Yago, el amigo de Othello

Estoy escribiendo sobre Yago que es el personaje de Shakespeare, claramente dado a las intrigas, en una época la de Venecia, en que se vivía con una gran falsedad, a pesar de sus riquezas e influencias, pero la sociedad estaba corrompida, un poco como ahora pasa, y había también guerras contra los turcos y por ganar el terreno de Chipre, un conflicto que ha seguido hasta cerca de nuestros días.

Bueno pues Othello empieza siendo un héroe, es un hombre sencillo, del pueblo con miras honestas, que se encumbra por su valor, y se ve además deseado por Desdémona, cuyo padre también es arrebatado por celos. Pero en fin, cumple esa función del héroe y si hay algún ciudadano todavía con honor en Venecia, pues tal vez sea él.

Porque realmente lo que se ve es que esta obra está llena de villanos y de ningún héroe, es muy difícil mantener este papel y también lo va a ser para Othello, suponemos que por su carácter de buenos sentimientos, de hombre llano que ha triunfado pero que no es capaz de vencer al impulso de los celos, y se deja llevar por ellos, hasta su final fatal, la fatalidad más cruel, cual es el asesinato de Desdémona.

Todo lo que está haciendo Yago es probar una idea, que el mundo se divide en imbéciles y villanos. Y lo va a demostrar.

Ya que éste que es el único que supuestamente tiene honor (Othello), y de quien se siente profundamente decepcionado, por otra parte, porque no le ha nombrado como su teniente, lo va a volver un imbécil. El caso es que lo consigue.

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Voy a intentar desarrollar este argumento esta tarde aquí, si me da tiempo, creo que sí. Y es cierto que quiero darle vueltas a la cabeza porque son muchas historias, porque estos mitos que traigo simbolizan cosas, espejos humanos donde podemos mirarnos. Lo digo porque sé que alguien ha pensado que yo podía influirle, o que trataba de influir con mis pensamientos o de separarle de alguien, en otro caso, aunque sabes que no, en mi vida lo haría, pero no es eso, es que parecía que lo que quería hacer era infundirle celos acerca de su antigua mujer, cuando a lo mejor todavía él tenía esperanzas, y todas esas cosas son las que han ido empañando nuestra relación, y al final, no obstante, le dejé libre para que viera por si mismo, si ella era la que volvía a despreciarle, de que no había mérito por mi parte alguno, de que quién le iba a pagar una estancia tan larga en los EEUU, todo eso.

E incluso una vez me insinuó para que yo le provocase con mis sospechas, pero yo no le decía ya nada. Pero eran algunos datos, duros por lo demás, su frialdad en no hablar, sobre todo, cuando él nunca fue agresivo con ella, y cuando se ve que sus celos, los de ella hacia él han sido desmedidos y sin objeto real alguno. Todo esto nos pone en la certeza de que estamos ante una mujer desde luego que debe ser temida, y también por mí.

En este caso, alguien quiere volvernos imbéciles a él y a mí, también. Con nuestras elucubraciones o dudas, aunque él ya tiene menos, parece. A mí también me ha llamado mi antiguo amigo para reírse de mí, porque ponía en duda que yo pudiera tener una relación con alguien que fuera mínimamente en serio, y tanto ha dudado que se ha jactado, son tres días seguidos llamándome, cuando me dijo que no me llamaría, ¡hasta dónde llega su nerviosismo!, y todo hasta la insinuación sexual explícita, es decir, hasta lo más bajo para ver si yo caía nuevamente en su historia, que desde luego, es lamentable, porque estuvimos hablando un momento en messenger, porque tiene ya una cámara y al ver sus ojos, sólo pude ver a un niño, y ciertamente eso es lo que él es, que sólo ha aprendido una forma dudosa de ser con la mujer, sin respeto por ella, pero esa es la cultura en la que se ha formado, y no sabe salir, porque quería volver a engañarme una vez más, pero ya no me va a coger por pena, porque no soy tonta.

Y también creo que quieren volverle un poco imbécil a él, creo yo.

Lo que quieren es como Yago, el amigo de Othello, convertirnos a todos en villanos y en idiotas. En tu caso, las provocaciones vienen él cree que de fuera hacia él, cuando es por él mismo que ha ido llegando a una serie de conclusiones, pero después se ha sentido un estúpido por mi culpa, o más bien se ha sentido debilitado o débil, porque se ha dejado llevar por unos deseos, de los que no se tiene que humillar tampoco, porque los dos éramos libres y llevábamos libres más de un año, incluso yo llevaba más tiempo que él. Por eso no debe ahora sentirse débil por mi culpa que es lo que parece, o le vienen esos impulsos de acceso a la debilidad y otros de retroceso si se arroja hacia adelante.

Aquí quieren volvernos a todos idiotas. Ella atacándole a él, incluso con el juez, que eso es lo más despreciativo que ha hecho, por mi parte, lo veo así, que he sido abogada, y ahora parece que todo lo legal es lo mejor, pero aquí hay mucha desconfianza, y qué es lo que habrá pensado ella de él, para actuar como ha actuado, con tanta frialdad.

Cuando tú no le diste motivos para celos, ella los veía, y ahora que tiene motivos para celos, tú intentas ocultárselos como sea, pero ya has visto que a ella todo le da igual. Que fuiste tú quien ya la viste, que había amigas y amigos que te habían hablado de cómo y lo que era ella.

En realidad, aquí no sé quién es más villano, el que duda y desconfía sin motivos o el que tiene motivos para desconfiar y no desconfía y se deja llevar por el desastre, que es lo peor que nos podría pasar a nosotros, si desconfiamos ahora el uno del otro.

Yo no quería hablar de esto ni entrar nuevamente en estos argumentos de celos por mi parte -como si yo fuera el mismísimo Yago hacia él-, porque no, porque voy a quedar muy mal yo, ya lo estoy quedando; como él dice, todo esto sólo se puede ir viendo con el tiempo, la confianza se va ganando con el tiempo y con la perseverancia.

Pero necesito también que tú me entiendas a mí, necesito defenderme, porque todo ahora mismo de lo que habíamos ganado, lo hemos podido perder en un día o en minutos, sólo porque había deterioro, había sospechas, nos mirábamos con debilidad, y el deseo en parte se había desvanecido, creo yo; aunque por tiempos volvía, y eso nos rejuvenecía de nuevo en la pasión, y que se hizo mayor aquí en mi ciudad, por eso, yo confiaba en ti ahora y bueno he visto que no podemos tirar la vida por la borda, que cuesta mucho alcanzar las cosas también y que ninguno de los dos somos personas intemperantes tampoco.

Yo creo que hay todavía muchas cosas que se tendrán que poner en evidencia y que entonces él ya las irás viendo claramente con su tiempo.

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Todo esto se parece mucho a la tragedia de Othello una vez más; y aquí nos vendría muy bien encontrar a un Yago que fuese ese personaje malévolo que nos pusiese detrás de todas las morbosidades, de todas las alevosías e intrigas posibles.

Primero Yago le hace creer que Desdémona está con Casio, su primer teniente, y levanta una sospecha contra él, hasta que termina provocando las sospechas de Othello.

Othello es un hombre sencillo. Es un guerrero, un hombre de honor, tosco, impetuoso y arrebatado, pero en esencia de buenos sentimientos.

Pero Yago tiene algo que el moro no; la inteligencia suprema de la maldad. La intriga de Yago es de tal magnitud y tan finamente planificada que hiere de muerte a Othello. Yago se encargará de mantener la herida abierta para poder torturarlo. Cambios diametrales en la personalidad de Othello se suceden durante el desarrollo de su historia. Antes era fuerte, ahora es básicamente débil; antes era recto, ahora es un criminal; antes era sano, ahora sufre desmayos y se muestra enfermo.

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Y dime tú a mí, si eso no nos puede pasar a nosotros y ya nos está pasando también.

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Cada una de las líneas de Yago es veneno en la sangre de Othello, que es sometido paso a paso a los tormentos más devastadores del alma humana; duda, ira, desesperanza, derrocamiento espiritual. Othello es la víctima suprema de la tragedia y de Yago.

A Yago se opone Desdémona, personaje angelical de suprema bondad y ternura, que, por no sospechar siquiera en la maldad ajena genera, sin saberlo, el fatal desenlace del argumento.

Desdémona es una especie de espectro, un ser que eleva por sobre los demás, quintaesencia del amor, la pureza, la nobleza, la docilidad, la candidez y la castidad. Todos estos encantos se mezclan con su juventud y belleza para convertirla en la personificación más elevada de la perfección femenina. Pero el mundo de los hombres no es un lugar adecuado para un alma tan pura y perfecta y todo el peso del drama cae sobre ella; Desdémona estaba predestinada a morir, ése es su karma.

Pero Yago no es una especie de demonio con aspecto humano, no es el Mefistófeles de Fausto. Yago es esencialmente humano, su infamia lo es, a la vez que sus instintos. Yago es esbelto, atractivo, cordial y de apariencia tranquila y honesta. El único personaje que conoce su verdadera naturaleza es su mujer, Emilia, receptora de la ira de Yago en su forma más brutal.

Como buen actor, Yago tiene la capacidad de cambiar su apariencia y vestirse con la piel que requiera para cada ocasión. Cordial con Cassio, irónico con Rodrigo, respetuoso y humilde con Othello, servil con Desdémona, son todas facetas de un personaje macabro, brillante.

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Yago, con insinuaciones, aumenta los celos de Othello, quien sufre un ataque. Yago hace que Othello se esconda para observar su conversación con Casio, llevada por él malignamente. En realidad, habla con Blanca, pero de modo que Othello piense que se refiere a Desdémona. Blanca entra entonces y devuelve el pañuelo de Desdémona a Casio, quien se va con ella. Othello queda convencido al ver el pañuelo: Yago impide que se incline a la compasión y al perdón, y le incita a estrangular a Desdémona. Entra Ludovico, de Venecia, primo de Desdémona, con una carta en que ordenan a Othello volver a Venecia, dejando a Casio al mando de la flota. Othello abofetea a Desdémona, ya entregado a sus celos, y le dice que se retire. Ludovico piensa que se ha vuelto loco. Othello habla de sus celos con Emilia, quien niega toda culpa por parte de Desdémona. Entra ésta, y también rechaza toda sospecha de Othello. Él se va, y Yago le dice a Emilia que la excitación de Othello está causada por sus responsabilidades de mando. Se queda solo Yago, y entra Rodrigo, quien le reclama que cumpla su promesa de conseguirle ver a Desdémona, a cambio de lo cual le había dado joyas. Yago le persuade para que mate a Casio, ya que así no se podrá marchar Othello, llevándose a Desdémona. Luego, en una escena entre Emilia y Desdémona, ésta canta la famosa canción del sauce, de tristes presagios.y acepta su desvelo.

Vemos aquí hasta dónde llega la capacidad de intrigar y confundir a todos los personajes.

Entra Yago, en camisa, como si se hubiera acostado ya. Casio le dice que Rodrigo le ha herido, sin saber que es el mismo Yago quien lo ha hecho. Yago remata a Rodrigo para que no descubra su intriga. Llega Blanca, y se llevan herido a Casio, quien declara no conocer al hombre ya muerto (Rodrigo) que le atacó. Yago hace que le retiren. Llega Emilia, ante la cual Yago echa la culpa de la pelea a Blanca. En la alcoba de Desdémona, entra Othello con una luz y la despierta. Othello la acusa de infidelidad y, a pesar de sus negativas, la estrangula. Antes de que muera, entra Emilia para contar la riña en que fue herido Casio, pero la interrumpen los gritos finales de Desdémona (“¡injustamente asesinada!… Muero con muerte inocente”), la cual, sin embargo, muere sin acusar a Othello. Éste declara a Emilia haberla matado y explica su motivo, la imaginada infidelidad. Emilia defiende la inocencia de Desdémona y, al saber que todo se basa en el testimonio de su marido, Yago, afirma que éste miente, y cuando le ve aparecer, junto con Montano y Graciano, le emplaza a que diga la verdad. Emilia aclara la historia del pañuelo perdido; Yago la mata entonces, furioso de que le descubra en sus intrigas. Entonces hacen prisionero a Yago, y traen también a Casio, herido, para que se aclare todo. Othello, desesperado, hiere a Yago y se da muerte a sí mismo.

Este sería el desenlace fatal de la obra.

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Pero ¿ves lo que pasa cuando se desconfía de la persona que quieres? Confías en cualquier otra, antes que confiar en quien hasta ahora no ha tenido ninguna pretensión ni tiene ningún interés, en quien menos debes pensar. Pero ahí es donde pensamos, porque es donde ponemos el objeto de nuestra debilidad y de nuestro deseo.

Siempre culpamos a la persona que nos hace sentir débil en este caso, o que nos hace ser vulnerables hacia ellos, en este caso, la mujer representa este papel para Othello.

Y él se defiende vengándose contra aquello que es su deseo. Y no puede reaccionar hasta el final, que es cuando escucha a Emilia y se fía entonces de las palabras de aquella mujer que le descubre el engaño del pañuelo diciéndole que se había perdido.

Pero todo está preparado con astucia para la intriga. Pienso que lo terrible de esta obra no es solamente la exposición de los estragos que los celos ocasionan en el alma, sino lo psicológicamente cerca que estamos de Yago. Es un despliegue de sadismo por parte de Yago, un personaje nefasto que se deleita con la decadencia de un héroe.

La verdadera tragedia es la de la inteligencia y la astucia puesta al servicio del mal. Los buenos en esta historia no alcanzan la heroicidad.

Se trata de una historia que incluye un villano terrible y que carece de héroes. Othello podría haber ocupado ese puesto, pero le vemos corromperse cada vez más, hasta un límite repugnante. La obra también podría haber sido la historia del triunfo del mal si las cosas le hubieran salido bien a Yago, pero incluso Yago es puesto en ridículo sobre el final. ¿Entonces que nos queda? Pues, nada. Puro nihilismo. Los frutos amargos que engendra toda pasión degenerada.

Y a eso es a lo que nos estamos obligando nosotros, por todos los personajes de los que nos estamos rodeando, por su morbosidad, veo yo, en esta historia. Por su parte y por la mía. Por no saber confiar, o querer confiar, porque siempre que damos un paso hacia delante damos dos hacia atrás.

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