“My fair lady”

My fair lady:

-No sé cómo aprendiste buenas maneras al lado de mi hijo.Audrey Hepburn

-Resultó muy difícil. No sabría cómo se comportan damas y caballeros si no hubiera sido por el coronel Pickering. -La mira el profesor Higgins-. Siempre me ha demostrado que me consideraba como algo más que una vulgar florista.

Mira, sra. Higgins, una de las cosas que he podido aprender es que la diferencia entre una dama y una florista no está en su comportamiento sino en cómo la tratan. Siempre seré una florista para el profesor Higgins porque siempre me ha tratado y me tratará como a una florista. Pero para el coronel Pickering siempre seré una dama porque como a una dama me ha tratado y siempre lo hará así.

(Entra el profesor Higgins en la conversación).

-Entonces, ¿qué quieres?

-Usted quiere que vuelva para que aguante su mal genio y le traiga los recados.

-Yo no he dicho que vuelvas.

-¿Ah, no? Pues ¿de qué estamos hablando?

-De ti, no de mí.

-Si vuelves te trataré como siempre te he tratado, yo no puedo cambiar de modo de ser, ni intentaré cambiar mis modales que al fin y al cabo son los mismos de Pickering.

-Eso no es verdad, él trata a una florista como si fuera una duquesa.

-Pues yo a las duquesas, como si fueran floristas.

-Oh, comprendo, a todo el mundo igual.

-Eso es, el secreto de todo esto no es una cuestión en modales, sean buenos o malos, o de cualquier otra especie, sino de tratar por igual a todo ser humano.

La cuestión no está en que yo te trate con rudez, sino en si has oído que trate a los demás mejor.

-Pero no soy barro que usted pueda pisotear, y saldré adelante sin usted.

-Pues claro que sí. Y ¿no se te ha ocurrido pensar si saldré yo adelante sin ti? Tú quieres los modales de Pickering, pues cásate con él, o con Freddy, piensas que yo tengo que estar tan colado por ti como él.

-No, yo lo que quiero es respeto y consideración. Yo no le tengo miedo a tus amenazas y a tus fanfarronerías.

-Descarada, mala pieza, no hay palabra en tu cabeza que no haya puesto yo.

-Habrá luz sin usted, sin usted yo existiré. Puede irse a Java o al infierno. Y el castillo de Windsor también seguirá en pie, la tierra gira sin usted.

-Eres magnífica, hace cinco minutos eras una piedra de molino atada a mi cuello, y ahora eres toda una fortaleza, un acorazado de la armada. Así es como me gustas.

-Adios, Sr. Higgins.

(Luego, en la casa del señor Higgins)

-Me he lava’o la cara y las manos antes de venir aquí.

-Lisa y ¿dónde están mis zapatillas? -Se tumba en el sillón y con el sombrero finge que está durmiendo, para que ella no note su ruborizamiento-.

(Y así concluye la película, volviendo ella junto a él y aceptando su manera de ser).

~

Y esto es una conversación dialogada con Elsa Punset, sobre aquello que mayormente nos fijamos cuando queremos a alguien y por qué nos fijamos, realmente no somos muy objetivos.

Yo creo que cuando queremos a alguien lo que hacemos realmente -y tengo una prueba científica para esto- es realmente ver lo mejor de esta persona. Es decir, ¿por qué no somos objetivos cuando miramos a la persona que amamos? Bueno pues porque necesitamos que cuando nos quieren haya gente que se fije en lo mejor que tenemos y que lo saque un poco de quicio porque eso nos ayuda a ponerlo en acción, a realmente dar lo mejor de nosotros mismos y generalmente cuando la gente espera lo mejor de nosotros mismos, lo damos.

Cuando sucede lo típico por ejemplo el padre con sus hijos, el hijo con la pareja que te dicen: siempre llegas tarde, siempre haces esto mal ¿no? Al final resulta pues que dices bueno yo soy el que siempre llega tarde, el que lo hace todo mal ¿no? Y tiendes a responder de forma negativa cuando te dan esta imagen negativa de ti.

Entonces cuando te aman, es muy bonito que tú te conviertas en la persona que tú lo haces siempre todo bien.

Por lo menos lo que haces gusta mucho a la persona que tienes frente a ti. Y nos pasa algo curioso en ese sentido. Y es que cuando queremos a alguien -da igual que sean hijos, se que sea pareja, ya te digo es lo mismo- hay una capacidad y una parte del cerebro que juzga socialmente a los demás y que decide si los demás son peligrosos. Bueno pues si te puedes fiar de ellos. Esa capacidad de juzgar al otro, se desconecta literalmente cuando estamos enamorados o cuando queremos mucho a alguien. Es decir, no lo juzgamos muy objetivamente. Pero ya te digo: creo que eso es una cosa buena hasta un punto.

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