alma y cuerpo

virginiawoolf:
18 Octubre 2010 a las 5:07 pm

Se debería aprender a orientar los afectos de acuerdo con las emociones del cuerpo y sus necesidades, una cierta educación sentimental es necesaria también aquí, sobre todo en el terreno de la economía, pues ya sabemos -venimos experimentando- hoy día la vinculación que existe entre lo emocional y lo económico.
A lo mejor la mente es lo maravilloso y es lo que puede abrir y cerrarlo todo. Pero ya ves el cerebro  es definitivamente “tonto” y opera por mecanismos muy básicos, -y sobre todo  en cosas sentimentales- y es harto dudoso que podamos separar los afectos de las emociones porque el cuerpo y la mente van unidos.

Todo el mundo, toda la vida, es un vasto sistema de inconsciencias que opera a través de consciencias individuales, la vida sigue siendo ese inconsciente colectivo y aunque cumpla un destino social se trata de cumplir con un destino orgánico, vital e instintivo a través de la apariencia de una conciencia individual.
La relación de fuerzas entre lo económico y lo emocional, ahí hay una relación que no se termina de reequilibrar y que están estrechamente vinculadas últimamente, que es fundamental para nuestras relaciones personales, que sería un paso clave para la paz interior.

También hace poco yo escribía un blog sobre Henry Bergson, tal vez el primer filósofo que ha hablado más claramente de que alma y cuerpo no se pueden separar.
Es uno de los primeros intelectuales que se da cuenta de que si ha habido algún error en la filosofía racionalista hasta los tiempos venideros ha sido el de separar el alma y el cuerpo como si fueran cosas distintas y no lo son, aun sin caer en un materialismo reduccionista, porque este autor no hace eso, sino que busca conciliar ambos, ni siquiera Spinoza hizo eso con su mecanicismo universal, no, no es eso.
Henry Bergson intenta conciliar y siempre habla de ese “al lado del cuerpo”. Y dice: “Al lado del cuerpo que está confinado al momento presente en el tiempo y limitado al lugar que ocupa en el espacio, que se conduce como un autómata y reacciona mecánicamente a las influencias exteriores, captamos algo que se extiende mucho más allá del cuerpo en el espacio y que perdura en el tiempo, algo que reclama o impone al cuerpo movimientos ya no automáticos y previstos, sino imprevisibles y libres: eso que desborda el cuerpo por todos lados y que crea actos recreándose a sí mismo continuamente es el “yo”, es el “alma”, es el espíritu -siendo precisamente el espíritu una fuerza que puede sacar de sí misma más de lo que contiene, devolver más de lo que recibe, dar más de lo que tiene. Esto es lo que creemos ver. Tal es la apariencia.”
Perdona que me extienda así, pero este tema me apasiona, y luego Merleau Ponty será uno de los filósofos continuadores de esa tradición. Y también esta concepción influirá en la literatura moderna, y en concreto en la literatura de Virginia Woolf.

Lo que pasa es que ha prevalecido la concepción de Hegel sobre el cuerpo, en su Fenomenología del espíritu, que habla de la autoesclavización del cuerpo, y de la dialéctica entre el amo y el esclavo donde el cuerpo del esclavo es una proyección del cuerpo del amo. Todo esto yo creo que ha hecho -nuevamente la vinculación entre lo económico y lo emocional- que neguemos un poco las raíces del cuerpo a nuestro ser aparente y social. De esta forma lo hemos reprimido y esclavizado más que otra cosa.

~

Gracias, un besito!

 

Paloma Rosado dice:

“el Dr. Tolja, convencido de la sabiduría del cuerpo y de lo importante que es escucharlo y confiar en él, defiende a lo largo de todo el libro Pensar con el cuerpo, la teoría de que “el guía no está loco” y que hay que rebajar esa tendencia excesiva –propia de nuestro tiempo- de querer controlar. “Empecemos a movernos en la óptica de que existe una forma de gestión (la del cuerpo) y de que no está loca, sino oculta, como el sistema operativo de un ordenador”.

El psiquiatra Carl Jung tuvo el don (entre otros) de poder escribir una autobiografía enormemente luminosa y lúcida. El espíritu buscador de su juventud desembocó en una refinada sabiduría de anciano. En la penúltima página de Recuerdos, sueños, pensamientos dice: “De mí estoy asombrado, desilusionado, contento. Estoy triste, abatido, entusiasmado. Yo soy todo esto también y no puedo sacar la suma (…). No tengo convicción alguna definitiva, propiamente de nada. Sólo sé que nací y existo y me da la sensación de que soy llevado”. Reconfortante parrafada, escrita tras 83 años de vida intensa.

“Sólo sé que nací y existo y me da la sensación de que soy llevado”, me repito a misma. ¿Podríamos hacerlo nuestro? Liberarnos de la sobrecarga y dejar de “empujar el río” puede ser una de las experiencias más revolucionarias, una invitación a dejar espacio en nuestro interior al misterio y a dejarnos acompañar en nuestras incertidumbres… Porque hay sabiduría más allá de nuestra lógica, y confiar- combatiendo constructivamente, cuando sea necesario- es la opción que nos hace más humanos.

 

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