el idiota

yo no puedo vivir sin tus besos y ahora a quién tendré que besar? y tú a quién tendrás que besar? Otra vez tendrás que prometer la luna a otra pobre infeliz para poder conquistarla y quien sabe si eso, porque la engañarás igualmente porque te engañas a ti con tus deseos que no puedes cumplir. Y seguirás tonteando con la brasileña, porque ya te ha pasado antes para comprometer a la gente, y así la utilizas, como te conviene.

Y luego eso, eres el idiota, con todo lo inteligente que eres, así es como vas, porque el idiota es el que no tiene casa, el que no sabe ni siquiera quién es su mujer, y tu ya tienes una edad y has tenido muchas y todas se han escapado; yo esto lo atribuyo al carácter aventurero de sagitario en parte, y en verdad sí te han durado, pero no creas que a partir de ahora te van a durar porque tú mismo te has cerrado a conocer a las personas. En mí no has entendido mi sensibilidad, me has confundido con cualquiera, como si yo  fuera una niña de papá como si mi inteligencia o lo que yo mantengo conmigo misma no fuera contigo.

En Madrid me compré tres libros, sigo con esta cosa mía que llena mi pensamiento, uno creía que estaba descatalogado, era un libro que casi no existía, sobre el matriarcado, y me volví loca allí en la librería del centro de arte reina sofía.

Tú tienes una sonrisa una ilusión, pero los idiotas también la tienen; es igual que cómo brotan las palabras de tus labios, como si entonces naciera alguna palabra, como las palabras del idiota nacen. Son blancas palabras sin ninguna expresión, puras palabras que muestran lo que está a la vista de todos. Y un día se maravilla el idiota como tú te has maravillado con una luz -no, con tu niña, sino con todo lo que te han robado y que tenías- un día ves la luz del sol, y eso es lo que te maravilla, y ahí te has quedado. Y sólo la sonrisa, suele llamérsele bobería. Y así tú me encantaste a mí. Y en aquel momento estabas necesitado, porque eran muchas las humillaciones. La cantidad de rigideces que ponías, los horarios, las comidas, cosas que para mí ya estaban traspasadas y que no necesitaba vivir con ellas, pero tú sí.

Y ahora sigues lo mismo, disputando lo que te han quitado. Algo ha caído en lo hondo del alma del idiota, son palabras que disparan para precipitarse enseguida. No es preciso decir nada ni en uno ni en otro caso, acaso que no intevenga la violencia.

Mas visto así el idiota es un universal en el hombre, eso sucede a todos los nacidos. Hay que actuar, hablar, renunciando a seguir naciendo, como si se hubiera encontrado la fijeza del ser propio. Y los que cambian el ir naciendo por el ir ganando. Y habrá quien no, quien no pueda elegir. Y el idiota se queda así desposeído por alguien, que se ha adueñado de su ser, como una cosa blanca, en estado de extrema pasividad, como un campo libre donde no puede nacer ninguna yerba, allí un campo de reino donde te has ido a vivir (y con nombre de isla canaria). Allí te has quedado sin palabras, sin la multiplicidad del espíritu, sino en esa pobreza, si acaso como prenda sólo te han dejado una palabra, una sola, que nace del corazón sin secretos, un abismo blanco.

Y un día ya no dirá nada, se quedará casi desvanecido, como una novia de entera inocencia en vísperas de la boda. Como si llevase una palabra que ha guardado y sin ofrecer en el hueco de sus manos entreabiertas.
~esther llull~

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