sobre la crisis financiera y los bancos centrales

Ya veníamos viendo una tendencia que venía desde los EEUU, luego esto no viene sino a poner freno a una situación de emergencia ya iniciada en otros países con medidas de este tipo.

En EEUU el instrumental de los Bancos centrales no es subir los tipos para atajar una inflación inexistente, sino bajar los tipos de interés, o mirado desde otro punto de vista, “inundar los mercados de liquidez”. La FED no va a poder defraudar a los mercados, porque Bush tiene un calendario electoral con los demócratas mandando en el Congreso y en el Senado. La FED no podrá defraudar a los mercados, aunque sea a costa de estimular el “riesgo moral”, ese principio por el cual los prestamistas y los inversores aumentan el riesgo si cuentan con que siempre habrá alguien por detrás que impida alcanzar por encima de un cierto nivel de pérdidas. La historia está plagada de crisis financieras, en las que han abundado las soluciones de tipo moral: como la que acaba de suceder en EE UU.

Nadie quiere quedarse con “el muerto”, con valores que no es que no valgan nada, sino que no se sabe cuánto valen.
Es decir, que esta crisis financiera está demostrando que en ella existen variados niveles de conocimiento de la realidad y por lo tanto variados niveles de responsabilidad en la gestión de la misma y, por ahora, nadie parece haber dado la cara, llevando más confusión todavía a los agentes económicos. La enorme volatilidad observada en la bolsa se debe a que la mayoría de los expertos suponen que la economía norteamericana se recuperará en los próximos meses para, posteriormente, mantener una desaceleración profunda después de las próximas elecciones en noviembre.

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Esta crisis financiera es básicamente el producto de una crisis de confianza en que los Bancos centrales del G-7 tengan instrumental adecuado para gestionar una crisis, que es una crisis de liquidez derivada de la imposibilidad de establecer precios, por falta de cruce de demanda y oferta, en los sofisticados instrumentos financieros que han utilizado el apalancamiento tomando como base los créditos hipotecarios concedidos en los EEUU a personas con bajo crédito. Se trata de los famosos collateralized debt obligations (CDO). El desconocimiento del alcance de a quiénes afectaba esa crisis de liquidez, si a la banca, si a las compañías de seguros, si a los fondos de inversión, si a los planes de pensiones, es lo que ha inundado de crisis global a todo el sistema
Para los agentes resultaba muy extraño que el sistema crediticio se estuviera colapsando sin que hubiera aparecido ningún hecho de relieve que hubiera producido un aumento en la “prima de riesgo”. Además, el mundo carecía de una inflación subyacente visible, al menos la medida por el IPC. Para asombro de los analistas, una crisis larvada ha estallado debajo de la estructura económica conocida, lo cual ha ocasionado el descrédito absoluto de las agencias de rating, que son empresas que al cobrar de los emisores podrían haber incurrido en un conflicto de intereses que hubiera sido resuelto mediante una pura corrupción.

Y eso que la prensa estaba divulgando un día sí y otro no que los Bancos centrales estaban inyectando en el sistema unas gigantescas cantidades de dinero para evitar ese “colapso financiero” que observaban en su vida cotidiana.

De repente, los agentes económicos de los países de la OCDE se han encontrado con que, en vez del panorama confortable que ofrecía las últimas predicciones del FMI que confirmaban la continuación de ritmos de crecimiento para la economía mundial cercanos al 4%, observan una enorme inquietud en los valores de los valores cotizados y una sensación extendida de inseguridad difundida por los medios de comunicación.

Por eso Bush no podrá defraudar a los mercados, aunque sea a costa de estimular el “riesgo moral”, ese principio por el cual los prestamistas y los inversores aumentan el riesgo si cuentan con que siempre habrá alguien por detrás que impida alcanzar por encima de un cierto nivel de pérdidas. La historia está plagada de crisis financieras, en las que han abundado las soluciones de tipo “riesgo moral”: el caso más nítido fue el de Argentina y luego Hong Kong, hasta lo que está sucediendo en EEUU.

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