autoflagelación llevan a análisis demasiado pesimistas

Quizá el próximo Gobierno no necesite dos años para sacarnos de la crisis, sino solo uno

La caída del PIB en España fue la segunda menor después de Francia, pero se compensó, en negativo desgraciadamente, con una brutal caída del empleo, a causa, como en Irlanda, de los excesos cometidos en la construcción.

En el año 2010 los países menos lastrados por el desplome de la construcción y del empleo tuvieron unos rebotes considerables, como resultado de los estímulos del año anterior y de la primera mitad del año: Alemania creció un 3,6%, Estados Unidos un 2,7%, Francia un 1,6% e Italia un 1%.

España no tocó fondo en 2009, ya que el Gobierno comenzó el ajuste con un recorte del consumo público, en el último trimestre de 2008, reduciendo el PIB, a costa de retrasar el fondo de la crisis hasta el primer trimestre de 2010.

En el pasado año, España tuvo una caída mínima del PIB, del -0,1% interanual, aunque los más serios analistas habían augurado caídas del -0,7% (Funcas) y del -0,6% (BBVA). En términos interanuales, el cuarto trimestre de 2010 dio ya un crecimiento positivo del 0,6% pese a las medidas de ajuste.

Para el presente año se espera una desaceleración sensible de tres de los cuatro grandes países que modulan la economía mundial. Estados Unidos pasará de crecer un 2,7% a un 2,4%, Alemania del 3,6% al 2,3% y Japón del 3,8% al 1,5%. Todo ello porque de los estímulos keynesianos, positivos en 2009 y en la primera mitad de 2010, al faltar en 2011, darán lugar a una ralentización. En el caso de Alemania, esta se deberá a una caída de las demandas interna y externa, siendo esta última su mejor estímulo, puesto que sus exportaciones representan un 46% del PIB, frente al 26% de Francia, Italia y España.

La economía española acelerará su ritmo de crecimiento unas 9 décimas, al pasar de -0,1% anterior al entorno del 0,8%. Y, en 2012, según el promedio de las previsiones de la OCDE, el FMI y la Comisión Europea, alcanzará una tasa, ya aceptable, del 1,7%, entre el 1,9% de Francia y el 1,4 de Italia. En las previsiones del FMI -hechas en noviembre pasado- para el año 2013, España, con un crecimiento en torno al 2%, estaría en la zona más alta de los ritmos del PIB, y recuperará -junto a Italia- el PIB de antes de la crisis. Quizá el próximo Gobierno no necesite dos años para “sacarnos” de la crisis como se ha dicho, sino solo uno. Sin embargo, hasta que se alcancen esas tasas próximas al 2%, es improbable que se produzca una creación neta de empleo, tanto por la lenta recuperación de la construcción, como por el crecimiento de la población activa. De los 2.700.000 trabajadores que llegaron a encontrar ocupación en el “ladrillo” y la construcción civil, un número cercano a 700.000 no volverán a encontrar puestos de trabajo en España en los años próximos. Ello mantendrá, por largo tiempo, un alto nivel de paro estructural.

La reforma laboral, en su vertiente del nuevo contrato de fomento del empleo, está dirigida a que los contratos que se generen sean estables en vez de temporales. Pero no puede sustituir al impulso de la demanda en la creación de empleo. Los detractores de la reforma intentan denigrarla “porque no crea empleo”, pero esa no es su función. Sin embargo, se está iniciando lo que esperábamos de ella: los contratos indefinidos aumentaron entre agosto y diciembre y el porcentaje de los de fomento del empleo también.

La otra vertiente de la reforma -en discusión entre los sindicatos y la CEOE- es la referente a la adaptación de las negociaciones salariales a las situaciones de las empresas, relajando la rigidez inadecuada de los convenios de rama, provinciales, etcétera. Esta parte de la reforma es vital para crear empleo y, si llega a buen puerto, será un éxito enormemente útil.

Un elemento fundamental para crear empleo ha salido a la palestra en los últimos días, toscamente, por boca de la canciller Merkel. La clave no es la relación entre los salarios y la inflación, sino la relación entre la productividad por trabajador y el salario real, esto es, el salario dividido por el deflactor del PIB. La teoría económica y una amplia experiencia de la economía española demuestran que cuando la productividad es superior al salario real crece el empleo, y si es inferior, el empleo se estanca o decrece.

Aunque son grandes las dificultades económicas que estamos soportando, por el desplome de la construcción, su repercusión financiera y la caída del empleo, mi perspectiva es optimista. La solidez de la economía española es mucho mayor de la que presentan los analistas superficiales, los catastrofistas natos y especuladores que apuestan al desastre. Es inaudito que un premio Nobel como Robert Lucas -cabeza de la escuela antikeynesiana de Estados Unidos-, visite Madrid y, en una entrevista, afirme que España tiene un PIB per cápita un 20% menor que la media de la Unión Europea, y que los españoles trabajamos pocas horas. Solo con tomarse la molestia de echar un vistazo al Statistical Annex del Eurostat o las series temporales del Conference Board, se habría enterado de que el PIB per cápita español está por encima no solo de la media de la Unión Europea, sino incluso del de Italia. Respecto a lo segundo, un ocupado español trabaja un promedio de 1.654 horas al año, prácticamente igual al promedio americano, y más que Francia (1.554), Reino Unido (1.647) y Alemania (1.390).

Las ideas preconcebidas de los extranjeros que nos colgaron la denigrante sigla de “PIGS” y la tendencia castiza al pesimismo y a la autoflagelación, dan por supuesto que el Gobierno español no ha hecho los deberes y, además, que los ciudadanos somos poco productivos. Pero la realidad fue que tuvimos superávit de las cuentas públicas antes de la crisis, cuando la media de la eurozona estaba en negativo. Entramos en la crisis con la menor deuda pública (53%), frente al 73% de Alemania, el 78% de Francia y el 116% de Italia. Gracias a esa menor deuda, a pesar de la injusta subida de las primas de riesgo, el coste que pagamos en 2010 fue solo el 2% del PIB, frente al 2,4% de Alemania, el 2,6% de Francia y el 4,6% de Italia.

El tópico de la baja productividad de los trabajadores españoles es una generalización errónea del estancamiento que esta tuvo en el periodo entre 1996 y 2002, dominado por la inmigración masiva y la ocupación en el inmobiliario. Pero el crecimiento del PIB por ocupado español fue más rápido que el de Alemania y el de Italia entre 1982-1993 y, de nuevo, entre 2004 y 2009. Y, en 2009, la productividad por ocupado española, estaba entre el de Alemania y el de Italia. En 2010, la productividad por asalariado fue del 2,4% en el conjunto de la economía y del 6,6% en la industria.

Si no fuera así, habría sido imposible el notable crecimiento de nuestras exportaciones, que fue en promedio del 5,4% entre 19981-1990 (igual que el de Alemania), del 10% en 1991-2000 (Alemania 6,4), y del 2,5% en 2001-2010, inferior al de Alemania (5,2%), pero superior a la media de la Eurozona (2,2%).

Es cierto que el hundimiento de la construcción es una losa que nos hace lento y penoso el camino, pero cuando en 2013 se recupere el nivel del PIB de 2008, comenzará un impulso nuevo y más sano, que demostrará que el dinamismo de la economía española no descansaba tanto como se creía en el ladrillo, sino en los servicios y la industria.

Miguel Boyer fue ministro de Economía y Hacienda entre 1982 y 1985.

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La guerra del euro no tendrá lugar (ARI)
Juan Ignacio Crespo
ARI 29/2011 – 09/02/2011
Tema: La presión que los mercados están ejerciendo sobre la zona euro está impulsando el proceso de integración europea.
Resumen: La agitada vida que los mercados dieron a la zona euro durante el año 2010 podría reavivarse en algún momento de 2011, aunque es poco probable que eso ponga en peligro la existencia de la moneda única. No debe confundirse debilidad del euro o amenazas a su integridad con peligro de extinción. Tampoco hay que concluir que un año agitado haya impedido el avance en la construcción europea. Todo lo contrario: por ahora no ha hecho más que impulsarla.

Análisis: Hace justo un año que la estructura de la zona euro comenzó a temblar: se habría de pasar temblando casi todo 2010. Finalizando ya el año, e impresionados por un terremoto de semejante magnitud, hay quienes concluyeron que la construcción europea llevaba 10 años sin avanzar nada. ¡Lástima! Bajo su radar se había colado una gran transformación: en menos de 12 meses había nacido un embrión de agencia de deuda europea que, bajo el nombre de Fondo Europeo de Estabilidad Financiera o European Financial Stabilty Facility (EFSF), podía endeudarse por una cantidad de hasta 440.000 millones de euros. Por no hablar del primer gran ejercicio de ayuda intra-europea frente a la adversidad que fue el rescate de Grecia primero y de Irlanda más tarde. O el que el Banco Central Europeo se decidiera a comprar en el mercado secundario (donde cotizan las emisiones de deuda ya en circulación) bonos emitidos por el sector público de los países más débiles de la eurozona.

Si a todo eso le añadimos que en mitad de la tormenta se mantuvieron abiertas las líneas de comunicación entre los gobiernos más directamente afectados y la Comisión Europea, se superaron los malentendidos y las declaraciones desafortunadas, se efectuaron reformas que –para bien o para mal– avanzaban en la coordinación de las políticas o se estableció claramente el principio de que hablar del Euro es hablar del proyecto europeo (y todo ello entre marzo y diciembre de 2010), la conclusión es bastante evidente: el saldo de la crisis, por lo que a las instituciones se refiere, resulta, por ahora, extremadamente positivo. Y más si se recuerda que durante buena parte del año 2010 la opinión que parecía prevalecer era la de que se acercaba otra recesión, lo que haría double dip en EEUU, que existía un peligro agudo de deflación y que Alemania ya no estaba interesada en el proyecto europeo, lo que alentaba la sensación de sálvese quien pueda.

La guerra del euro “n’ aura pas lieu”
Una de las confusiones más comunes a lo largo del año 2010 fue la que identificaba la “debilidad del euro” con la “crisis del euro” (y la que, a su vez, confundía ésta con la amenaza a la “integridad del euro”).

Sin embargo, sin más que mirar la evolución de la moneda común desde su creación en enero de 1999, podía identificarse un período que va desde ese momento hasta comienzos de 2004 (es decir, un período de cinco años completos, que representan el 41% de su existencia) en el que el euro había estado mucho más débil frente al dólar de lo que lo estuvo en ningún momento de 2010.

Lo que se consideraban “ataques contra el euro” no eran más que oleadas de ventas de los bonos y obligaciones denominados en euros emitidos por los Estados de la euro zona que en ese momento estaban con un mayor nivel de deuda expresado como porcentaje de su PIB; o con déficits públicos imposibles de mantener por más tiempo; o con problemas de crecimiento económico que hacían surgir la duda sobre la generación de recursos para pagar la deuda. En una segunda fase, las dudas se centrarían en la solvencia de los sistemas bancarios de alguno de esos países. Entretanto, la cotización del euro frente al dólar se movió en el mismo intervalo en el que había cotizado de 2004 a 2009.

La comunicación en dos velocidades
Durante el año 2010 se volvió a utilizar una expresión propia de la mitad de la década de los 90: la de la euro zona de dos velocidades con la que tradicionalmente se suele oponer el núcleo y la periferia. Coincidiendo con ello, lo que se estaba desplegando era un proceso de doble velocidad que oponía a políticos y medios de comunicación: los primeros con su ritmo consustancialmente lento en la toma de decisiones y los segundos con la velocidad vertiginosa a que les fuerza el intento de tener cosas interesantes que comunicar a sus lectores (algo que, si en el pasado y para los periódicos era una tensión diaria, y para las televisiones intra-diaria, en la actualidad se ha transformado para todos en tensión on-line o permanente). Esto hace que ese ritmo pausado y lento que exigen la deliberación y la toma de decisiones parezca una falta de proyecto, cuando no incompetencia o desidia.

Y es que ese ritmo acelerado que los medios de comunicación tan bien reflejan, no es solo emanación de su propia necesidad de mantener la atención de lectores, espectadores o internautas, sino que es reflejo de la velocidad con que los acontecimientos se suceden en los mercados de capitales, donde los últimos desarrollos tecnológicos han permitido reducir fuertemente la latencia de los sistemas y conseguir el trading o compraventa instantánea.

El abismo puede esperar
Sin negar que en ocasiones pueda haber una dosis de cada uno de los defectos que imaginarse pueda, lo cierto es que las decisiones por parte de los gobiernos europeos se han ido tomando en los momentos adecuados; casi siempre, al borde del abismo, aunque con la conciencia de que si los acuerdos no se hubieran alcanzado en cada una de esas ocasiones, habría habido una cumbre posterior (también al borde del abismo) en la que sí se hubiera conseguido el objetivo.

Es verdad que con cada nuevo aplazamiento de las decisiones adecuadas se complicaba más la solución del problema y se encarecía le deuda que habría de emitir cada uno de los países afectados, pero también es cierto que los cambios no suelen producirse hasta que las cosas están maduras y que las viejas estructuras no suelen desaparecer hasta que se hace evidente cuáles serán las nuevas. Sin olvidar que el retraso en la toma de alguna de las decisiones fue también una manera, buscada o no, de hacer ver a los gobiernos de los países con problemas cuáles eran las medidas que tenían que adoptar, por lo que ese retraso terminaba por convertirse en uno de los parámetros de la ecuación que había que resolver.

Aunque la crisis comenzó en los primeros días de febrero de 2010 (cuando se produce la primera caída significativa de las Bolsas europeas), los momentos más agudos se dieron a finales de abril y principios de mayo (con el cuádruple efecto de que se rescatara a Grecia, se creara el EFSF, el BCE iniciara la compra de deuda pública y se forzara al gobierno español a realizar ajustes en el gasto público) y a finales de noviembre (rescate de Irlanda). Pasaron, pues, tres meses entre el planteamiento claro de los problemas y su primer desenlace y casi siete meses más hasta que Irlanda fue rescatada.

Es curioso constatar que ese ritmo con el que la crisis de 2010 alcanzó sus dos momentos de apogeo recuerda extraordinariamente el calendario de la crisis del sistema monetario europeo (SME) en 1992-1993. Entonces, los temblores se iniciaron con motivo del rechazo en referéndum del Tratado de Maastricht por Dinamarca (junio de 1992) y alcanzaron su primer rapto de paroxismo en septiembre del mismo año (tres meses después) cuando el Reino Unido e Italia abandonaron el SME y se produjo una devaluación de la peseta y otras monedas. Después, tras unos meses de relativa calma, vendría otro nuevo brote agudo de inestabilidad en abril-mayo de 1993 (siete meses después) que culminó, entre otras cosas, con dos devaluaciones sucesivas de la peseta y una intensa sensación de caos que la coincidencia con una campaña para las elecciones generales no hacía más que intensificar.

Tres meses después (agosto de 1993) vino aún un momento menos espectacular pero en realidad más crítico: nuevas devaluaciones y la ampliación de las bandas de oscilación para la cotización cruzada de las monedas del SME (hasta alcanzar un margen del 15% en algunos casos). Ni que decir tiene que en ese momento se entonaron los cantos funerales del SME y se dio por liquidado el proyecto. Sin embargo, ¡ale hop!, poco más de cinco años después nacía el Euro como culminación de ese proyecto.

Ahora, y tras ver el paralelismo entre lo que ha sucedido recientemente y lo que pasó entre junio de 1992 y mayo de 1993, solo queda preguntarse si el paralelismo va a ser completo y si a la crisis de la euro zona le queda aún por pasar una gran prueba en la que todo estará “al borde del abismo” de nuevo y tras la que el gran proyecto europeo quedará desahuciado y afianzado a la vez. Y si los ritmos del calendario serán de nuevo los mismos, lo que situaría ese rebrote a tres meses del anterior, es decir alrededor de marzo de este año.

A un gran proyecto federal corresponde un Tesoro único
Sin recurrir al leguaje tremendo-colorista que tan bien ridiculizaron algunos de nuestros clásicos (ya fueran el objeto de sus invectivas culteranos o románticos) en lo que sí parece que hay acuerdo es en que estamos asistiendo a la gran prueba de fuego del proyecto de la moneda única y del propio proyecto de unión europea. Y, como en todas las pruebas de fuego, una alternativa fértil puede consistir en iniciar una huída hacia delante que acelere los procesos y culmine alcanzando unos objetivos que hasta poco parecían imposibles.

Eso es lo que parece haber ocurrido con la euro zona hasta ahora y eso es lo que podría seguir sucediendo. Al menos las bases para una aceleración de los procesos están puestas, basadas en principios que la práctica ha convertido en guías:

Dinero por soberanía. No es la primera vez en la historia, ni será la última, que en situaciones complicadas los países aceptan desde una interferencia hasta una cesión total de su soberanía a cambio de ayuda económica. Lo han hecho todos los países que han recibido ayuda del FMI (entre ellos el Reino Unido en los años 1977-1978, en que recibió ayuda del FMI y del BIS) y lo hizo Terranova antes de su integración definitiva en Canadá. En una manera mucho menos llamativa lo han venido haciendo todos los países de la UE y, de entre ellos y en mayor grado, los que renunciaron a su moneda y a su banco central.
Creación del embrión de una Agencia Europea de la Deuda. Pues no otra cosa parece que puede terminar siendo el EFSF o Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. Aunque hoy por hoy parezca lejano (y aunque su función por ahora se limite a captar recursos con los que ayudar a los países en dificultades) ya se está discutiendo que tenga una función algo más versátil: que en vez de emitir solamente, avale las emisiones de esos países, que ayude a abaratar la deuda de Grecia por la vía de emitir por un volumen mayor de lo inicialmente previsto y haga nuevos préstamos a Grecia con los que ésta pueda comprar en el mercado su propia deuda que cotiza con enormes descuentos por debajo de la par (o sea, por debajo del 100% del principal).
Actuación del BCE en los mercados de deuda. El no hacerlo colocaba al área euro en una situación de inferioridad frente a lo que es un recurso habitual del Banco de Inglaterra, la Reserva Federal de EEUU o el Banco de Japón. Aunque esa intervención no haya llegado tan lejos, que se sepa, como para vender protección sobre deuda pública europea utilizando el mercado de CDS (Credit Default Swaps). Este último recurso, además de permitirle utilizar el apalancamiento que permiten los derivados (apalancamiento usado sin complejos por otros miembros del mercado), le proporcionaría los ingresos propios de una prima de seguros. En realidad este uso del CDS podría hacerlo también el Fondo Europeo de Estabilidad: vender el CDS de la deuda pública de un país es una de las maneras posibles de avalar esa deuda.
“Solidaridad bien entendida”. No es otra cosa lo que están haciendo Alemania y Francia, prestando sus recursos y su rating a este EFSF y exigiendo en contraprestación la adopción de medidas de rigor fiscal, algo que no es bien recibido en los países afectados pero que a uno o dos años vista era inevitable: aunque sobra ahorro mundial para financiar los déficit de los gobiernos, nadie que no sea EEUU puede esperar que le financien un déficit enorme de manera sostenida (en el caso español eso se traduce en decir que nadie puede mantenerse durante más de uno o dos años gastando el doble de lo que ingresa).
Coordinación de las políticas económicas y fiscales. Los momentos de crisis económica son los que permiten avanzar en esta dirección, pues aunque sería mucho más cómodo hacerlo en los períodos de prosperidad, que dan mucho mayor margen de actuación, es muy difícil que ningún gobierno quiera asumir el coste político de “retirar el ponche en mitad de la fiesta”. Quien tenga dudas sobre esto solo tiene que recordar que tanto en España como en los demás países con una burbuja inmobiliaria, todo el mundo era consciente de lo insostenible de esa tendencia, pero nadie hizo nada por amortiguarla.
La convergencia en la productividad, que parecía en los años 90 una base imprescindible para la construcción de la moneda única, vuelve ahora “con una venganza”, como dicen los anglosajones. Cualquiera que sea la opinión que se tiene sobre la propuesta, no cabe duda de que como tal, o en alguna variante moderada, reforzaría las bases del sistema y haría al conjunto más competitivo frente al exterior (con una reserva aquí: hay países, como España, cuya competitividad exterior está siendo habitualmente infravalorada; la prueba del nueve de esta afirmación es la buena marcha de las exportaciones).
Y, en fin, un Tesoro Único Europeo. Tras lo sucedido en el año 2010, incluso la posibilidad de crear un Tesoro Único Europeo ya no parece un objetivo lejano y falto totalmente de realismo. En realidad, la creación del EFSF también supone haber dado un paso importante en esa dirección ya que la Agencia Europea de la Deuda y el Tesoro Único podrían crearse como instituciones separadas o unidas en la misma institución. Cuando se habla de crear un mecanismo de rescate que sustituya al EFSF a partir de 2013, con reglas mucho más claras y con una potencia financiera mucho mayor, en realidad se está hablando de un mecanismo federal que, adopte el nombre que adopte y sean cuales sean las funciones que se le atribuyan, estará ejerciendo funciones propias de un Tesoro Único. Cómo de lejos se llegue en la atribución de esas funciones dependerá del momento político y, sobre todo, de la presión que ejerzan sobre Europa los llamados “vigilantes de los bonos”, esa figura difusa a la que un asesor de Bill Clinton atribuía la capacidad de intimidar a todo el mundo.
La necesidad del Tesoro Único/Agencia Europea de la Deuda se hará mucho más evidente en uno de esos momentos de intimidación, cuando se comprenda que uno de las barreras de defensa frente a los movimientos especulativos es que Europa no esté fraccionada en pequeños mercados nacionales de deuda en los que es mucho más fácil mover los precios por resultar menos líquidos. Un mercado unificado de deuda pública europea tendría el mismo orden de magnitud que el de EEUU (alrededor de 9 billones de dólares) y competiría con este en términos de profundidad y liquidez lo que, además, consolidaría al euro como moneda de reserva global en un momento como este de dudas sobre la sostenibilidad de los déficit norteamericanos. Y para que ningún país (Alemania o Francia) pudiera quejarse de que se encarece su financiación por esa vía, el Tesoro Único podría ceder los fondos captados a coste diferente para países diferentes, fijándose ese coste en función del que históricamente haya tenido la deuda de cada cual, del rating del momento o de ambas cosas a la vez.

Bancos, inmuebles y Europa del Este
El período de inestabilidad que está viviendo la economía mundial tiene aún entre cinco y 10 años por delante. Hay que pensar que los problemas irán viniendo por tandas: materias primas, inestabilidad en Oriente Medio, burbuja inmobiliaria en China, subidas de tipos de interés… Pero hay uno, además, que asombrosamente está aparcado desde hace dos años: el riesgo que tienen los bancos europeos y norteamericanos con Europa del Este. Para cuando los mercados fijen su vista en este tema, la UE debería tener previsto un mecanismo de intervención. Y aquí es donde el Fondo de Estabilidad puede terminar convirtiéndose en organismo multitarea (aunque pueda dividirse en tres organismos con funciones diferentes: Tesoro Único, Agencia Europea de la Deuda y “Fondo de Reestructuración”) ya que Europa carece de los organismos de apoyo de que gozan EEUU o China, llámense Empresas Patrocinadas por el Gobierno (Fannie Mae, Freddie Mac, etc.) o Empresas de Gestión de Activos.

Conclusiones: Las dificultades del año 2010 han sido una pesadilla para los países de la euro zona. Si no hay un milagro de por medio, la mal llamada crisis del euro podría haber resultado ser una bendición que nos permitiera prepararnos para momentos más difíciles. En realidad, sólo habría sido el ensayo general de algo mucho más complicado, aún por venir.

Juan Ignacio Crespo
Estadístico del Estado en excedencia y actualmente director en Thomson Reuters

 

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Esos falsos independientes, de Xavier Vidal-Folch en El País

¿Nos lo dicen o nos lo cuentan? Los bancos centrales deben ser independientes, según el modelo alemán ya implantado urbi et orbi. Bien decía Delors que “no todos los alemanes creen en Dios, pero todos creen en la Bundesbank”. Por igual patrón, el Banco Central Europeo (BCE) “será independiente en el ejercicio de sus competencias” (artículo 282 del TFUE).

Primer acto. El presidente del Buba, el halcón Axel Weber, dimitió el viernes de su cargo… tras reunirse con la canciller. Merkel le fulminó porque Weber no quería suceder a Jean-Claude Trichet al frente del BCE, el designio de Angela para aparentar más dureza ante sus electores.

La prensa más proclive a la independencia (teórica), lamentó el fracaso de poner en el BCE a un dependiente de la canciller. “Caos”, retrató el Die Welt; “farsa”, lamentó el Frankfurter; esto es “un campo de ruinas”, lloró elHandelsblatt.

Segundo acto. El Gobierno alemán nombró ayer como sucesor de Weber al asesor económico personal de Merkel, Jens Weidmann, un economista, eso sí, respetado. ¿Independencia? Hasta hoy menudeaban los gobernadores de bancos centrales, en Alemania, España o Francia, con un pasado de directores generales del Tesoro o de secretarios de Estado de Economía. Tiene su lógica, deben saber qué llevan entre manos, ostentar capacidad técnica aunque hayan hecho política: en cargos más bien técnicos. Esto de ayer es diferente. Esto es poner de presidente de tu banco central a tu mayordomo. ¿Independencia?

Trichet gustará o no, pero ha hecho gala de criterio propio. Cuando en 2004 Chirac, Schröder y Berlusconi exigían que bajase los tipos de interés, no les hizo caso. El pasado otoño se enfrentó a Sarkozy, criticando que la banca privada copague bancarrotas de un Estado.

Los falsos independientes propagan, obcecados, que el BCE y su política monetaria solo deben atajar la inflación. No es así. Por ley también deben “apoyo a la política económica general de la Unión” (Art. 119 TFUE), “tendente al pleno empleo y al progreso social” (Art. 2 TUE).

Los falsos independientes suelen ser también falsos liberales. Para ellos, el liberalismo bien entendido empieza no por uno mismo, sino por el vecino. Creen en aquella momia del consenso de Washington y en el despido casi obligatorio.

Pero no en casa. El BCE ha sustituido las tareas clave de los bancos centrales, salvo la de supervisión de la banca privada. Y lo hace con solo 1.563 empleados (2.009). El Banco de Francia tiene 12.746; el Bundesbank, 9.822; el Banco de Italia, 7.523; el de España, 2.745: ¿para qué? Despidan más, hombre, despidan más.

 

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