china a otro nivel

virginiawoolf
La eclosión china.-Los chinos tienen fama de ser los mejores negociadores del mundo y su espectacular crecimiento económico desde 1978 respalda esa suposición. A la cual contribuye el hecho de que generalmente estudian las operaciones con mucha mayor profundidad que los negociadores occidentales, analizando todas las opciones posibles, para distinguir bien entre lo fundamental y lo accesorio.
Lo primero de todo es asimilar el concepto de “bu daitou” que refleja una actitud de prudencia, explicable por el hecho de que la legislación y los reglamentos son en general poco claros y vagos, y por ello mismo no es recomendable ser el primero en entrar en un mundo tan farragoso. Por ello se adopta la actitud de esperar y ver (el wait and see de los anglosajones) antes de lanzarse. Conducta que incluye la de copiar a los que tienen éxito antes de arriesgarse a ser los primeros en equivocarse. 

Ha de tenerse en cuenta, además, que los chinos han aprendido a dar la respuesta más corta posible a cualquier tema, sin acercarse de inmediato al detalle o a pronunciamientos definitivos, simplemente para evitarse cualquier clase de complicaciones preliminares. Así, cuando contestan “bu xing”, quieren decir que el tema de que se trate es imposible, o que por lo menos, de momento, no puede hacerse gran cosa. Pudiendo ser las razones de esa imposibilidad infinitas. Pero, en general, lo que se da a entender es que si se pusiera mucho empeño sí podría llegarse a un acuerdo, pero que tal vez no merezca la pena por el trabajo que podría costar. Así de sencillo y de complicado.

Por otra parte, una de las frases más escuchadas en China, “bu zai”, quiere decir que la persona a quien se desea ver no está disponible. Pero la expresión tiene otros significados, como que la persona que se quiere ver está pero no desea encontrarse con su visitante; o que el individuo en cuestión ya no trabaja en el lugar, sin que eso resulte tan seguro.

“Bu zhi dao” es otra frase habitual. Básicamente viene a significar algo asi como que “no tengo ni idea de lo que me está preguntando”, dentro de una decidida actitud de eludir cualquier clase de responsabilidades, Otras traducciones posibles: “no tengo tiempo de hacer lo que usted me pide; o “ya es muy tarde para hacer nada”; o “no es de mi competencia”; o “no es apropiado que usted me pida eso”.

Básicamente cabe decir que la estrategia negociadora de los chinos se fundamenta en dos obras clásicas de su literatura: “El arte de la guerra” y “El arte secreto de la guerra: las 36 estratagemas”. La primera, escrita por Sun Tzu, ha guiado a militares y generales chinos a la victoria en innumerables guerras y batallas desde hace más de veinte siglos. En la segunda -de autor desconocido, con data probable en el siglo XVII-, se proporcionan 36 tácticas, engaños y subterfugios, divididos en seis grupos: los tres primeros pensados para situaciones en las que se tiene ventaja, y los otros tres para cuando se está en desventaja.
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Por lo demás, existen tres categorías de normas o principios que guían la negociación para los chinos. La primera corresponde a las pautas de comportamiento, incluyendo el autocontrol y la contención de las emociones; pues todo se relaciona con ritos como los propios de la buena educación, debiendo excluirse las técnicas de persuasión agresivas.

La segunda categoría se refiere a las normas vinculadas a las obligaciones sociales, que se concretan poniendo énfasis en los objetivos del grupo negociador (que siempre son prioritarios a los objetivos individuales) y se relacionan con el liderazgo (deferencia al jefe de grupo) y con la preocupación por los costes, lo cual requiere reciprocidad.

En tercer lugar aparecen las normas relacionadas con la distinción de quién está dentro y fuera del grupo, cuestión importante para evitar confusiones e inconvenientes.

No puede descartarse la influencia del confucianismo, del budismo y del taoísmo que impregna las formas de pensar y actuar de la cultura china.
El súbito desarrollo económico que parecía surgir de la nada se debía a la subyacente cultura confuciana en términos de valoración del trabajo, de la educación, solidaridad familiar, el confucianismo pasó de ser un freno para el crecimiento económico a convertirse en impulsor de un desarrollo específicamente chino.

El budismo estaba subyacente también en la mentalidad china, en particular la noción de trabajo por el que no se espera una recompensa terrenal junto con el concepto del devenir como algo esencial de la realidad, así como la necesidad de asumirlo, puesto que nada es permanente.

Por último el taoísmo aporta la agilidad y la flexibilidad indispensables en el sistema capitalista al postular que toda afirmación contiene en sí misma su propia contradicción. En ese sentido, si “todo chino lleva en su cabeza una cuenta de explotación”, según expresión popular consagrada, tal cosa no es una característica genética, sino el resultado de unos valores adquiridos, y que al presente hace posible el éxito económico en un universo capitalista.
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Estoy citando a Ramón Tamames en su libro “El siglo de China”, 2008, estos párrafos, que no son precisamente de economía pura y dura, pero que dan a entender algo importante de lo que es China también, por este autor que la conoce bien.

También he encontrado una referencia a un artículo de El economista observador, de marzo de 2010, donde allí se insistía en que: “si hay inestabilidad política o se rompe el circuito virtuoso de financiación masiva y barata para las empresas, China tendría serios problemas.” Pero al final se le concedía el papel de “avión de buena veocidad de crucero”. Y por lo demás, este artículo es excelente, el de hoy.

Por último voy a citar a Cioran, es que es muy lúcido esta vez también:
” China y Egipto gozaron durante milenios de una magnífica esclerosis, igual que las sociedades africanas, ahora también amenazadas por haber adoptado otro ritmo tras su contacto con Occidente. Habiendo perdido el monopolio del anquilosamiento, se agitan cada vez más, e inevitablemente van a venirse abajo como sus modelos, como esas civilizaciones febriles incapaces de resistir más de una decena de siglos. Los pueblos que en el futuro accedan a la hegemonía la disfrutarán menos tiempo aún: una historia jadeante ha sustituido de modo inexorable a la historia al ralenti. ¡Cómo no echar de menos a los faraones y a sus colegas chinos!” “China, dilatándose durante milenios en la flor de su vejez, propone el único ejemplo a seguir; sólo ella ha llegado también desde hace mucho a una sabiduría refinada, superior a la filosofía: el taoísmo supera todo lo que el espíritu ha concebido en el plano del desapego. “
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A mí me gusta por ejemplo mucho el I-Ching, y ellos no se cansan a pesar de que se les ve trabajando, y es porque yo pienso que todo lo hacen jugando, de algún modo, su mente está siempre jugando. Pero ahora lo que tienen en frente es una carrera de resistencia más que nada, y tienen que asumir responsabilidades de mando, y ahí es dónde tienen que asumir su nueva madurez, si saben hacer esto, pues del mismo modo que saben manipular su divisa, pues conseguirán estar en ese mundo del liderazgo y de las grandes responsabilidades.

Publicado por: virginiawoolf21/01/11 en 20:44

 

Esto es lo que dice el Economista Observador:

 

Los chinos manipulan descaradamente su tipo de cambio para favorecer la reducción de la pobreza vía desarrollo industrial y exportaciones. Además manipulan los tipos de interés y la cantidad de crédito lo cual en un mundo en el que las empresas de los países desarrollados, especialmente las pymes, tienen muchos problemas de racionamiento de crédito supone un dumping financiero brutal. Pero siempre se habla del dumping social y la escasa protección de los trabajadores chinos. Éste último es cierto pero es la única forma de salir de la pobreza. Un viejo modelo de Heckscher-Ohlin dos economistas suecos, los países se especializan en bienes y servicios en función de sus dotaciones de factores. Para exportar bienes intensivos en capital hace falta haber acumulado antes el capital y esos procesos son lentos. Por eso todos los países comienzan su gran salto exportando bienes intensivos en trabajo aprovechando sus bajos salarios. Luego, los que tienen éxito, consiguen aumentar la productividad por trabajador y eso les permite aumentar su renta por habitante y sus salarios. Parte de la renta se invierte en capital y al final acaban siendo sociedades complejas donde exportan capital físico y sobre todo capital humano lo cual permite hacerlo a salarios más elevados. EEUU tuvo una estrategia de desarrollo similar en el siglo XIX pero nadie se acuerdo de aquello.

El problema es que el ciudadano medio americano no sabe que sus tasas de ahorro y su presión fiscal no son suficientes para pagar sus importaciones y que el Gobierno chino, gracias a la manipulación del tipo de cambio, ha acumulado 2.7 billones de dólares en reserva y se dice que el 80% están invertidas en activos americanos, la mitad en deuda pública y la mitad en privada, por lo que Hu es el principal banquero de EEUU.

¿Cómo ha visto este economista observador la visita de Hu a Washington? Me ha recordado a la berrea en la que los ciervos luchan y hacen mucho ruido pero ninguno suele acabar herido. La cornamenta entrelazada está diseñada para que al luchar los cuernos no acaben clavándose en el cuerpo del rival como si lo hace el del toro bravo o el del rinoceronte. Los dos se juegan mucho en la relación, los dos luchan en muchas zonas del mundo con el control del tablero mundial y los dos seguirán haciendo ruido pero sin hacerse mucho daño, lo cual favorecerá que la economía americana salga del hoyo gracias en parte al fuerte tirón de las exportaciones a China que se observan en el gráfico desde 2009. Los chinos irán apreciando su tipo de cambio gradualmente y la gran duda es como irán reduciendo su elevada exposición de sus reservas con EEUU sin provocar una crisis del dólar. Esto último es lo más complicado de conseguir, pero los chinos llevan treinta años con la economía al límite y aún no han descarrilado ni una vez, lo cual no es casual y demuestra mucha destreza en la gestión de su política económica. El problema es que los desequilibrios económicos siempre duran más de lo que pensamos los economistas pero luego siempre acaban corrigiéndose de manera más brusca de lo esperado.

 

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