la hermosa hipótesis del distinguo

Cada uno se encarniza en destruir todos los misterios, comenzando por los suyos.

Verdugo de lo indecible.

La vida no es sino esta impaciencia. Los que hablan no tienen secretos.

Y todos hablamos. Nos traicionamos, exhibimos nuestro corazón.

Y si encontramos a los otros, es para envilecernos juntos en una carrera hacia el vacío, sea en el intercambio de ideas, en las confesiones o las intrigas.

Por el momento el distinguo entre el principio del placer (delectatio, voluptas) y el pecado lo dejo a una doctrina moderna de la Penitencia, de la que daré cuenta para hacer notar cómo se explota el sentimiento culpable en la nueva sociedad de la comunicación.

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