la capacidad de liderazgo

la capacidad de liderazgo por Eduard Punset

En contra de la opinión más generalizada, el liderazgo es fruto siempre de una idea que fascina al resto y que defiende el individuo o colectivo que persigue liderar un proyecto. El carisma no lo da la estatura ni el dinero, sino el recuerdo mental alojado en la memoria a largo plazo. Un rostro bello –es bello cuando no aparenta dolor– llama la atención y predispone para canalizar un pensamiento, pero es imprescindible el pensamiento en cuestión. La felicidad es la ausencia del miedo, pero hace falta un determinado mecanismo neuronal para que en su lugar se aposente la fascinación o el embrujo.
Que yo recuerde, nadie me enseñó en la escuela los soportes del liderazgo; tuve que aprenderlos en la calle o aceptar mi ignorancia al respecto. Antes, no importaba demasiado. Ahora, a los jóvenes les resulta imprescindible para encontrar trabajo.
Algo parecido ocurre cuando alguien quiere asentar su vida en el mundo de la cultura. ¿Hemos enseñado a los jóvenes, mediante la práctica de talleres, a familiarizarse con los ritos sociales o el aprendizaje de la democracia para zambullirse en el mundo de la cultura?

Ese sistema daba, mal que bien, trabajo a la gente de mi generación y no se lo da a los jóvenes de ahora, que arrojan tasas de desempleo cercanas al 50 por ciento. Para corregir ese desaguisado social, habrá que difundir en las escuelas y corporaciones las nuevas competencias que demanda la sociedad de ahora y que no eran imprescindibles antes.
He sugerido en otras ocasiones que habrá que penetrar en los secretos del liderazgo, como la capacidad de empatizar con los demás o saber ponerse en su sitio. Los científicos italianos que analizaron el papel de las neuronas espejo en los grandes simios y en los humanos demostraron sobradamente que mediante la imitación ellos y nosotros aprendimos a ponernos en el lugar del otro.
Es más, la neurología moderna ha establecido que los que de verdad son incapaces de hacerlo son los psicópatas; ellos no sienten, no les duele el estómago como a los demás. El liderazgo comporta también un cierto carisma para infundir a los demás el convencimiento de que vale la pena intentarlo. ¿Cómo se puede aflorar la visibilidad de ese carisma cuando exista? Y es preciso que exista cuando se quiera extender el liderazgo.
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