enmascaramiento de personalidades

virginiawoolf:
18 Enero 2011 a las 5:30 pm

yo también veo esto de las personalidades como máscaras, hace unos minutos le escribía a un amigo que me decía que él era tímido, pero yo le decía que a mí me parecía que su verdadera personalidad tendía a la dispersión o expansión, a los sistemas de valores generales. Entonces la timidez era un efecto que había desarrollado a posteriori para contrarrestar esto otro. Sí, porque podía sentir un sentimiento de culpa en exceso, por su necesidad grande de afecto o de expansión.

bueno, un saludo, y un gran artículo.

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Dejo aquí un texto también de Jean Baudrillard:

“Se dice que hay siempre un instante que captar, en el cual el ser más banal, o más enmascarado, muestra su identidad secreta. Pero lo que es interesante es su alteridad secreta. Y más bien que buscar la identidad tras la máscara, hay que buscar la máscara tras la identidad, —la figura que nos posee y nos desvía de nuestra identidad— la divinidad enmascarada que efectivamente habita a cada uno de nosotros por un instante, por un día, o a uno por otro.

Para los objetos, los salvajes, las bestias, los primitivos, la alteridad es segura, la singularidad es segura. Una bestia no tiene identidad y sin embargo no está alienada —es extraña a sí misma y a sus propias miras—. De improviso adquiere la fascinación de los seres extraños a su propia imagen, que gozan a través de ella de una familiaridad orgánica con el propio cuerpo y con todos los demás. Si se reencuentra esta connivencia y esta extrañeza al mismo tiempo, entonces nos acercamos a la cualidad poética de la alteridad —la del sueño y del sueño paradójico, la identidad que se confunde con el sueño profundo—.

Los objetos, como los primitivos, tienen una grandeza fotogénica anticipada respecto a nosotros. Liberados de golpe de la psicología y de la introspección, conservan toda su seducción frente al objetivo.

Liberados de la representación, conservan toda su presencia. Para el sujeto es mucho menos cierto. Por eso—¿es el precio de su inteligencia, o el signo de su estupidez?— el sujeto a menudo consigue, a costa de esfuerzos inauditos, renegar de su alteridad y existir sólo en los límites de su identidad.

Lo que necesitamos, por tanto, es volverlo un poco más enigmático a sí mismo, y volver a los seres humanos en general un poco más extraños (o extranjeros) los unos a los otros. No se trata de tomarlos por sujetos, sino de hacerlos ser objetos, hacerlos ser otros —es decir, tomarlos por lo que son.”

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Este texto es de Eduard Punset:

“El cerebro nos engaña para que no nos hagamos preguntas innecesarias ni demos pábulo a la ansiedad: cuando la Luna está cerca del horizonte con una montaña al fondo, se está moviendo en un entorno familiar para el observador y no conviene que aparente un tamaño demasiado distinto.

Cuando está en medio del firmamento a lo lejos, no importa que denote un tamaño más pequeño; lo más similar a ella son pequeñas estrellas que tiene al lado. La Luna sigue teniendo las mismas dimensiones que tenía, pero aparenta ser netamente más pequeña para que estemos tranquilos.

Si el cerebro nos engaña sobre el tamaño de algo tan lejano como la Luna, imaginemos las barrabasadas que debe hacer para que estemos tranquilos sobre cómo somos por dentro. Millones de personas se han torturado a sí mismas o torturado a los demás a lo largo de la evolución preguntándose: “¿Se han fiado de mí?”, “¿doy la impresión adecuada de lo que yo debiera ser o se trasluce cómo soy en realidad?”, “¿cómo debo actuar para dar la impresión de que mis decisiones son racionales?”, “¿es mejor postergar el placer en esta ocasión para que mi interlocutor no crea que tiene una presa fácil?”.

Todo el mundo cree que se conoce tan bien a sí mismo que puede comportarse con relativa facilidad como si, efectivamente, se conociera a sí mismo. Nada más lejos de la realidad.”

“Todo eso para recordar que el cerebro, además de no querernos atormentar, se equivoca, a menudo, haciéndonos creer lo opuesto de lo que luego resulta ser. Sin salirnos del ámbito de la salud, recordemos que durante generaciones la anchura de las caderas era un signo de fecundidad; ahora se sabe que ese índice depende de la anchura de la pelvis y la intensidad de las contracciones durante el parto.”

Tienen razón las personas convencidas de que los demás no tienen ni idea de quiénes son. Ellas o ellos, tampoco. En las discotecas los adolescentes, en cambio, cuando se podía fumar todavía, se dirigían a la persona del sexo opuesto que les gustaba, con el cigarrillo en la mano, interpelándola así: “¿Quieres rollo?”. No se habían visto nunca, pero se conocían de sobra. Se fijaban en el nivel de fluctuaciones asimétricas y en su lenguaje corporal; la ciencia ha comprobado muchos años después que, efectivamente, la salud física constituye un elemento básico de la salud mental.

Cuanto más pequeña era la gente de mi generación, más dioptrías tenía, más rictus de persona ausente y despistada mostraba, más cantado estaba, entonces, que era mucho más inteligente que la modelo apuesta o el joven fornido. Pues bien, la fisiología moderna y la psiquiatría sugieren exactamente lo contrario: la salud física es el primer requisito y a menudo indispensable de una buena salud mental.”

Engañar a la naturaleza, el reflejo de la limerencia en las etapas del amor:

yo creo que el quid de la cuestión está en ese momento, Elsa, en que tú dices que nos sentimos libres pero están a punto de echarnos la soga al cuello, ese momento es muy sutil y es verdad, ahí está todo lo que puede hacer que la relación continúe o se tambalee para siempre, se necesita a veces más que un acto de fe, Elsa.

Y yo soy de las que aplauden esta entrada como la que más, pero es cierto que ese momento en que la mujer sospecha que tiene que hacer como que no ata a la otra persona, que va a respetar su libertad personal, que va a tomar un acto de conciencia para poder dejar al otro su libertad, al mismo tiempo que nosotras nos valoramos a nosotras mismas y no consentimos el atropello ni el menosprecio del otro que parece quiere cambiarnos por otras cosas u otros temas, tenemos que hacer un esfuerzo grande de tolerancia.

Y aunque es verdad que la naturaleza sólo quiere que se reproduzca un ejemplar más de la especie, realmente no es necesario ni que se forme un nido, porque sólo con las hormonas de la madre ya todas alteradas en forma de protección al nuevo ser ya tiene la naturaleza casi bastante para trazar su pequeño destino.

Y esa es la cuestión que nosotros tampoco hacemos nada por engañar a la naturaleza. Yo creo que muchas parejas no se romperían si tuviéramos un profundo sentido de ese amor que también puede dejar libre al otro y estimarlo en la distancia, porque nosotras a la vez también tenemos que ocupar nuestro propio destino, tener una dimensión que ocupe la amistad, el trabajo, como decía el psiquiatra Rojas Marcos, no podemos esperar obtener toda la felicidad de la pareja hay que saber diversificar, y como tú misma has dicho muchas veces aquí, que tenemos unas expectativas muy altas de la vida de pareja, y claro terminamos por destruir algo a lo que no hemos dejado o dado la capacidad de volar por sí mismo.

Yo sigo pensando sí eso que tú dices que hay que educar desde las escuelas en educación afectiva.

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Dejo aquí un texto del oráculo que aparece en el frontispicio de Delfos: “Conócete a ti mismo”, es sobre ética griega, sabido es que los sofistas se le atribuye un caracter engañoso, pero Platón atribuye a la dialéctica un carácter esencialista y a los sofistas una cualidad también en ese método meyéutico de encontrar la verdad. El texto pertenece a Victoria Camps:

“Que los sofistas hayan pasado a la historia como los adalides de la argumentación engañosa y falaz es sólo consecuencia de la mala prensa que adquirieron por causa de la condena generalizada que de la sofística y de sus métodos basados en la retórica hace Platón. Pues a Platón le interesa señalar el contraste entre una concepción esencialista e intelectualista del bien y de la virtud, que atribuye a los sofistas. Así, la ética socrática podríamos decir que deriva de la máxima: “Conócete a ti mismo”.
A saber: sólo el que aprende a conocerse sabrá lo que es bueno para él. Si tenemos en cuenta que al referirse a uno mismo Sócrates no está pensando en el cuerpo sino en el alma, conocerse significará tratar de buscar el bien del alma por encima del bien del cuerpo, un bien, por otra parte, que no diferirá tanto de un individuo a otro, dado que las almas se parecen, en teoría, más unas a otras que los cuerpos.
El bien o la virtud del alma lo encuentra cada cual en sí mismo, aplicando el método de la mayéutica. Como la capacidad de ayudar a parir que ejercen las comadronas a encontrar y conocer el bien que cada cual lleva dentro.
Tanto Sócrates como Protágoras destacan por un discurso anclado en la independencia. Y es precisamente esa independencia de criterio lo que resulta políticamente impertinente, la que hace que el Estado ateniense acabe condenando a Sócrates a morir.”

“No todos los sofistas son iguales ni se aferran al relativismo de la misma forma. Basta comparar las teorías de Protágoras o de Gorgias (en los diálogos platónicos del mismo nombre) con las de Trasímaco o Glaucón (en los dos primeros libros libros de la República platónica) para darse cuenta de que lo que en los dos primeros es un racionalismo relativista se vuelve escepticismo cínico en los dos últimos.”

La frase “conócete a ti mismo” puede referirse en extensión, al ideal de comprender la conducta humana, moral y pensamiento, porque en última instancia comprenderse uno mismo es comprender a los demás también y viceversa. Sin embargo, los filósofos griegos pensaban que no se podía comprender el espíritu humano completamente, así que hubiera sido casi inconcebible conocerse completamente. Por tanto, la frase puede referirse a un ideal menos ambicioso, tal como conocer sus propios hábitos, moral, temperamento, habilidad de manejar la ira y otros aspectos de la conducta humana con la cual luchamos diariamente.

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