la crítica total de la razón, Nietzsche rechaza todo sistema moral

Nietzsche rechaza violentamente todo proyecto de mejora del mundo. Y se le suele tener por el “inmoralista” por excelencia, que nunca dejó de arremeter contra la caridad, la compasión y el altruismo en todas sus formas, cristianas o no.
Nietzsche detesta la noción de ideal, él es, por ejemplo, de los que no comulgan con las primeras manifestaciones de un humanitarismo moderno tras el que sólo percibe un débil aroma a cristianismo:
“Proclamar el amor universal a la humanidad supone, en la práctica, dar preferencia a todo lo que es sufrimiento, desgracia, degeneración. Lo que conviene a la especie es que la desgracia, la debilidad y la degeneración perezcan.”
Si la vida no es más que un conjunto de fuerzas ciegas y desgarradas, si nuestros juicios de valor no pasan de ser emanaciones, más o menos decadentes quizá, pero en todo caso privadas de cualquier tipo de significado, al margen de ser síntomas de nuestra calidad de seres vivos, ¿por qué esperar de Nietzsche la menor consideración ética?
En el marco de las enloquecidas protestas de mayo de 1968 se ha querido leer a Nietzsche en el sentido de como si fuera un rebelde, un anarquista, un apóstol de la liberación sexual, de la emancipación del cuerpo.

(nota: Hemos tocado el problema de un Prometeísmo en el hombre. A veces un humanismo radical nacido para sustituir a la religión de la sumisión del hombre a la tiranía de dios ha acabado por amenazar al género humano con una esclavitud mayor que la que nunca otra religión había alentado.

Al hacer a la gente agudamente consciente de la contingencia y la finitud de la vida, de la corruptibilidad del cuerpo, de los límites de la razón y del lenguaje, del poder del mal en nosotros, y al concentrar esa consciencia en la doctrina del mal o de la culpa se enfrentó el hombre religioso al prometeísmo de la ilustración y hubo de ser inevitablemente reprendido por su inclinación antihumanista. Aún así también todo sentimiento humanista radical puede hacer que nos olvidemos de los lazos reales y el sustrato subconsciente que liga a la cultura.
Por tanto debo decir que no podemos escapar a la influencia del inconsciente humano, de forma que actuamos y reaccionamos automáticamente y sin darnos cuenta de las cosas que pasan o suceden, como un mecanismo de conservación humano, y mucho de esto tiene un reflejo en un sentido de tabú o en un mecanismo de cultura, a la vez que en un instinto de supervivencia, y no podemos saber por qué actuamos así, tal vez mejor no saberlo porque ello está en función de otras leyes que tienen que ver con la vida y la reproducción de la misma.
No hemos por tanto tampoco ser especialmente aflictivos a todo lo sensible, sino tomarlo como una parte más de nuestro conocimiento e intuición.)
(Pero además de la presencia de semejantes izquierdas y derecha “hegelianas” residuales, Habermas no puede por menos constatar la de un inquietante “tertium quid” que, más que por su oposición a Hegel, habría que caracterizar en opinión de aquél por su reacción frente a la Ilustración, por lo que no vacila en calificar a sus representantes como “contrailustrados”, “antiilustrados” o “postilustrados”. En resumidas cuentas, postmodernos.
La postmodernidad que Habermas descalifica como irresponsable o perezosa renuncia a proseguir el proyecto de la modernidad, cuando no como predisposición abiertamente retrógrada a hacerlo fracasar, incluye tanto a Heidegger como a Bataille, Foucault o Derrida, a la cabeza de los cuales -en el papel de gozne, “tornavía” o guardaagujas responsable del cambio de dirección operado en el pensamiento de este siglo- habría que situar en el siglo pasado a Nietzsche, cuya influencia sobre Adorno y Horkheimer es subrayada un tanto maliciosamente, con la finalidad, al parecer, de marcar distancias entre su “dialéctica de la ilustración” y la habermasiana.
La razón exclusivamente fundada en el principio de subjetividad y en su transición al “nosotros” hegeliano, se reducirá para Nietzsche a “pervertida voluntad de poder” y, ya en nuestros días se ha visto sucesivamente sometida a la reivindicación de “lo heterogéneo” o irreductible a la razón como en Bataille, a la purga de toda pretensión racional de validez en el discurso que acompaña al “desenmascaramiento de las ciencias humanas” por parte de Foucault, o a la denuncia del “logocentrismo” a manos de Derrida.)
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Aunque no se comprenda bien su obra, basta con leerla para constatar que esta hipótesis no sólo es absurda, sino que está en las antípodas de todo aquello que creía. No deja de decir, alto y claro, que él es cualquier cosa menos un anarquista, como demuestra este pasaje de su Crepúsculo:
“Cuando un anarquista, como vocero de capas sociales decadentes de la sociedad, reclama, haciendo gala de una bella indignación…
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la crítica radical de la metafísica

es como hacer virtud de la necesidad:) ¿Acaso no hay que tomar en serio, por ejemplo, la alusión a la “realidad del escepticismo o de un relativismo capaz de disolver cualquier verdad”? -Antes incluso que la aceptación de la autocontradicción o de la falsabilidad de la ciencia- 😉 de este modo cortamos el nudo gordiano en vez de desatarlo.;) de todas formas hoy todo quiere parecer científico, la ciencia es lo único que avanza, pues la política no parece querer hacerlo. – sylphide * (modificar | eliminar)
Se trataría ahora de mostrar que la reflexión sobre las presuposiciones de la forma reflexiva filosófica de los discursos encaminados al entendimiento (la conciencia metafísica), lejos de ser “improductiva”, pone en libertad justamente aquellas normas intersubjetivamente válidas de la razón práctica y de la reconstrucción hermenéutico-crítica de la historia:) y la reflexión -”hermenéutica” sobre el acontecer del sentido y de la verdad de comprender históricamente situado tampoco está en condiciones de descubrir. 😉 ni tampoco se puede comparar al ideal de objetividad de la ciencia natural basado en la suposición de un objeto de conocimiento homogéneo ya acabado y que sólo hay que investigar progresivamente:) – sylphide * (modificar | eliminar)
por tanto vuelvo a lo mismo, a la conciencia autorreflexiva y metafísica:) la ciencia occidental no puede pensarse con independencia de la metafísica en Occidente, ni en sus hipótesis sustanciales globales de explicación del mundo, ni en sus presuposiciones lógico-trascendentales (no empíricas) 😉 – sylphide *(modificar | eliminar)
De esta idea puede deducirse el motivo de una crítica radical de la ciencia y de la filosofía, a saber: la sospecha de que ha sido precisamente la forma de pensamiento de la metafísica occidental -la forma de pensamiento del ocultamiento del ser en la forma de ideas (Heidegger) o conceptos referidos al logos- la que ha hecho posible el problemático saber de dominio de la ciencia moderna o, dicho de otro modo, la técnica. – sylphide * (modificar | eliminar)
la prueba de ácido está aquí: en las precondiciones de la preestructura del discurso dirigido hacia el entendimiento sobre algo: las precondiciones reflexivo-trascendentales del discurso racional del argumentar.- Post ultimo de mi livejournal: http://ishtar-sylphide.livejournal.com/45701… 😉 – sylphide *(modificar | eliminar)
Sí, tendremos que cortar con la navaja de Occam pues no se trata de las precondiciones de todo intento humao de comprender, sino tan solo de las condiciones trascendentales de posibilidad del comprender válido o no válido:) que son condiciones de posibilidad de la validez intersubjetiva de la comprensión o en general del conocimiento:) – sylphide * (modificar | eliminar)
una crítica coherente de la metafísica en la modernidad deberá evitar la crítica “total” de la razón, sólo le estará permitido criticar lo que la metafísica tradicional tenía de dogmática y de acrítica porque se enunciaba sin reflexionar suficientemente sobre las condiciones de posibilidad de la propia validez.:) -sylphide * (modificar | eliminar)
Aquí topamos con un déficit de reflexión en Wittgenstein, ligado a su predilección útil en muchos aspectos por la mera descripción de ejemplos. Ciertamente mediante el análisis de ejemplos se puede oponer un eficaz correctivo a los prejuicios apriorísticos y las generalizaciones precipitadas de la filosofía sistemática:) – sylphide * (modificar | eliminar)
pero de este modo no es posible hacer inteligible la pretensión específica de validez de toda proposición filosófica también de las proposiciones en que se sustenta la crítica del lenguaje o del sentido 🙂 – sylphide * (modificar | eliminar)
no he leído sus investigaciones ni el tractatus como libro pero sí he leído un libro que tengo de recopilación de párrafos acerca de sus libros y de su cuaderno azul, y sé como escribe y lo que es el segundo Wittgenstein respecto al primero:) pero voy a escribir otro post que hace la crítica definitva a Wittgenstein:) y tambien de paso a Heidegger 🙂 voy escribiendo filosofía como puedo:) – sylphide * (modificar | eliminar)
La relevancia del principio de autoalcance de la reconstrucción de la historia se pone sobre todo de manifiesto cuando lo confrontamos con los intentos característicos de toda la modernidad (e irónicamente característicos también de la crítica total a la razón en el postmodernismo) de ofrecer una explicación reduccionista naturalista de la historia del espíritu a partir de motivos causales externos. Al confrontarla, por ejemplo, con el intento de Nietzsche de cuestionar genealógicamente todas las pretensiones de validez de la razón humana (verdad, rectitud moral y finalmente también la veracidad que durante tanto tiempo reivindicó para sí -la “sinceridad” de Nietzsche-)., Frente a estos intentos (condenados a la contradicción performativa) de sustituir comprensión por explicación, el principio de autoalcance de la reconstrucción no exige renunciar a explicaciones externas pero sí subordinarlas y postergarlas a la comprensión en el sentido de una reconstrucción racional valorativa. – sylphide * (modificar | eliminar)

Karl otto apel

Para reparar estos déficits y pensar hasta el final de forma más radical la idea de la filosofía trascendental, es menester, en mi opinión, una nueva transformación de la metafísica: esta vez también de la forma kantiana de la filosofía trascendental.
Tal transformación se apunta ya en Charles Peirce, el fundador del pragmatismo. Él fue el primero que concibió, en su “clasificación de las ciencias”, la necesidad que estoy postulando de dos transformaciones complementarias de la metafísica tradicional.
A saber: una metafísica hipotético-falibilista que presupone, por su parte, una transformación de la lógica trascendental de Kant en una lógica semiótica y normativa de la investigación.
Pero en mi reconstrucción de las aporías de la crítica de la metafísica, resta todavía una breve pero enérgica alusión a la forma hoy dominante de la crítica de la metafísica: la de la “destrucción”, “deconstrucción” o “torsión” (Verwindung) de la metafísica por medio de un “pensar” posmetafísico y acaso posracional.

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Un pensamiento en “la crítica total de la razón, Nietzsche rechaza todo sistema moral

  1. hola
    muchisimas gracias por darme tu mamil que padre y que buena onda todas tus ideas osn muy buenas y tienes mucha razon el cionocer las opiniones de otros nos hacen aprender cosas nuevas…..!!!!!!!!
    =)
    saludos!!!!!!!!
    gracias
    bye bye….
    stamos en contacto

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