la realidad de la familia

Pero lo que yo te quería decir es que el entendimiento con mi familia fracasó en el plano consciente, y sólo pudieron entenderme cuando se pusieron enfermos mentalmente, y es así, había entre nosotros ya una sintonía, ya no me juzgaban con la mente, mi padre sabía que me tenía, y eso era lo único importante para ellos en esos momentos.

 

La realidad de la familia es muy triste a veces. Nos encorsetamos en cliches, en estereotipos que son a veces dañinos, sin embargo, hay una realidad afectiva básica que es más importante que todo eso. Y que si se pierde ésta, se pierde todo.

 

Y esto que para ti es una verdad, las has llevado casi a un dogma absoluto, diría yo, porque quieres hacer de lo inconsciente algo consciente y, viceversa, de lo consciente de la familia lo que domine el inconsciente, y eso no puede ser absolutamente así.

 

Llegará un momento en que la familia te recordará que tiene sus límites, que ella te juzga también, que te atrapa también, llegará un momento en que su realidad afectiva será lo único que te domine, y eso no es tampoco así.

 

Hay que enseñar a amar de otra manera. No es como sumergirnos otra vez en la infancia, en esa relación a veces de amor-odio, en el drama familiar donde nos han asignado un papel.

 

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Y hay dos cosas muy concretas en dos formas en las que la familia nos afecta. Una es que creamos nuestra conciencia en el seno de la familia, la conciencia que es un poco como nuestro policía interno, digamos que es el resultado de cuanto hemos logrado reprimir nuestros instintos, y eso lo aprendemos en la familia.

 

Y por otra parte hay distintos tipos de conciencia, las conciencias benignas, las punitivas y las débiles. Pues esto tambien se forma dentro del seno de la familia.

 

La conciencia “benigna” sería la conciencia que logra llegar a hacer un equilibrio entre lo que nos negamos, la parte instintiva que negamos, y la que nos permitimos vivir.

 

La conciencia “punitiva” es la de esas personas tan autoritarias que siempre están juzgando a los demás, que son duras consigo mismas y duras con los demás, porque realmente lo que nos hacemos a nosotros mismos es lo que solemos hacer a los demás.

 

Y luego están las conciencias “débiles” que son las que no han aprendido a negar ciertos placeres y a no saber esperar para conseguir las cosas y luchar por conseguirlas.

 

Esto realmente se forma en el seno de la familia y es muy importante que sepamos qué tipo de conciencia tenemos porque si no realmente nos lleva por delante.

 

Si no comprendemos a nuestra familia, si no comprendemos nuestro pasado, estamos condenados a recrearlo constantemente.

 

Y a veces la importancia del entorno influye más que la propia genética, entre otras cosas porque la genética también evoluciona de acuerdo con el entorno. Desconocer nuestro pasado, por eso, nos condena a repetirlo una y otra vez. Y muchas veces no podemos echar la culpa a la genética, es más importante el entorno. Nuestro desarrollo como seres humanos depende muchísimo del entorno y no es solamente innato.

 

(Hay un experimento muy interesante con cuatrocientos niños que dieron el cociente intelectual y tenían una media de 140 -y la media de las personas generalmente es en torno a 100-, bueno, pues en este experimento se veía claramente que la inmensa mayoría de esos niños no conseguían más cuando eran adultos que los demás niños de su mismo entorno. De nuevo vemos ahí la importancia no tanto de con qué dota la naturaleza sino de qué te permite tu entorno.)

 

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Y realmente una de las cosas preocupantes es que nosotros no solamente tendemos a conformar nuestra personalidad de acuerdo a lo que la familia nos ha enseñado, sino que repetimos esos patrones constantemente cuando somos adultos.

 

Y esto es lo que yo te quiero decir a ti, precisamente, ahora que somos adultos y nos enfrentamos con las emociones y con la vida como adultos.

 

La idea aquí es que nuestras relaciones adultas están basadas sobre nuestras neuras y sobre nuestros miedos, los que desarrollamos en la infancia. En vez de estar basadas sobre nuestras necesidades y nuestro ser, reales y actuales.

 

 

 

Y por eso insisten tanto los psicólogos y los psiquiatras en la importancia de comprender esta infancia, esta infancia donde desarrollamos lo que llamamos el “vínculo de apego”, es decir, cómo asumimos el modo cómo los demás nos van a tratar.

 

Y cómo asumimos que somos todo aquello que amamos y que hemos amado y que nos han dado a través del sentimiento.

 

Si esta época de la infancia es tan importante para el hijo y el hijo aprende cómo amar a los demás, cómo los demás se van a amar, quién es él, cómo relacionarse con el mundo, entonces cuando eres padre, eres madre, comprendes que necesitas mucho tiempo para tus hijos. Y cuando somos adultos descubrimos que necesitamos tanto de esos vínculos de afectos.

 

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