las escuelas griegas de ética, por Victoria Camps

En los siglos IV y III a. C. aparecen en Grecia unas escuelas que consiguen expresar una serie de ideas que luego no han dejado de estar presentes en el discurso moral posterior.
Los cínicos son los primeros en aparecer. Diógenes el cínico buscaba desesperadamente un hombre con una linterna y que vivía en un tonel para poner de manifiesto su desprecio absoluto de las convenciones sociales. Diógenes defendía a los esclavos por considerar que la libertad está en el alma. Algo que luego repetirán con más contundencia los estoicos. Antístenes otro cínico discípulo de Gorgias y de Sócrates, hablaba de una cierta deferencia y respeto de las mujeres, algo insólito en su tiempo. La virtud -dicen los cínicos- basta para ser feliz y la virtud total no es otra cosa que la total independencia con respecto a la sociedad: vivir de acuerdo con la naturaleza, como luego explicarán también con profusión los estoicos. Diógenes “tenía por cosa pueril la nobleza, la gloria mundana y demás cosas así, diciendo que son adornos de la malicia”. Consideraba que “no es mal alguno tomar cosas de los templos, comer de todos los animales, aun carne humana, como constaba por costumbre de otras naciones, pues en realidad todas las cosas están unas en otras y entre sí participan”.
No tienen los cínicos una teoría física que fundamente su concepción de lo natural frente a lo convencional, su filosofía carece de una base teorética mínimamente coherente y firme pero aun sin ella, mantienen la convicción de que es la naturaleza lo que constituye la libertad o la autarquía que es el objetivo de la vida moral.

Los estoicos constituyen realmente una escuela filosófica muy prolongada en el tiempo, pues cubre desde el siglo III a. C. hasta el siglo II d. C., y no se reduce al territorio griego sino que se extiende a Roma. Frente a los cínicos, los estoicos cuya primera escuela fue la Stoá Poitiké, el Pórtico de las Pinturas, desarrollan un pensamiento mucho más completo y sistemático, en el que la lógica, la física y la ética se interrelacionan y complementan. Se basa en en la idea de que existe un cosmos donde se integran todos los seres y que está sometido a una ley de la naturaleza que rige tanto en la naturaleza física como en la conducta humana.
Aceptar voluntariamente lo que no puede ser de otra manera, cooperar con el cosmos, es el objetivo del sabio. Se trata de una filosofía determinista y materialista, en la que la libertad o autarquía no será otra cosa que el conocimiento de la necesidad, como más tarde denfenderán asimismo Spinoza, Hegel, Marx e incluso Nietzsche. En coherencia con lo dicho, la inmortalidad es una idea absurda puesto que la muerte no puede ser nada más que la reintegración en la materia o en el orden natural de las cosas. El mal es aquello que pretende eludir ese orden natural inevitable. De ahí que los estoicos prediquen la ataraxia como forma de vivir, que no es otra cosa que la aceptación de lo que no se puede evitar ni depende de nosotros: el infortunio, el sufrimiento, la muerte. Será virtuoso el que consigue la ataraxia, que es la despreocupación, el verse liberado de cualquier perturbación, la tranquilidad interna. Zenón, que fue uno de los primeros estoicos y fundadores de la Stoa, decía que lo importante es convencerse de que las cosas son “indiferentes” (adiáphora), es decir, no deben preocuparnos.
Una cosa son los hechos brutos y otra el sentido que queremos darles: pensar que el dinero es bueno produce una pasión que es la avaricia. El error está en el mal juicio, en la representación que nos hacemos de la realidad, en poner nuestro afán sólo en el dinero y considerarlo en el mayor bien.
La misma doctrina es desarrollada en la época álgida del estoicismo, que es la que representan Epicteto, en Grecia (h. 50-138), y Séneca (h. 4-65) y <marco Aurelio (121-180), en Roma. Epicteto era esclavo, luego liberado, Marco Aurelio fue emperador y Séneca siempre estuvo cerca del poder. Es la mejor prueba de que el estoicismo había llegado a una concepción cósmica -no aristocrática- de la igualdad: todos los hombres son iguales en la medida en que todos son partes del mismo cosmos y están sometidos a la misma ley natural. Da lo mismo el esclavo que el señor, lo importante es saberse y sentirse libre. Esclavitud y libertad no se contradicen pues “no hay esclavitud más vergonzosa que la voluntaria”, afirma Epicteto. Ducunt volentem fata, nolentem trahunt (“el destino dirige a quien lo consiente, traiciona a quien lo rechaza”), escribe Séneca. Congraciarse con la realidad es lo que ha venido a entenderse como la resignación estoica, la única forma de hacer frente a la adversidad que está en nuestras manos y que puede transformar la inquietud y el dolor en paz interior. La única arma que tenemos para ello es el pensamiento, lo único que nos hace libres.
No es una solución óptima del dolor y el mal inevitables, pero es la solución de los filósofos que más directamente se han enfrentado a la realidad del mal sin tratar de eludirla con parches calientes ni con consuelos trascendentes.
Dado que la adversidad y la mala suerte son reales, ¿qué hacer para que nos afecten lo menos posible<‘, ¿cómo adaptarnos a tal realidad con sabiduría? Que más de un estoico pusiera fin a su vida con el suicidio, como fue el caso de Séneca, es una consecuencia más que coherente de esa concepción de la libertad frente a lo que no depende de nosotros, frente a la muerte.
Finalmente Epicuro (341-270 a. C.) nace en Samos y su vida discurre en parte en Atenas y en otras ciudades jónicas.
Frecuenta la Academia aunque no llega a conocer a Aristóteles. Con él podemos decir que toma cuerpo una concepción del bien y de la conducta óptima que se aleja ya mucho de la visión política del ser humano propia de Aristóteles y que preconiza la afirmación del individuo y de su conciencia como núcleo de la moral, algo que desarrollará el cristianismo y se consolidará con las filosofías modernas.
El epicureísmo es una manera de vivir, algo más cercano a una religión. La Carta a Meneceo es uno de los escritos que es una síntesis de los principios y convicciones de esa manera de vivir.
Tanto la ciencia física como la lógica es decir el conocimiento teorético son interesantes sólo en la medida en que son útiles y eficaces para conseguir la felicidad. El criterio básico del conocimiento es la sensación, que siempre es verdadera, y el error se origina en el juicio que imagina o se representa ideas que carecen de fundamento real. Así los dioses son sólo imágenes de unos seres felices e inmortales cuya realidad no podemos verificar. Los criterios de verdad son los sentidos, las presunciones y las pasiones, es decir, lo que nos entra por los sentidos, lo que podemos presumir que ocurrirá gracias a la memoria y lo que nos produce dolor o placer.

Por lo que hace a la física Epicuro y Demócrito son materialistas. Entienden el cosmos como un compuesto de átomos que se mueven mecánicamente, lo cual hace superfluo el recurso a cualquier tipo de intervención divina coo motor del mundo. También las almas son compuestas de átomos.
La felicidad consiste en el placer que fundamentalmente es ausencia de dolor. Epicuro es un filósofo hedonista que basa su ética en torno a la identificación de felicidad y placer, ahora bien ese placer que hay que procurarse para ser feliz es un placer selectivo, que consiste en la apathéia o en la serenidad de ánimo, el intento de evitar toda inquietud. Lo primero que hay que disolver son los miedos ilusorios: ni la divinidad ni la muerte son de temer (cuando vivimos no estamos muertos, y cuando morimos ya no somos). En segundo lugar, hay que hacerse a la idea de que es fácil tanto procurarse el bien como soportar el dolor. Lo cual se explica mejor añadiendo que aunque todos los placeres son buenos, no todos hay que procurárselos; y aunque todos los dolores son malos, no hay que evitarlos todos. El sabio es precisamente aquel que llega a saber qué placeres son convenientes y qué dolores son asimismo positivos. Llega a saberlo por el esfuerzo de independizarse de sus propios deseos y por el cultivo del pensamiento o de la vida espiritual. El aprendizaje de dicha filosofía transcurría en “el jardín”, lugar de reunión de los epicúreos y de comunicación de sus enseñanzas bajo la guía del maestro, algo así como una director espiritual.
Conseguir la independencia con respecto a los deseos y a los demás hombres, eso es la autarquía en la que reside el placer o la felicidad.
Una autarquía para la que la política no es una ayuda sino más bien un estorbo, lo es porque la política se basa en la ambición y es ilusorio creer que sea posible la transformación del mundo. El epicúreo se refugia en el jardín y predica la abstención política. Lo único que merece ser tenido en cuenta es el valor de la amistad. Pero no la amistad sofisticada y aristocrática de Aristóteles, sino una amistad que no rehúye el fundamento utilitario que tienen los amigos. Éstos dan seguridad y confianza, por eso son un motivo de placer y de felicidad. Lo importante de los amigos es saber que uno puede contar con ellos.
En conclusión, la ética epicúrea pese a ser una ética hedonista es tremendamente austera, una ética individualista pero solidaria, que parte del lema: “Vive en lo oculto”, porque desprecia las ambiciones y el poder mundanos.
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Enlazar con otro texto:

el pensamiento del pesimismo griego,

https://estherllull.wordpress.com/2010/09/06/el-pensamiento-pesimista-griego/

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