el discurso de la multiculturalidad

La ley no estigmatiza al inmigrante a quien penaliza es a las mafias, pero la ley lo que produce es una coartada, la de los irregulares, por el modelo de ley, y hasta el derecho al trabajo se regatea y a veces no se respetan derechos humanos fundamentales -la cuestión del reagrupamiento familiar, por ejemplo-.  El modelo de la inmigración es la inmigración invisible, el “Gastarbeiter”, no se quiere inmigrantes sólo mano de obra dócil y barata.
Si no se desea regresar a la neutra indiferenciación del “estado inorgánico” o de los WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant, que después el acrónimo inglés se ha quedado en el nombre de una banda de glam metal: We Are Sexual Perverts o We Are Satanic People) y otros sectarismos con su lógica perversa, incluidos los sectarismos tecnológicos, paradójica conclusión de un hincapié excesivo en la diferencialidad, no queda otra salida que someter la diferencia a la prueba de la universalidad, pues el discurso ético de la multiculturalidad o se universaliza o se pudre en su propio racismo.
Por mi parte, subrayaría el hecho de que detrás del pretendido cosmopolita se esconde a menudo un cosmopaleto, por utilizar un parónimo. Y la razón es que muchas veces ellos han introducido esa visión de progreso de que se habla por el economista observador. Y el único universalismo posible aquí es el del respeto de los derechos humanos.
Aún así este universalismo ha de hacer frente a críticas como aquellas que provienen del incremento y de los cambios cualitativos del fenómeno de la multiculturalidad.
Por todo ello quizá es más fructífero el planteamiento del cosmopolitismo plurinacional por complejización. Este modelo que tiene en cuenta las diferencias entre cultura y civilización puede ofrecer un buen punto de partida para matizar el debate sobre la falsa tensión entre universalismo y exigencias de reconocimiento de identidades particulares.
Hoy día ya no nos podemos aferrar así como así a las entidades de estado-nación, ni tampoco al pequeño postulado de la “preferencia nacional”, ni a esas identidades asesinas como fobotipo: la del otro, la de los nacionalismos periféricos, la de las minorías no integradas, la de los pueblos indígenas que se resisten “románticamente” a la religión de la modernidad -democracia, desarrollo/progreso y derechos humanos-, la de los creyentes de otras confesiones, a los que se los presenta como fundamentalistas, y la de los inmigrantes inasimilables, incompatibles.
Además hay que desechar el modelo robinsoniano, de individualismo posesivo y de neoliberalismo, donde la unica logica es la del beneficio puro, habría que hacer alguna distinción entre cultura y desarrollo de civilización para poder respetar desde el valor de la diferencia lo que también sería el enriquecimiento y la integración para evitar el desarraigo identitario, la clandestinización de ciertas prácticas.
Partir de estos mínimos de justicia, compartidos por distintos Estados, partir de lo que ya tienen en común las diferentes culturas, los diferentes credos religiosos, sería un buen camino para construir esa paz duradera soñada desde mucho antes que nacieran los proyectos ilustrados de paz.
A pesar del empeño por asegurar que los grandes problemas sociales son hoy el racismo y la xenofobia, sigue siendo cierto que el mayor de ellos es la aporofobia, el odio al pobre, al débil, al menesteroso. No son los extranjeros sin más, los diferentes (que somos todos), los que despiertan animadversión, sino los débiles, los pobres.
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Estoy extrayendo también algunas lecciones de Javier de Lucas, filósofo de Valencia, Adela Cortina de Valencia y Javier Muguerza de Madrid.
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El racismo se encuentra en nosotros la mayor parte de las veces de una forma inconsciente y da lugar a multitud de contradicciones antes de desvelarse.
Ciertamente aquí parece que el blanco es el portador y el definidor de la universalidad.
Lo que reivindica en un artículo John Carlin no es sino ser reconocido al mismo título de existencia que lo sería cualquier otro ser humano pero sin reconocer que ello conlleva aceptar las definiciones de la política del color dominante.
Pues afirmar tal no es sino aprobar al vencedor, se podría seguir pensando que del mismo modo que los negros en determinado momento gritaron “black is beautiful” como una forma no menos digna de existir, aún así si es el blanco quien ha inventado las diferencias, empecinarse en su reivindicación, no sería sino otro modo de aceptar las definiciones del color dominante.
Por ello las ambigüedades que originaba el discurso de la diferencia y del estatuto equivalente de la multiculturalidad. Es una cuestión de respeto desde la igualdad pero también desde la definición de la universalidad de la diferencia. De esta forma se garantiza el derecho a la igualdad.
Por ello la reconciliación con esta diferencialidad es absolutamente necesaria en la medida en que ninguna lucha es posible ni nada podría ser construído desde la propia desvalorización, desde la depresión, producto de interiorizar la opresión del otro, el autoodio y la asunción como propia de la inferioridad que se le atribuye.
Y los propios políticos de color podrían también abandonarse a un cierto masoquismo residual que les lleve a pensar que algo anda mal en la salud de la política si creen que la desvalorización del terreno que pisan o que ha cedido ha de regir como una ley social que los ha ascendido a ellos.
Es exactamente lo mismo que ocurre con el discurso de la mujer cuando se hace un discurso escéptico basado en la condición humana de la debilidad universal pero que sólo cede ante el débil en esta tesitura inoportuna de una oportunidad política universal.
Pero si no se desea regresar a la neutra indiferenciación del “estado inorgánico” o de los WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant, que después el acrónimo inglés se ha quedado en el nombre de una banda de glam metal: We Are Sexual Perverts o We Are Satanic People) y otros sectarismos con su lógica perversa, incluidos los sectarismos tecnológicos, paradójica conclusión de un hincapié excesivo en la diferencialidad, no queda otra salida que someter la diferencia a la prueba de la universalidad, pues el discurso ético de la multiculturalidad o se universaliza o se pudre en su propio racismo.
El principio de la ética formulada por Habermas  parte desde la acción y desde la aceptación de un grado de consenso: según ello “moral” es actuar de acuerdo con una máxima que cada uno pueda querer sin contradicción alguna como ley universal, a lo que se añade también: y según una máxima de lo que todos “de común acuerdo” puedan querer como universal.
Por mi parte, subrayaría el hecho de que detrás del pretendido cosmopolita se esconde a menudo un cosmopaleto, por utilizar un parónimo.
Parece sostenible que el único universalismo aceptable es el que sigue la ratio de la universalización de los derechos humanos y del reconocimiento de la condición de sujeto de todo ser humano como tal. Pero este “como tal” a diferencia de lo que a veces se sostiene, no lo hace intercambiable con cualquier otro, sino que subraya su particularidad, que es lo que lo individualiza y por eso no es defendible el modelo robinsoniano de exención de supuestos que hoy nos predican los neoliberales.
Pero con relación a los efectos sociales no es necesario profundizar demasiado para encontrar efectos negativos de esta tensión (o falsa tensión) entre cultura y civilización: clandestinización de ciertas prácticas, aparición del síndrome de resistencia y victimización del grupo frente a la mayoría, perjuicios para la auténtica víctima, que en los casos de escisión ve destruida la unidad familiar y cuestionados sus lazos con la misma familia, experimenta el rechazo del propio grupo y con el rechazo, la negación de su identidad.
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Bueno, para escribir todo esto me estoy basando en lo que han escrito dos filósofos españoles, Javier Muguerza y Javier de Lucas.

La ley no estigmatiza al inmigrante sino a las mafias pero la ley les da una coartada que es posible por los irregulares y por el modelo de ley; hasta el derecho de los trabajadores se le regatea y lo peor es que no se respetan derechos humanos fundamentales; el modelo de la inmigración es la inmigración invisible, el Gastarbeiter, no se quiere inmigrantes sólo mano de obra dócil y barata.

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Parece sostenible que el único universalismo aceptable es el que sigue la ratio de la universalización de los derechos humanos y del reconocimiento de la condición de sujeto de todo ser humano como tal.

Aún así este universalismo ha de hacer frente a críticas como aquellas que provienen del incremento y de los cambios cualitativos del fenómeno de la multiculturalidad. Es más fructífero el planteamiento del cosmopolitismo plurinacional por complejización. Este modelo que tiene en cuenta las diferencias entre cultura y civilización. El universalismo subraya las exigencias de reconocimiento de identidades particulares.

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La pregunta que me formulas así  : ¿Mejora la sociedad humana por creer en el relativismo ético en lugar del universalismo moral?, tal vez también se pudiera formular al revés y no perderí a sentido.

Tal vea estemos en el otro lado, de lo que ganarí amos si en lugar de imponer un subjetivismo o un emotivismo en ética hiciéramos algo más por pretender conducirnos con leyes que estuviéramos dispuestos a convertir tambien en ley universal.
Lo que ganarí amos es que serí amos nuestros propios legisladores. Nos guiarí­amos por una instancia universal y racional que partirí a de nosotros. Es mérito indudable de Kant el acierto singular de haber explicitado la forma de los imperativos morales frente a las máximas meramente prudenciales deriva de esta voluntad autolegisladora un reino de los fines en el cual el ser humano legisla y obedece al mismo tiempo.

La felicidad no es una conquista humana, ni la acompañante inseparable de la virtud, como las éticas ilustradas exigen, la vida humana es destierro, y â??la moral no es propiamente la doctrina de cí³mo nos hacemos felices sino de cí³mo debemos llegar a ser dignos de la felicidadâ??.

De otro modo te contesto en el amplio discurso que le dirijo a mi amigo Daven cuando hablo de la necesaria complementariedad entre neopositivismo y neorromanticismo. En fin, el discurso presenta mucha variedad de soluciones, ya ves, y de disquisiciones que parecen puramente verbales, de ahí  también cuando se nos propone en el Tao abandonar las palabras y regirnos por nuestro silencio interior.

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Creo que debemos abrir la ética a la libertad. 

Por otro parte, no creo que hablar de multiculturalidad suponga renunciar al núcleo de la cultura que acoge a las otras diversidades culturales, puesto que la cultura relevante en este caso no pierde su poder de legislacií³n. Lo que supone la complejizacií³n cultural es precisamente una instancia de legislacií³n que individualice las diferencias culturales preciamente para individualizar al sujeto y para que éste no se refugie en la vida precaria de un guetto econí³mico que de lugar a que surjan determinados focos de violencias o de mafias entre ellos. Por tanto, se tratarí a no de un principio de tolerancia sino de dar un estatus diferencial de derecho que a su vez le permita actuar con sus propios mecanismos individuales y su propia consideracií³n y libertad. 

Mas que de respeto a la tradicií³n, yo hablarí a de cutura. 

Los tabúes son cultura y también viceversa, pues â??una cultura sin tabúes vendrí a a ser algo así  como un cí rculo cuadradoâ??, dice Kolakowoski. Y a nuestra participacií³n en ellos le debemos la misma distincií³n moral entre el mal y el bien, por este orden.

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La gran aportacií³n con Freud consiste en el descubrimiento del “inconsciente humano”, hoy eso es irrefutable, el inconsciente ocupa el mayor lugar en nuestro cerebro. 

Y Freud asumií³ más en profundidad el concepto del inconciente y del superyo de la cultura cuando se dio cuenta de que los lazos que uní an la existencia de los pueblos dependí an de la cultura y con formas del inconsciente de la misma. 
(Vease â??Totem y tabúâ?? y â??Moises y el monoteismoâ??). 

Freud mostrí³ suficientemente la relacií³n entre la progresií³n de la tolerancia y el debilitamiento de los lazos amorosos de los que se alimenta el sentimiento religioso. 

Se refiere, sobre todo, al papel desempeñado por la conciencia de culpa en la constitucií³n moral de nuestra especie tal y como la conocemos. 

La racionalidad por tanto no puede comprenderlo todo, pero de ahí  a otorgarle al sentimiento de culpabilidad el principal papel guiador de la misma es un camino que ya hemos recorrido con dos mil años de religií³n y que no estamos dispuesto otra vez a recorrer. 

Por tanto afirmemos el papel de la cultura pero tambien el racional de la ética.

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El economista observador:

Una de las preguntas habituales de la prensa y los inversores internacionales es porque en España no hay una convulsión social con una tasa de paro del 20%. En las familias españolas ya quedó claro en 1979 y 1992 que el colchón familiar y el estado de bienestar es suficiente para evitarla. En el caso de los inmigrantes tienen también colchón del estado de bienestar pero no familiar aunque todo parece indicar que se están buscando la vida, ya que tras una fuerte caída de las remesas que mandaban a sus países en 2008 desde el pasado verano han vuelto a crecer ligeramente. Los países que reciben inmigración, como es el caso de EEUU, son países de progreso ya que la mayoría de los que vienen es gente emprendedora y que asume riesgos. El drama es para los países de los que se van que pierden a esos emprendedores lo cual limita su crecimiento potencial. Pero qué duda cabe que el fenómeno necesita ser regulado.


Ahora, según la EPA en la página 10, hay 1.1 millones de inmigrantes desempleados lo cual supone una tasa de paro del 30% y parece que el mercado no será capaz por sí sólo de estabilizar ese problema, a pesar de que hay pocas fricciones, y es necesaria la intervención pública.

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“…podían deportarla y le indique otra ruta en la que tardaría más pero asumiría menos riesgos, confirmando que no siempre la línea recta es el camino más rápido”

¿ Ayudando a la gente a infringir la ley? Apología del delito.
O será, … que la ley está mal.

Yo también aconsejo a la gente a que lo haga todo en ‘B’ si puede. ¿Qué sería de este país sin la economía sumergida?
¿Estado de bienestar? ¿Colchón familiar? …, un 25% de economía sumergida.

¿Por qué no puedo facturar directamente en divisa?
¿Por qué las aduanas europeas están unificadas?
¿Por qué del IVA?
¿Por qué de los impuestos especiales?
¿Por qué tengo que pagar un 50% de mi renta al ‘señor Estado”?
¿Por qué tengo que hacer el tejado de mi casa como se le antoja al burócrata de turno?
¿Por qué tengo que aceptar de forma forzosa el dinero fiduciario?

‘malditos liberales”, quieren leyes que se cumplan. No como nosotros, tenemos leyes para no cumplirlas.



No al dinero fiduciario.

Publicado por: Arena | 07/09/10 en 15:03

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Vaya, que de comentarios tan curiosos… uno que es que todo el mundo que viene es chachi piruli y el otro que para que pagar impuestos y demás…
Hombre, no me parece mal que le eche una mana una inmigrante, aunque muchos de esos inmigrantes han hecho bajar los sueldos que algunos españoles se merecerían cobrar. Estoy a favor acoger inmigrantes cuando se pueda, y bien regulado para que tengan unas condiciones laborales dignas. Peor ahora, 1.1 inmigrantes en paro, pues cuando se acabe su permiso pero trabajo ya se sabe, no podemos mantener toda esa gente, y después podremos recibirles otra vez. Hemos recibido muchos más inmigrantes que siguen trabajando incluso en estos tiempos, pues eos serán los que podemos “asilmilar” o mejor, acoger.
El 25% de economia sumergida se debería perseguir todos las fuerzas del estado algo que no veo.

Publicado por: Luis | 07/09/10 en 15:52

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Véase también:

http://klytemmnestra.blogspot.com/2010/09/inmigracion-y-multiculturalidad.html

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lo dijo añadiendo 16 julio 2008 | 8:28 PM

Me gustarí a exponer aquí  también la forma que tiene Wittgenstein de superar ese â??relativismoâ?? en ética, del que al parecer Von Mises no puede despegarse. Y porque ésta es la cuestií³n que parece ha dado lugar a ese forma de incendiar el discurso filosí³fico. Wittgenstein habla desde la filosofí­a del lenguaje y la interpretacií³n del dicurso analí tico.

La posicií³n de Wittgenstein difiere en consecuencia de la del relativista para el que el lenguaje determinarí a lo real y la del absolutista que simplemente invertirí a esta relacií³n.

Wittgenstein no se muestra dispuesto a refrendar que los hechos de la naturaleza determinan completamente nuestro lenguaje, mientras, por otro lado, se resiste a afirmar que los hechos de la naturaleza sean en su totalidad creaciones de nuestro lenguaje.

Un intérprete tan sagaz del pensamiento de Wittgenstein como Derek L. Phillips ha tratado asimismo de reunir los escasos y dispersos pronunciamientos wittgensteinianos sobre la â??historia natural de la especie humanaâ?? con vistas a sugerir partiendo de ellos una tercera ví a entre el absolutismo y el relativismo:
el lenguaje serí a como el hombre un producto a la vez histí³rico y natural, en tanto que histí³rico su consideracií³n nos pondrí a a salvo de cualquier veleidad absolutista, en tanto que natural y dado que -con él- los hombres somos lo que somos y estamos hechos como lo estamos nos permitirí a escapar al relativismo.

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Esto también lo sabe Freud cuando deja dicho que no existe una libertad del inconsciente y que sus pautas y mecanismos se repiten inconscientemente en nosotros.

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Wassiliy

Se trata de un asunto muy complejo, que tiene gran variedad de aspectos.

No estamos hablando de mercancías fungibles que vienen en containers, aparcables en parques logísticos, ni de transacciones monetarias electrónicas.

Los inmigrantes:
– tienen derechos humanos y libertades, así como obligaciones legales
– tienen familias aquí y allí
– deben poder acceder a la sanidad, a la educación y otros servicios, ya sean públicos o privados, salvo que se acepte mantener bolsas de marginalidad
– en muchos casos deben aprender la lengua, usos y comportamientos sociales, leyes, cómo funcionan las cosas en su nuevo país
– compiten con los trabajadores nacionales por vacantes en empleos o ponen negocios que alteran el panorama competitivo existente anteriormente
– aportan su trabajo, talento, conocimientos, cultura, etc.
– pueden ser un puente para exportar a o invertir en sus países de origen
– un pequeño porcentaje de ellos delinque o crea problemas sociales o vecinales o abusa de los subsidios
– sufren el mal trato de algunos españoles que infringen las leyes o atentan contra la equidad (me estoy acordando de aquel trabajador que perdió el brazo en una panadería o negocio similar y sus empleadores lo tiraron a la basura, impidiendo cualquier posibilidad de reimplante)
– pueden tener influencia política en las elecciones municipales
– y otros muchos aspectos que me dejo en el teclado.

Todo esto plantea un gran reto de gestión e incluso sólo para acordar principios básicos aplicables. Y da la sensación de que las autoridades españolas, sean del partido político que sean, no han estado a la altura en la última década —como en tantos otros asuntos.

Pienso que no ha habido una voluntad política de gestionar esto de manera integral, con cabeza, viendo cuáles son las mejores prácticas en otros países o dentro de España para solucionar o mitigar cada necesidad. Y teniendo también en cuenta que muchos españoles han sido emigrantes en el pasado y se puede aprender también de esa experiencia.

Ahora existe una alta tasa de paro, pero, según prevé el grupo de expertos europeos que preside Felipe González, a largo plazo será necesaria más inmigración.

Puesto que la inmensa mayoría de los inmigrantes han venido a progresar económica y socialmente y no desea tener problemas, no me da la sensación de que vaya a haber conflictos muy graves, aunque, si se produce alguno puntualmente, es probable que origine mucho ruido.

Jamás el hombre ha estado mejor considerado. ¿Dónde buscar el origen de visión tan exagerada? Nacido en Chipre, Zenón, padre del estoicismo, era un fenicio helenizado que hasta el fin de su vida conservó su calidad de meteco. Antístenes, fundador de la escuela cínica (cuya versión mejorada o deformada, como se prefiera, es el estoicismo), nació en Atenas de madre tracia. Es evidente que hay algo de no griego en estas doctrinas, un estilo de pensamiento y de vida procedente de otros horizontes. Podría sostenerse que todo lo que atrae y repele en una civilización avanzada es producto de los recién llegados, de los inmigrantes, de los marginados ávidos de deslumbrar…, de un hampa refinada.

El culto de la sabiduría iba a eclipsarse.

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