las emociones positivas

Las emociones positivas

Las emociones positivas en principio son las que nos permiten sentirnos felices. Pero las emociones generan fácilmente otras emociones y se transforman de positivas a negativas, y viceversa, con relativa facilidad. Las emociones se alimentan a sí mismas y siguen vivas, aunque sean transformadas en emociones del signo opuesto: el amor puede generar compasión, ternura y alegría; o también desconfianza, celos e incluso odio. Lo más opuesto al amor no es el odio, es la indiferencia. La indiferencia es ausencia de emoción.
El quid de la cuestión radica en reconocer que no existen los estados emocionales neutros. Desde el punto de vista fisiológico y neurológico ninguna emoción es neutra. Las emociones nos afectan positiva o negativamente y con ellas conformamos el ambiente que respiramos en nuestras casas y en nuestros centros de trabajo.
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El flow
El flow (fluir). El concepto de flow, acuñado por el psicólogo Mihalyi Csikszentmihalyi, describe el estado en el que la persona está absorta en una actividad que le produce gran satisfacción, perdiendo así el sentido del tiempo y de cualquier estímulo externo. El flow es una vivencia intensa, pero controlable y no dolorosa.
Es difícil que podamos ser felices sin alcanzar experiencias de flow, pero que estos estados de satisfacción profunda son relativamente sencillos de conseguir si elegimos objetivos claros y acordes con nuestras capacidades personales, que tengan cabida en nuestra vida cotidiana. La felicidad que da la experiencia del flow es más bien retrospectiva: la sentimos cuando salimos del estado de ensimismamiento y concentración del flow.

Se enumeran los siguientes componentes de la experiencia de flow, aunque todos no son necesarios para experimentar el flow.
1.Tener metas claras. Las expectativas y las reglas han de ser nítidas y las metas deben ser realistas de acuerdo con nuestras capacidades y habilidades.
2.Una concentración intensa en un campo de atención limitado. La persona podrá así concentrar profundamente toda su atención y energías.
3.La pérdida de la autoconsciencia, el fundirse la acción y la consciencia.
4.Un sentido del tiempo distorsionado -la experiencia subjetiva del tiempo se altera-.
5.Una retroalimentación directa e inmediata (los éxitos y los fracasos durante el curso de la actividad son evidentes, y el comportamiento se ajusta a medida que ocurren).
6.Mantener el equilibrio entre la habilidad y el reto (una actividad que no sea ni demasiado fácil ni demasiado difícil para el ejecutante).
7.El sentido de controlar personalmente la situación o la actividad.
8.La actividad es intrínsecamente gratificante, por lo que la acción para realizarla es fluida.
9.Cuando las personas están en el estado de flow, la acción se lleva a cabo sin esfuerzo y nuestro foco de consciencia se reduce únicamente a la actividad.

Fomentar la curiosidad.-
Estamos programados, como todas las especies, para sentir atracción por la novedad. Esta motivación innata por la novedad nos empuja a explorar e interactuar con nuestro entorno; así aprendemos a sobrevivir en él. La curiosidad es un antídoto contra la desesperanza y la depresión (ésta se caracteriza por el desinterés por el mundo exterior). Aunque tendemos a creer que aprender es una experiencia compleja que exige mucho esfuerzo, aprender no tiene por qué ser siempre doloroso o difícil si no oponemos resistencia al cambio y si fomentamos el sentido del humor y otras emociones positivas.

Desarrollar la creatividad.-
La creatividad es la capacidad de plasmar ideas y sentimientos de forma original y estética. Es una de las estrategias fundamentales de la evolución natural porque estimula la resolución de problemas y fomenta la mejora del entorno.
Todas las personas nacen con una capacidad creativa que podría estimularse en el sentido que mejor les convenga: artes plásticas, música, literatura, ciencia, manualidades, artes escénicas, gastronomía… En el desarrollo de la capacidad creativa de cada persona está la posibilidad de vivenciar el sentimiento de flow, importante para desarrollar un sentido de conexión con el mundo exterior. La creatividad es también una importante fuente de comunicación con los demás.

Disfrutar conscientemente del momento presente.-
Resulta útil hacer frente de manera consciente a una tendencia escapista muy común: el deseo permanente de adquirir o probar cosas nuevas, que impide a menudo disfrutar del presente. Cuando las personas deciden anclarse en lo positivo que tienen en sus vidas, serenan la mente y posibilitan el disfrute de lo que sí tienen. Ésta es una interpretación constructiva de la recomendación de muchas corrientes religiosas o filosóficas cuando dicen que hay que “renunciar a los deseos”. Estar presentes aquí y ahora requiere no proyectarse de forma constante en el futuro y disfrutar en cambio, a consciencia, de los aspectos positivos que nos rodean, que de otro modo pueden desperdiciarse por falta de atención.

Modificar deliberadamente nuestro entorno.-
Tenemos la capacidad de luchar de manera consciente contra el miedo atávico del humano al cambio, detectar qué eventos o personas nos hacen felices y evitarlos deliberadamente. También podemos desaprender conductas y creencias que nos hacen felices. Esta capacidad es una potente herramienta de cambio y de desaprendizaje en las vidas de los seres humanos.

El dinero no da la felicidad.-
A veces construimos nuestras vidas en función de mitos erróneos. La búsqueda del dinero suele ser uno de ellos. Sin embargo, las investigaciones en este sentido son meridianas: si los ingresos de una persona no alcanzan el mínimo necesario para sobrevivir, el dinero influye poderosamente en su nivel de felicidad; pero en cuanto se sobrepasa este límite el impacto del dinero sobre la felicidad decrece de forma espectacular. Una visión consumista de la felicidad tiene dos escollos contundentes: a medida que incrementamos nuestra renta, necesitamos automáticamente aumentarla de nuevo para volver a sentir la misma felicidad o placer; y la tendencia de las personas a compararse socialmente con los demás crea una frustración que el dinero no puede paliar.

Fomentar el optimismo.-
El optimismo es una característica de la personalidad que filtra nuestra interpretación de los acontecimientos. En general las personas optimistas esperan que el futuro les sea favorable. Este optimismo es útil, porque ayuda a las personas a enfrentarse a las dificultades con fuerza, buscando lo mejor y más positivo de cada persona o situación. La persona optimista suele confiar en sus capacidades y en la buena disposición de los demás.

La persona optimista tiende a intentar encontrar la parte positiva de cualquier situación y busca soluciones para mejorar su vida. El optimismo repercute así en mayores posibilidades de éxito y disfrute personal y a tenor de las investigaciones, en una mejor salud: las personas con altos niveles de optimismo y esperanza tienden a salir fortalecidos y a encontrar beneficios incluso en situaciones traumáticas y estresantes.

Practicar el humor y la risa.-
El humor sirve como una válvula interna de seguridad que nos permite liberar tensiones, disipar las preocupaciones, relajarnos y olvidarnos de todo, afirma el doctor Lee Berk, profesor de Patología en la Universidad de Loma Linda en California, uno de los principales investigadores en el mundo sobre la salud y el buen humor. Según los estudios llevados a cabo por Berk, la risa es una herramienta curativa que fortalece el sistema inmunológico del cuerpo y reduce las hormonas que pueden causar tensiones.
La risa libera endorfinas conocidas como las hormonas de la felicidad, además de serotonina, dopamina y adrenalina. La explosión de carcajadas provoca algo muy parecido al éxtasis: aporta vitalidad -se activan muchos músculos antes inactivos-, energía e incrementa la actividad cerebral. Es un estímulo eficaz contra el estrés, la depresión y la tristeza. Los niños están mucho más dispuestos a reírse que los adultos: un pequeño se ríe un promedio de 300 veces al día, mientras que un adulto lo hace entre 15 y 100.

Soñar.-
Kant afirma que cualquier tipo de pensamiento acerca de la naturaleza final de las cosas sólo puede hacerse por analogía. Joseph Campbell, el mejor especialista en mitos del siglo XX, asevera que el juego del “como si” libera nuestra mente de las presunciones del dogma que pretende conocer las verdades ocultas, y también nos libera de las limitaciones de la razón, cuyas leyes se aplican tan sólo en los límites conocidos de la experiencia humana: “como en el juego infantil, donde no se tienen en cuenta las realidades banales de las flacas posibilidades que ofrece la vida real, existe el impulso espontáneo del espíritu de identificarse con algo más allá de uno mismo, por el simple gozo de jugar, y éste tranmuta el mundo -en el que, después de todo, nada es tan real, permenente, terrible, importante o lógico como parece.”

Fomentar activamente nuestra visión personal.-

Richard Boyatzis, uno de los mejores especialistas del mundo inteligencia emocional y catedrático de la Case Western Reserve University, habla de la distancia que la educación y el estrés crean entre nuestro ser ideal (el que alberga nuestro mejor potencial y nuestros sueños) y nuestro ser real (aquél en el que nos convertimos a medida que asumimos las expectativas de los demás y nos adaptamos a las limitaciones de la vida real). El reto consiste en evitar que estos dos seres se distancien demasiado. Para ello Boyatzis recomienda en su libro Becoming a Resonant Leader (Harvard Business School Press, 2008) una serie de ejercicios prácticos para plasmar en la vida real sueños y aspiraciones.

Convivir con las limitaciones y las restricciones.-
La obstrucción y la frustración dificultan o anulan las posibilidades de salir e una determinada situación. Si uno mantiene una distancia objetiva de un problema, sin llegar a confundirse con él, resultará más sencillo mantener la calma y utilizar las oportunidades que se presenten para resolver el problema.

Para enfrentarse a cualquier cambio suele ser necesario aceptar que no todos los sentimientos, ni los propios ni los de los demás, serán positivos. Esto implica el desarrollo de una cierta tolerancia frente a la frustración y los reveses para poder aceptarlos como parte integrante de la vida. Los reveses sólo son verdaderamente problemáticos cuando la persona no consigue utilizarlos de forma positiva, por ejemplo para detectar o cambiar aspectos de su vida que no lo hacen feliz, estancándose en situaciones negativas sin salida.
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Elsa Punset

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