quizá esté llegando un nuevo modo de proteger la innovación

Un elemento clave en la creación de riqueza desde 1848 fue el poder sindical, que aseguraba lo que hemos llamado expansión difusiva del crecimiento económico: la situación de la gente en los países ricos mejoró gracias a los salarios más altos posibilitados por los aumentos de productividad, no en forma de precios más bajos como habría sucedido en el caso de una “competencia perfecta”.

Para ellos el desarrollo económico exigía un equilibrio de poder compensado entre el capital y el trabajo.

Una señal a este respecto es el máximo alcanzado por los salarios reales durante la década de 1970 no sólo en Estados Unidos, sino en la mayoría de los países latinoamericanos (en 1973). En Estados Unidos ese problema se puede resolver políticamente aumentando el salario mínimo, pero en un país pobre la solución es mucho más compleja y supone cambios radicales en la estructura productiva del país.

La combinación de la producción en masa fordista con un sector industrial primordialmente basado en la nación creó condiciones únicas para subir los salarios reales. Esto tiene que ver con un factor que los economistas manejan muy mal: el poder económico y político. Pero hoy día todo lo basado en la nación (lo que se llamó el mercantilismo y el fordismo) está de capa caída por el nuevo sesgo de los cambios tecnológicos.

Los economistas de la escuela institucional americana, durante toda su existencia -desde John Commons (1862-1945) hasta John Kenneth Galbraith (1908-2006)- eran muy conscientes del papel del poder político.

Hay varias razones por las que esa vía para el enriquecimiento de un país es mucho menos factible ahora que antes.

Las innovaciones en el producto (nuevos productos) tienden a crear una competencia imperfecta y salarios más altos, frente a las innovaciones en el proceso (nuevas formas de producir viejos productos) tienden a fomentar la competencia de precios y presiones sobre los salarios.

El siglo XX también vio el ascenso de la emulación mediante la ingeniería inversa: los japoneses podía comprar un automóvil estadounidense, descomponerlo en piezas y hacer otro mejor. Actualmente Microsoft es un proveedor global y está protegido internacionalmente por patentes y copyrights, lo que hace casi imposible la ingeniería inversa.

Estas modificaciones paralelas en el “sesgo” del cambio tecnológico han contribuido al hundimiento de las formas tradicionales de enriquecimiento de los países ricos.

El profesor Erik Reinert, especializado en el estudio de las innovaciones tecnológicas, señala estas 4 modificaciones:

1.Existe una tendencia a abandonar las economías de escala en una sola fábrica -enormes fábricas que reunían en el mismo lugar a muchos trabajadores- en favor de “economías de ámbito” multilocalizadas.

2.Al mismo tiempo el empleo está decreciendo en la industria y creciendo en los servicios, en parte porque la industria aumenta el grado de automatización de una forma inalcanzable para el sector servicios.

3.Los trabajadores de los servicios tradicionales carecen de la capacidad de negociación derivada del nivel de cualificación de los trabajadores industriales especializados, y pueden ser fácilmente sustituidos por gente “venida de la calle”.

4.La franquicia descentralizada en lugar de la propiedad centralizada también disminuye el poder de los trabajadores porque hay muchos patronos distintos con los que negociar.

Los capitalistas realmente ilustrados entienden que un nivel salarial elevado aumentará también la demanda de su propios productos, y con ello sus beneficios. Pero cualquier capitalista medianamente avispado entiende que conceder un aumento salarial a sus empleados no le supondrá un gran problema mientras esté seguro de que sus competidores tendrán también que hacerlo. Es decir, que no lo hacen. En realidad, aquí se juega una baza política o se podría jugar. Pero no parece que sea el salario lo que preocupa sino la productividad en sí.

Igual ha llegado el momento de ir pensando en un nuevo sistema para proteger y fomentar la innovación. Tampoco está dando resultados parece ser el sistema de patentes, con la cantidad de demandas cruzadas que existen.
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