el factor decisivo en el tiempo de calidad

Ahora te escribo desde el café Landtmann, ya mañana parto hacia Barcelona.

 

 

Quiero dejarte unas palabras de Elsa Punset acerca del “tiempo de calidad”, que ella hace notar entre lo que llama lenguajes del amor. Y me gustaría compartirlo contigo también; ya no sé cuándo hablaremos, pero sobre esto sí me gustaría hablar, desde este lujoso café, tal vez el más elegante de la ciudad, un día en que sí ha salido por fin el sol, porque ayer y antesdeayer se puso nublado y algo con agua por momentos, pero ahora tenemos un sol pero con un frío o viento de fondo, en fin el tiempo es una verdadera incoherencia, tal vez como nosotros también; pero lo que me gustaría es que nos quedásemos con ese contraste del tiempo, que es lo que hace posible también el lenguaje de los sentidos, el despertar del sueño o el soñar despierto que es como nos gustaría.

 

 

El tiempo de calidad es simplemente un tiempo de atención sostenida. En esta sociedad apresurada el tiempo de calidad que compartimos es un regalo generoso porque supone el sacrificio de tiempo para uno mismo. Es más sencillo ofrecer contacto físico y palabras de afirmación a nuestros seres queridos porque no requieren tanto tiempo.

El factor decisivo en el tiempo de calidad no es tanto la actividad que se lleva a cabo, sino el hecho de compartir algo juntos, sin presiones ni obligaciones, por puro placer.

El tiempo de calidad permite aprender a conversar y a escucharse sin prisas, tal vez sin un sentido claro de dónde se quiere llegar, sin un objetivo que cumplir. Nuestro tiempo se mide en función de mi rendimiento y el rendimiento ha de ser evidente.

Con el tiempo de calidad no le pedimos cuenta a nuestro tiempo, lo regalamos por amor.

En una sociedad donde las personas son cada vez más espectadoras en vez de participantes, la atención personalizada es cada vez más importante.

Pero las personas que necesitan especialmente la experiencia del tiempo de calidad para percibir y demostrar amor, emprender este camino compartido con los demás es fundamental. Encontrar el tiempo necesario para conversar es clave para aprender a comunicarse de una forma íntima y sosegada.

Si solamente hablamos con nuestros seres queridos para corregirles, no aprendemos el valor emocional de la atención positiva y concentrada.

Los lenguajes de amor resultan útiles -los actos de servicio, los regalos, el contacto físico, las palabras de afirmación y el tiempo de calidad según ha estudiado el doctor Chapman-. Y son convenientes para desbrozar el camino que nos permite tejer una comunicación emocional directa y crear un ambiente más cálido y seguro para la convivencia diaria y para la resolución pacífica y creativa de los conflictos, que forman parte ineludible de la convivencia humana.

El gesto de cariño -un abrazo, una palmada en la espalda, una caricia, una mirada- ayuda a reconfortar al otro y a transmitirle nuestro afecto de forma casi instantánea. También existen maneras lúdicas de expresar este afecto a través del contacto físico.

Algunas personas evitan el contacto físico o lo convierten en algo puramente utilitario. Despojan así de contacto físico cualquier carga emotiva.

A veces tratamos nuestro cuerpo como una barrera, algo que nos protege de los demás en vez de ayudarnos a comunicarnos.

Porque es directo y cálido, el contacto físico es muy importante cuando una persona está enferma o triste.

Y las palabras son la expresión explícita de nuestra aprobación o desaprobación de los demás. Para expresar nuestro amor a través de las palabras utilizamos palabras de afirmación: elogios, palabras de aliento, palabras de apoyo o de afecto. El poder de nuestras palabras es mucho mayor del que solemos tener en cuenta. Casi todos recordamos palabras fugaces que sin embargo marcaron nuestras vidas de forma más o menos implacable. Como una madre cuando nos dijo que nos teníamos que vestir bien. Los niños creen que pensamos sinceramente todo lo que les decimos.

Si somos conscientes de ello, sopesaremos mejor el poder de nuestras palabras, sobre todo para comunicar amor o desprecio.

Las palabras de afecto, cariño, de felicitación o de ánimo apoyan a los demás de forma positiva.

Tras cada palabra de aliento y de reconocimiento comunicamos en silencio a la otra persona “te quiero y me interesas de verdad”.

Estas palabras alimentan el sentido de valor y de seguridad. Las palabras de amor y cariño se dicen casi sin pensar, pero su huella es duradera. Al contrario cuando las palabras son hirientes y se espetan a raíz de una frustración o enfado pasajeros pueden dañar a nuestra autoestima y hacernos dudar de nuestras habilidades.

Si a pesar de los intentos por evitar las palabras negativas éstas se profieren, es preferible disculparse, decir al niño que se lo quiere y que se está intentando mejorar la forma de comunicar este amor.

Aunque estas palabras hirientes no podrán borrarse del todo, las disculpas sinceras paliarán en parte el efecto negativo.

~

(Elsa Punset)

 

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