las cosas con unas referencias y el control del poder y de los ídolos

virginiawoolfMe gustaría decir también algo hasta ahora, yo creo que hay que ver las cosas con unas referencias, y hay que situar la cuestión del control del poder y de los ídolos, dicho sea de paso.

Yo me hallaba estudiando ahora a Nietzsche, precisamente el filosofo de la voluntad de poder; todos hemos sentido este poder ahora con la conjuncion marte saturno, pero realmente se ve el poder de la perversión del poder, con su lógica. Como dice Jose Antonio Marina, el filósofo español:“El poder deja de ser un medio para conseguir algo, para convertirse en deseable por sí mismo. Quiere dominar por el hecho de dominar. La prolongación de la realidad mediante la irrealidad, la explosión simbólica, introduce al ser humano en un mundo inventado por él. Los mecanismos del poder van haciéndose cada vez más simbólicos, más ficticios. Lo importante no es el poder que tienes, sino el que tu enemigo cree que tienes. Comienza el juego de la astucia y, también, el juego de las persuasiones y de las legitimaciones. El poder deja de ser instaurador de lo bueno, definidor del orden, y tiene que someterse a criterios ajenos de bondad. Sufre de dos maneras esa expansión dislocada del deseo.”

Pero como diría Nietzsche, las fuerzas reactivas atacan a las activas. Aunque esto está por ver, porque Nietzsche habla de Sócrates en su Crepúsculo de los ídolos, y compara a Sócrates con un bufón; Sócrates evidentemente es el que encarna el papel de las fuerzas reactivas por varias razones, porque él siempre llega tarde a los discursos frente a los sofistas y se muestra rezagado, porque también él procede del pueblo o del populacho, como dice Nietzsche, y porque es feo, es tan feo que no parece un griego, parece que viene de un mestizaje; pero Nietzsche se regodea en todas estas razones, porque tampoco cree en la verdad inmediata; él cree como Sócrates que la verdad se encuentra mediante el diálogo, y que en cierta forma con Sócrates el gusto aristocrático se decanta por la dialéctica, el gusto griego vence hacia la retórica, y esto supone que vence la plebe, según Nietzsche. En realidad Nietzsche juega siempre con estos caracteres, él mismo busca las fuerzas activas a las que les atribuye el arte, la fuerza, la belleza pero busca lo que las impone a las fuerzas reactivas; siempre esta sosteniendo esta lucha, en sí; que obedece a la voluntad de poder, según él, pero que se manifiesta en razones genealógicas de poder.

Y él lo que dice es que Sócrates siempre llegaba tarde a los discursos, hacía como que no se enteraba, porque les pedia a los sofistas que volvieran a resumir su discurso poque sabía que ya no causarían el mismo efecto, por las palabras, a las que atribuía poderes de sensación; y Nietzsche dice: “Con la dialéctica, la plebe se sitúa por encima. Lo que ha de ser demostrado para ser creído no vale gran cosa. En todo lugar donde la autoridad sigue siendo respetada, allí donde no se razona, sino que se manda, el dialéctico es una especie de bufón. Se ríen de él, no le toman en serio. Sócrates fue ese bufón que hizo que le tomaran en serio.”

Y ¿qué es por otro lado lo que está pasando hoy día? Pues por un lado vemos que ante el exceso de poder la historia nos enseña que no podemos anularlo, porque vuelve a aparecer camuflado en otro, que lo mejor es controlarlo; y tenemos frenos y controles legislativos. Mientras que por otro lado, hay que traer al imprescindible Hobbes para darse cuenta de que dependemos de otras personas para satisfacer nuestros deseos, lo que significa que a más deseos más dependencia y en sentido contrario, más necesidad de generar sobre ellas poder. Porque el mismo deseo de poder está sometido a la ley de expansión de los deseos, y al convertirse éste en un deseo autónomo, sin fin y sin objeto, adquiere multitud de formas y se vuelve contradictorio. Los modos de dominación se hacen extensos y retorcidos. Entramos en plena dramaturgia del poder. Dentro de la estructura social, el poder aparece como una necesidad y como una amenaza. Y esta ambivalencia pone en marcha una historia del poder y de la obediencia que puede interpretarse como la aventura metafísica del ser humano, por su empeño en rediseñarse como especie.

Hoy realmente la cuestión del poder está en la cuestión de control. Continúo con lo que nos dice Jose Antonio Marina: ““Curiosamente, la psicología cognitiva también retomó la idea de control. Se inspiraba en la metáfora del ordenador, y la informática, que ya había progresado mucho, al diseñar las complejas arquitecturas de los ordenadores llegó a la conclusión de que unos niveles tenían que controlar a otros. Uno de los padres de la inteligencia artificial -Herbert Simon- mostró en Las ciencias de lo artificial que todos los sistemas ultracomplejos necesitan tener estructura jerárquica. Y uno de los padres de la psicología cognitiva, Ulric Neisser, extendió esta idea a la psicología y concluyó que el funcionamiento mental, por ejemplo el uso de la memoria, exigía admitir algún control de tipo superior. No paraba ahí la cosa, porque en esa época yo estudiaba neurología y el problema del control de la acción me apasionaba. Leí con fascinación los trabajos de Luria, Fuster y Damasio sobre el lóbulo frontal, que juega el papel de controlador de nuestro complejísimo sistema cerebral.”

Aquí en un sentido muy amplio, control significa un proceso que rige o determina otro proceso. Quien tiene el control de algo introduce las señales (inputs) que van a desencadenar o modelar la actividad (outputs). En un sistema complejo el equilibrio se mantiene por un sistema de controles recíprocos. Así el número de conejos controla el número de aves rapaces y el número de aves rapaces controla el número de conejos. Si por alguna razon externa -el exceso de caza o la mixomatosis- cambia uno de los elementos -en este caso el numero de conejos- el otro elemento queda afectado.

Ahora se entiende por qué el poder hoy día, por los sistemas complejos que ha creado de inputs y outputs es muy difícil de controlar por sí mismo. Por eso también hoy día en la definicion de poder se pone el énfasis no solo en la idea de control sino de “decisión”. Hay muchas definiciones, está la clásica definición de Max Weber, en su obra Economía y sociedad, de poder como “la probabilidad de imponer la propia voluntad, en una relación social, aun contra toda resistencia, y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad”; pero están ahora las definiciones más actuales que se basan en el control, como decimos. Por ejemplo “el poder es la habilidad para controlar el proceso de tomas de decisiones en una comunidad”, dice William V. D’Antonio; “poder es el control ejercido sobre la actividad de otro mediante la utilización estratégica de recursos”, dice Giddens.

Y lo importante aquí es darse cuenta cómo el poder actúa tambien en nosotros hoy día, cómo otorgamos o sentimos que estamos inmersos bajo este poder de control. Y no sé hasta qué punto podemos sentirnos sumergidos o zarandeados. En cierta forma yo creo que nos sentimos abandonados hacia él, que formamos parte de un proceso inconsciente mayor, que la realidad se nos oculta o se nos desliza por medio de este proceso mayor.

Un filósofo americano, de prestigio, Ronald Dworkin, en su libro “Virtud Soberana” nos dice: “Vivir bien tiene una dimensión social, y no vivo tan bien si vivo en una comunidad en la que otros consideran que mis esfuerzos por llevar una buena vida son empeños que carecen de importancia. En realidad, resulta insultante para todo el mundo un sistema político y económico consagrado a la desigualdad, incluso para aquellos cuyos recursos se benefician de la injusticia. En el modelo del desafío, el autointerés crítico y la igualdad política van de la mano. Hegel dijo que amos y esclavos están en la misma cárcel; la igualdad abre las puertas de su celda.”

En conclusión, no sé por qué me meto siempre en tanta filosofía. Tal vez este autor americano que es uno de los adalides de la teoría de la igualdad de recursos, cuando habla de otros tipos de mercado como sistema de asignación de recursos, y habla de “mercados hipotéticos”, así como de mercados de seguros, está volviendo a crear una temible burbuja de esas hipotéticas a las que estamos acostumbrados hoy día y que no sabemos adonde nos va a llevar esta vez; quizá sería bueno, establecer un mercado hipotético -no digo que no- tal y como están las cosas, sobre todo para el ahorro y la inversión. Porque sería impensable vernos arrojados en una deflación, y con una moneda así que está siendo fuerte de nuevo, donde no podríamos exportar o qué hacer si no, si tenemos que competir con el comercio interregional de otros países y algunos nos roban el turismo como sigamos abandonando este a las fuerzas del mercado; habrá que manipular el mercado, ¿no?

Realmente es un juego de equilibrio de poderes. Jeremy Bentham o James Mill sugieren denominar al modelo de democracia que proponen “democracia como protección”, precisamente porque la entienden como un mecanismo político que permite al hombre de mercado defenderse de la rapacidad de los gobernantes. Los hombres -opinan estos autores- tienen una natural tendencia a apropiarse de cuanto pueden y si los ciudadanos no dispusieran del mecanismo del voto para defenderse de los gobernantes, estos los despojarían de todos sus bienes. Parece que si la democracia nació también como un modo de defender alos ciudadanos frente a los gobernantes, el Estado-Providencia elimina los frenos de la democracia originaria y entra “a saco” en aquel ámbito que los ciudadanos habían reservado como “sagrado”.

El Estado nacional -afirma Drucker- que nació para ser el guardián de la sociedad civil, se ha convertido en los últimos cien años en ese megaestado que se adueña de la sociedad civil, hasta el punto de que el “megaestado” llega a creer que los ciudadanos tienen sólo lo que el Estado, expresa o tácitamente, les permite conservar. La expresión “exención fiscal” es suficientemente expresiva al respecto, ya que da a entender que en principio todo pertenece al estado, al menos que haya sido designado especialmente para ser retenido por el contribuyente. El megaestado degenera necesariamente en estado electorero, porque dispone de los medios necesarios para comprar votos.

Perdonad que me alargue aquí tanto pero estos temas ocupan ultimamente mi tiempo. Me gustaría también encontrar un sentido también al poder. Casi siempre hoy está en la idea de “autocontrol” o de liberarse a sí mismo de controles externos, también por la psicología evolutiva que así lo ha llamado, como una lucha por la libertad. Se supone que los automatismos fisiológicos o la caída en las pasiones -como decían los clásicos- no nos hacen dueños de nuestros actos. Pero el poder siempre tiene esta ambivalencia de control y de fuente de libertad, al mismo tiempo.
~

Publicado por: virginiawoolf | 05/08/10 en 14:02

lo dijo Cósima 05 agosto 2010 | 3:48 PM

Sócrates y el poder de la dialéctica, me ha impresionado, pero es cierto que las fuerzas de la democracia se generaron a raíz de una cierta decantación hacia lo popular, hacia los sofistas también si se quiere. Y que este gusto si se volvió aristocrático al mismo tiempo es porque encarnó una fuerza activa también en la lucha de poder, sin duda.

un saludo, amiga!

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lo dijo ishtar 05 agosto 2010 | 9:05 PM

más que una lucha de poder, quizá una forma de anarquismo, de disgregación afectiva en lo social, en lo político y lo psicológico.

Y nos encontramos con el gravísimo problema social del cansancio, la desorientación que se observa en los individuos cultivados, entumecimiento, cansancio, soledad estéril; y en la masa lo que se pide es cauce, pero es sed de violencia también, de sensaciones, de palpitaciones.

Si triunfa una determinada cultura, como es la cultura liberal o el liberalismo, que por una parte afirmó los derechos del hombre, pero que por otra se contradice consigo mismo, por haberse cerrado la economía, porque se ha agotado su manantial; y es que los postulados espirituales del liberalismo no pueden realizarse con la economía liberal.

Nos encontramos con un horizonte cerrado, con un liberalismo preso en su misma contradicción y no parece haber un hilo conductor que nos saque afuera del laberinto.

El punto de equilibrio estaría en la libertad -social, política, ética y metafísica- , pero ha de ser libertad ” a partir de “, ” a base de ” , y no libertad en el vacío.

Porque toda contradicción se resuelve ahondando, mirando donde se confunden las raíces del problema.
Y el individuo se encontrará libre a partir de su dependencia respecto a algo superior de lo cual emerge parcialmente.

En la esfera ética precisa de autonomía, pero este sentir habrá sido gesto a partir de otros valores superiores suprahumanos o humanos.

Porque el hombre recibe un influjo, y otra esfera es que bajo él, en independencia, crea. Y aquí subsiste el reino de la naturaleza y el de unos valores.

Por eso la política necesita de la absoluta libertad de expresión. Y aquí la dialéctica desarrolla su poder. Y a veces lo que tenemos ahora formulado es una disyuntiva entre el liberalismo y su base económica, el capitalismo; y uno no puede realizarse a través del otro.

Y en estos momentos hablar de una democracia no es creíble por esto mismo, porque la base espiritualizada del liberalismo, de los valores humanos, falla; luego todo está dejado a la mano de la democracia económica. Y aquí la dialéctica no cobra un nuevo sentido, no es una lucha de poder, sino que se desintegra, se vuelve estéril.

En fin, estamos bajo el triunfo de otras fuerzas reactivas, aniquilidoras y destructoras, que deberán hacer emerger en algún equilibrio, para poder hablar de nuevo de libertad, de búsqueda de la verdad con Sócrates.

Gracias, un besito!

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