el único universalismo aceptable

Por mi parte, subrayaría el hecho de que detrás del pretendido cosmopolita se esconde a menudo un cosmopaleto, por utilizar un parónimo.
Parece sostenible que el único universalismo aceptable es el que sigue la ratio de la universalización de los derechos humanos y del reconocimiento de la condición de sujeto de todo ser humano como tal. Pero este “como tal” a diferencia de lo que a veces se sostiene, no lo hace intercambiable con cualquier otro, sino que subraya su particularidad, que es lo que lo individualiza y por eso no es defendible el modelo robinsoniano de exención de supuestos que hoy nos predican los liberales.
Y aún así este universalismo ha de hacer frente a críticas como aquellas que provienen del incremento y de los cambios cualitativos del fenómeno de la multiculturalidad.
Por todo ello quizá es más fructífero el planteamiento del cosmopolitismo plurinacional por complejización. Este modelo que tiene en cuenta las diferencias entre cultura y civilización puede ofrecer un buen punto de partida para matizar el debate sobre la falsa tensión entre universalismo y exigencias de reconocimiento de idntidades particulares.

el cosmopolita no es quien pertenece al ámbito cosmopolita, sino quien se construye como tal desde la múltiple pertenencia; cosa que en lugar de surgir del desarraigo identitario (substituido por la condición de consumidor global), parte de estas raíces para insertarse en el mundo.
Es quizá también el sentido de la conocida propuesta de bauböck sobre ciudadanía transnacional que paradójicamente empieza como empezó por aquello que es local, por las ciudades, que pueden recuperar la residencia como condición de ciudadanía y hacer posible una ciudadanía múltiple, transnacional.

Pero con relación a los efectos sociales no es necesario profundizar demasiado para encontrar efectos negativos de esta tensión (o falsa tensión) entre cultura y civilización: clandestinización de ciertas prácticas, aparición del síndrome de resistencia y victimización del grupo frente a la mayoría, perjuicios para la auténtica víctima, que en los casos de escisión ve destruida la unidad familiar y cuestionados sus lazos con la misma familia, experimenta el rechazo del propio grupo y con el rechazo, la negación de su identidad.

~

En lo que respecta a los derechos humanos, a la democracia, al respeto a las diferencias entre cultura y civilización, todo eso hay un acuerdo mayoritario en que se debe respetar.

Y es cuestión de asimilación de una generación a través de otra. Lo cierto es que es innegable el respeto de los derechos humanos,
y además hay que desechar el modelo robinsoniano, de neoliberalismo, donde la unica logica es la del beneficio puro, habría que hacer alguna distinción entre cultura y desarrollo de civilización para poder respetar desde el valor de la diferencia, el enriquecimiento y la integración para evitar el desarraigo identitario, la clandestinización de ciertas prácticas.

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