el idiota se ha quedado sin palabras

Anda siempre errante, el idiota. No viene ni va propiamente; aparece y desaparece, si tiene una casa sale temprano y regresa entre las sombras. Ningún perro le sigue en su vagabundear pero se le acercan en acto de reconocimiento. Algunas noches da vueltas por el pueblo, blanco como los muertos. Está solo entre la gente aunque hable o le ofrezcan algo que él acepta indiferente, con la cortesía como de un ciego.

No transita, el idiota, pues aunque vaya y venga no retrocede ni avanza. No va a ninguna parte, está en todas partes sin intención. Pasa por todas partes y entre todos, como para darse a ver, sin quererlo, y a veces como un temblor apenas perceptible le recorre ante alguna mirada o ante algo que él sólo ve. Entonces se diría que se cierra, se oculta entrándose más en sí mismo, retirándose sin moverse en la visibilidad.
Todas sus variaciones se reducen a hacerse más o menos visible como una luna en el agua remansada.

En tanto que cuerpo que se mueve se asemeja a los astros, aparece y desaparece en un horizonte propio, siguiendo su propia órbita. Un hombre, pues, pero que no se conduce humanamente, pues su medio no es la historia, ni la sociedad. Y por tanto tampoco puede presentarse como individuo, siendo un caso de extrema individualidad, y tampoco es ninguno ni es nadie, es uno, un puro habitante del planeta, del sistema solar.

No mira el idiota, privado de intención, cómo va, no se diría que percibe, sino que sabe. Y que en su interior los seres, las cosas y lo que entre ellos hay y se mueve, se refleje en una justa proporción, como un paisaje estelar.

Que la realidad movediza y ambigua, en vez de ser percibida, en esa conciencia temblorosa, discontinua, agitada por temores y apetitos, sea simplemente sabida. Sabida al modo de cómo llegan a saber los que no sienten, ni despiertan interés alguno.

Un remoto saber sumergido en el silencio, como con todo saber sucede. Pero al normal, al despierto o semidespierto, su saber se le manifiesta en islas que surgen de ese silencio atraídas por el interés y que aparecen y desaparecen. Y así el saber se actualiza y aun así está sujeto a cataclismos que pueden anegar casi por completo su manifestación.

El saber del idiota parece estar a punto de revelarse, mas se queda en la línea de flotación, en la raya imperceptible de la aurora. ¿Qué le ha sucedido al idiota que ha venido a quedarse así?
Pues aunque haya nacido en el pueblo y vivan aún sus padres, parece haber llegado del allá y nunca, por familiar que sea su figura, su escaso repertorio de gestos y esas pocas palabras que repite resulta extraño a todos. Y el amor que alguien le tenga no crea familiaridad con su ser, ni el amor ni el conocimiento. “Es de aquí, pero no es nuestro”, podrían decir sus convecinos, “nos lo han dado”.

Una prenda que de perderse dejaría un extraño desasosiego más punzante aún que el sentimiento de responsabilidad. Y claro está que para cuando al fin se vaya para siempre no se sentirá que le ha llegado la hora, sino que se ha perdido.

Pues perdido parecía estar, perdido y encontrado allí en el lugar en que esté, por alguna razón más misteriosa.

Y tan extraño le sienten al idiota que nadie comúnmente teme caer en su condición, ni siquiera por contagio, como sucede ante ciertas enfermedades, las que cada época considera mortales o especialmente aflictivas. No es mirado como un enfermo, sino como alguien que es así de nacimiento.

Mas la extrañeza del idiota entre los hombres comunes entre los que se mueve no suscita ninguna pregunta acerca de sí, por extraño que parezca. Nadie se suele preguntar qué es y menos aún, quién es, porque eso parece estar claro: no es nadie o es simplemente uno, simplemente. Un simple.

Tan simple que los que no lo son no tienen modo de acercarse a él, ni entrar en trato, intimidad.
Y lo extraño es que la extrañeidad o extranjería en que el simple se encuentra radicado como en la invisible patria que arrastra consigo, no despierte en los demás verdaderos residentes y aun ciudadanos, extrañeza ninguna acerca de sí mismos.

Entonces, qué clase de hombre es el idiota, ni siquiera podemos decir que confine con la condición animal. Su falta de apetito, de acometividad, su absoluta desposesión, le alejan más que al hombre común de esa frontera. Ya que es propio del animal no estar desposeído en su ser. Mas el idiota no da muestras de ansiar salir de su desposesión, ni por la vía del poseer ni por ninguna otra, tanto que hace creer que si se le despertara el apetito saldría de su simpleza y recobraría la palabra.

El apetito se le perdió tanto que le dejó así o quizás se le transformó entero en otra cosa.

Desposeído no busca poseer, y así va y viene sin tomar posesión del espacio, sin lugar propio, ocupando alguno porque es ley de los cuerpos, mas sin adueñarse ni hacerlo suyo.
No anda nunca del todo derecho, la cabeza se le va hacia atrás, como movida por una imperceptible brisa. Una lluvia fina parece estremecerle, una fina radiación que los demás no acusan y que resisten defendidos por una serie de resistencias que se crean en cada cuerpo animado.

El idiota no posee ni siquiera su espacio, el suyo, como el de los demás. Un espacio donde no deben existir resistencias, ni posibilidad alguna de tropiezo, donde el que entre flote blando, abierto, desprendido como un alga que flota en lo más vivo de la corriente sin ser por ella arrastrada.
Pues si los demás se dejaran, como el idiota está de dejado, se perderían arrastrados por la corriente de eso que se llama la vida. La vida, sí… en ella anda el idiota como una criatura de las aguas que puede respirar dentro de ellas. Dejado, abandonado de sí mismo va el idiota. No se encamina hacia nada, la línea recta le es desconocida. Pues no tiene camino.

Pero si alguien encuentra al idiota a la salida del laberinto, no puede menos de sorprenderse de su sonrisa: una extraña sonrisa que se escapa de todo su rostro blando y luminoso; una sonrisa a punto de desprenderse y de convertirse en algo así como una paloma.
Puesto que en el idiota tan privado de dirección, sólo la sonrisa la tiene y se abre dirigida a algo, despertada, atraída, como la vida, o el viviente en ese instante privilegiado en que coinciden amor y libertad. Suele llamársele claro bobería; y a veces idiotez, pura idiotez… debe de ser verdad.

Y a veces brota de los labios del idiota, como si entonces naciera alguna palabra, las palabras del idiota nacen, son palabras, sí, nacidas y no formadas, ni enderezadas, ni pensadas, ¿cómo se podría? Blancas palabras sin carga alguna de expresión, puras palabras que manifiestan cosas que están a la vista de todos. En su recorrer un día se para y dice señalando hacia arriba: el Sol, el sol. Y si sucede que alguien obedeciendo a la palabra del idiota vuelve la vista al sol, ha de cerrar los ojos enseguida, pues se deslumbra, mientras que el idiota ya deslumbrado desde siempre se queda mirándolo y sigue repitiendo a intervalos, el sol, el sol, por mucho tiempo.
Como tú te has deslumbrado por la luz de tu niña, la luz de un sol, y no te ha importado desposeerte de todo lo demás, todo lo has dado, se lo has dado a los demás, incluso el dinero que hipotecaste creías que podrías negociarlo poniéndolo en manos de un economista mal informado como todos y que era un cerebro en Estados Unidos, cuando toda la realidad está mal, allí también. Y así, se podría seguir.

Y de su cara se van borrando las facciones por la luminosidad que la envuelve, blanca, una luz sin combustión, luz tan sólo.

Y todos un poco nos hemos cegado ante esa luz tan blanca, que nos envolvía. Pero otra cosa es quedarse ante ella, no guarecerse, desposeerse del todo, como tú has hecho.
Crees que sólo puedes contar con la fuerza de tu trabajo, y es una locura, es como mi otro amigo, que creía lo mismo que tú, y tenía al menos diez años menos, y aún así, ya era mayor en su trabajo, pero las cosas no son así; siempre ha habido una distinción entre el capital y el trabajo, y siempre ha perdido el trabajo, digánselo al señor Marx, que escribió tres tratados sobre el Capital para poder hacer valer el valor del trabajo, pero no lo consiguió con sus tan traídas y llevadas profecías sobre el derrumbe del capital, no pudo, porque la gente no le secundó. Y sobre todo porque además en sus profecías había algo que no pudo ver y era el sorprendente hallazgo que cobraría y el empuje del capitalismo con el nacimiento de las nuevas tecnologías, todo eso hizo que de nuevo resurgiera a flote.
Y luego la fuerza del trabajo y el trabajador ahora ha quedado un poco solapada también no sólo por el capital sino también por las nuevas tecnologías y por la técnica, con la que debe de asumir un diálogo si no quiere verse ahogado por ellas. O en todo caso, convertirse en un trabajador especializado, de alto saber cualificado, como eres tú, pero aún así, es trabajo frente a otros tecnólogos mejor posicionados que tú, y frente al capital industrial y al bancario; es decir, no sois todavía gobernantes, aunque seáis élite social.
~

Pero algo ha debido descender sobre el idiota -ya digo- penetrándolo hasta ese vacío, donde se forma la palabra, ese hueco donde resuena, esa mágica gruta donde la palabra reverbera.

Y la palabra ciega esa no puede salir si no acepta ese depósito de sombra que se le confía, esa amenaza: el engaño de un fuego que sustituye a la luz. Son las palabras de fuego que se disparan para precipitarse enseguida. Hijas de un fuego y de una sombra que no pueden destruir, ni atravesar el tiempo.

Un silencio sin duda ha caído en lo hondo del alma del idiota, en ese centro y esas oquedades. En la vida común llega ese silencio cuando se rasga el velo de una situación ambigua y aparece visible el argumento verdadero, y eso es una verdad que envuelve toda la vida, como un círculo mágico que la tiene prisionera, para bien o para mal, es lo que se llama revelación, pues que se presenta por sí misma. Y en ella coinciden verdad, ser y realidad.
¿Qué decir en un tal momento? No es posible decir nada, ni en uno ni en otro caso, a no ser que intervenga la violencia.

Mas el idiota no es que sea un idiota sin violencia. A veces en la tragedia griega, como griegos al fin, adoradores de la palabra, y sus héroes se ven forzados a tener que elegir, a la acción, tal pasa con Edipo en su blancura de nube, dispuesto a coronarse, como el que no ha nacido, el que está naciendo. A veces el esquematismo freudiano no nos ayuda en esto, porque tapa el misterio de esa acción. Al afrontar la acción tiene que ser visto y ver, tiene que ser juzgado y juzgar. Y tiene que soltar palabras suyas, palabras de fuego que queman el corazón y caen lejos. Palabras que arrastran el vacío de la interioridad, la conciencia, para decir nada.

Mas visto así el idiota es un universal en el hombre; eso sucede a todos los nacidos, puesto que vivir humanamente es ir naciendo, seguir naciendo. Y hay que acabar de nacer, para actuar y hablar, para ver y ser visto, para juzgar y ser juzgado. Y hay que actuar renunciando a seguir naciendo como si se hubiera encontrado la fijeza del ser propio y del ser.
Y como el apetito es tanto habrá quien elija actuar como tantos hombres llevados por él. Y estarán los que cambien el ir naciendo por el ir ganando. Y habrá quien no pueda elegir. Que esto de elegir no se da siempre ni a todos.
Sin duda, en tal aporía ha de abrirse camino. Y el idiota se quedará así en estado pasivo, de extrema pasividad, cogido por un misterioso lazo, en estado naciente, como un alba cuajada. Como una cosa blanca.
Desposeído por algo o alguien que se ha adueñado de su ser, como un campo libre donde no puede nacer ninguna yerba, como un campo de reino, como allí adonde te has ido a vivir tú, un torrejón del rey.
Y se ha quedado sin palabras, sin la multiplicidad de las palabras en esta pobreza de espíritu. Si acaso como prenda se le ha dejado sólo una, que nace de su corazón sin secretos, como un abismo blanco: el sol. Y un día ya no dirá nada, se quedará desvanecido con las manos juntas y entreabiertas, como una novia de entera inocencia en vísperas de la boda, como en el hueco de sus manos llevase una palabra sin ofrecer.

~

Este texto está basado en una composición de María Zambrano en su obra “España, pensamiento, poesía y una ciudad”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: