cómo nace la dialéctica

virginiawoolf:
2 Agosto 2010 a las 1:22 pm

esto creo que enlaza también con el post anterior sobre mecánico y orgánico. Hay fuerzas que son entrópicas, pero hay otras que son trascendentes, que regeneran, que se espiritualizan y pueden transformarse.

Pero aún así, ciertamente a mí me has cogido leyendo a Nietzsche, en su Crepúsculo de los dioses, el capítulo que dedica a Sócrates. Bueno, Sócrates según Nietzsche encarnaba el papel de las “fuerzas reactivas”, frente a las fuerzas activas, que éstas tiene que ver con el espíritu aristocrático, la belleza, la fuerza y todo aquello que no necesita demostrarse para valorarse. Mientras que Sócrates siempre llegaba tarde a los discursos, quería demostrar la verdad mediante el diálogo, no creía en el efecto de las palabras que causaban los sofistas, por eso siempre se hacía el que no se enteraba y les volvía a repetir a los sofistas que resumieran su discurso, porque sabía que ya no causarían el mismo efecto. Y esto es lo que dice Nietzsche de Sócrates:

“Sócrates pertenecía, por su ascendencia, a lo más bajo del pueblo: era del populacho. Se sabe, incluso se ve todavía, lo feo que era. A fin de cuentas, ¿era Sócrates realmente un griego? A menudo la fealdad es expresión de una evolución cruzada, obstaculizada por el mestizaje. Con Sócrates, el gusto griego se altera a favor de la dialéctica. ¿Qué es lo que ocurre exactamente? Ante todo se vence el gusto aristocrático. Con la dialéctica, la plebe se sitúa por encima. Lo que ha de ser demostrado para ser creído no vale gran cosa. En todo lugar donde la autoridad sigue siendo respetada, allí donde no se razona, sino que se manda, el dialéctico es una especie de bufón. Se ríen de él, no le toman en serio. Sócrates fue ese bufón que hizo que le tomaran en serio.”

En fin, en fin, aquí hay muchas cosas, muchos elementos de esa crítica de Nietzsche hacia todo lo que viene de abajo, pero realmente, está jugando como él siempre juega con las palabras; porque Nietzsche tampoco hace caso de las fuerzas activas o de la verdad inmediata, pero está jugando un poco con todos; lo importante es ver cómo nace la dialéctica, con el juego con que él lo concibe en este texto. Casi siempre poniendo dificultades y rodeos.

Bueno, gracias, un saludo afectuoso!!

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Luc Ferry dice:
Cuando afirmo que Sócrates está por encima de su interlocutor quiero decir que no están al mismo nivel; aunque Sócrates pretenda ser igual que ellos, va por delante, como el maestro respecto a sus discípulos. Es lo que los románticos alemanes denominaron “ironía socrática”: ironía, porque Sócrates juega un poco y no sólo está por encima de los que le rodean, sino que, sobre todo y al contrario que su interlocutor, sabe perfectamente el papel que juega.
Y ésta es la razón por la que Nietzsche considera que su actitud es esencialmente negativa o reactiva. No es ya únicamente que la verdad que busca no se pueda alcanzar más que a través de la refutación de las opiniones de otros, sino que, yendo más allá, se puede decir que nunca arriesga nada, que no se expone, no propone jamás nada positivo. Se limita a contentarse, siguiendo el famoso método de la mayéutica (el “arte de parir”), con poner a su interlocutor en dificultades, con hacerle contradecirse a sí mismo para que pueda dar a luz, con hacerle contradecirse a sí mismo para que pueda dar a luz, precisamente, a la verdad.
En el corto capítulo de Crepúsculo de los ídolos dedicado a Sócrates, Nietzsche le compara con un torpedo, ese pez eléctrico que paraliza a sus presas. Pues el diálogo sólo progresa refutando a los demás, sólo así se puede intentar alcanzar, al final, una idea más precisa. Luego esta última se contrasta con los lugares comunes a los que refuta, como lo coherente se opone a lo contradictorio. La verdad nunca aparecerá de forma directa o inmediata, sino siempre indirectamente, por medio del rechazo a las fuerzas de la ilusión.
Ahora se percibe el vínculo que existe en su espíritu entre la pasión socrática por la verdad, la voluntad de buscar esa verdad de forma filosófica o científica, y la idea de “fuerzas reactivas”.
En opinión de Nietzsche, la búsqueda de la verdad se efectúa de forma doblemente reactiva, pues el verdadero conocimiento no se construye solamente en el seno de un combate contra el error, la mala fe y la mentira, sino, de forma más general, en una lucha contra las ilusiones inherentes al mundo sensible como tal. En efecto, la filosofía y la ciencia no pueden funcionar más que oponiendo el “mundo inteligible” al “mundo sensible”, de manera que el segundo se vea inevitablemente desvalorizado por el primero. Éste es el punto crucial en opinión de Nietzsche.
Lo que Nietzsche reprocha a todas las grandes tradiciones científicas, metafísicas y religiosas (y está pensando especialmente en el cristianismo) es haber menospreciado el cuerpo y lo sensible en beneficio de la razón. Y puede que parezca raro que meta en el mismo saco las ciencias y las religiones. Pero el pensamiento de Nietzsche no se extravía ni sus aproximaciones son incoherentes. En efecto, la metafísica, la religión y la ciencia, a pesar de todo lo que las separa, e incluso las enfrenta, tienen en común el pretender acceder a verdades “ideales”, a entidades inteligibles que no se pueden ver ni tocar, a nociones que no pertenecen al universo corpóreo. Por tanto, debemos trabajar contra éste (volvemos a encontrar la idea de “reacción”), pues sabido es que los sentimientos no dejan de engañarnos.
Una prueba simple es que si nos atenemos exclusivamente a nuestras percepciones sensoriales -la vista, el tacto, etcétera-, el agua, por ejemplo, parece adoptar múltiples formas diferentes e incluso contradictorias. El agua hirviendo quema, la de la lluvia está fría, la nieve es blanda y el hielo es duro, cuando en verdad siempre estamos ante la misma realidad. Ésta es la razón por la que hay que saber elevarse por encima de lo sensible, e incluso pensar contra ello -lo que de nuevo nos conduce a la idea de fuerza reactiva de Nietzsche- si queremos alcanzar lo “inteligible”, llegar a la “idea de agua” o como diríamos hoy, a esa abstracción científica, puramente intelectual y no sensible, que designa la fórmula química H2O.
Desde el punto de vista de la “voluntad de verdad”, como dice Nietzsche, desde la perspectiva del sabio o del filósofo que quiere alcanzar un conocimiento verdadero, es preciso rechazar todas las fuerzas que conducen a la mentira y la ilusión, pero también todas las pulsiones que dependen excesivamente de lo sensorial, del cuerpo. En resumen, hay que desconfíar de todo lo que es esencial para el arte. Y ciertamente lo que Nietzsche sospecha es que tras esa “reacción” se oculta una dimensión totalmente distinta a la de la mera preocupación por la verdad. Tal vez una opción ética inconfesable, la elección de ciertos valores antes que otros, una decisión tomada en secreto a favor del “más allá” contra el “aquí abajo”.
(nota: La sospecha de Nietzsche y la de Marx parecen ir en esa dirección cuando el primero apunta que la moralidad podría no ser, después de todo, más que un recurso de los impotentes para evitar por medio de ella ser sojuzgados por los poderosos; o cuando el segundo la descalifica como un fraude haciendo ver que -aun así pudiera hablarse de principios morales universales- su puesta en ejercicio dentro de una sociedad concreta acabaría de modo inevitable desvirtuándolos y poniéndolos al servicio de la estrategia de la clase dominante, que tiende a la preservación de su dominio, y ello tanto más fraudulentamente cuanto más hincapié se haga en la presunta universalidad de esos principios.
Ninguna de tales objeciones merece ser tomada a la ligera ni cabe, por lo tanto, despacharlas en un par de palabras. Pero por lo que a mí respecta, me inclino a sospechar -también puedo tener modestamente derecho a la sospecha- que tanto la una como la otra se enderezan a poner de relieve que la pretensión de universalidad no es exactamente lo mismo que la universalidad consumada más bien que a arruinar la pretensión en sí de universalidad.
Al fin y al cabo, tanto el “superhombre” nietzscheano como el “hombre genérico” marxista pertenecen a la misma familia del “hombre en cuanto hombre”. Y todo lo que Marx y Nietzsche advierten es que las condiciones para su respectiva instauración no están dadas cuando ambos escriben, como por lo demás la propia historia de la ética se había encargado ya de demostrar cumplidamente para entonces.
~ Mirar sobre la crítica total de la razón).

~
Este punto resulta, en todo caso, esencial: en efecto, si uno no sólo rechaza la búsqueda de la verdad sino, con ella, el ideal del humanismo democrático, la crítica a la filosofía moderna y los “valores burgueses” sobre los que descansa será completa: habremos deconstruido a la vez el humanismo y el racionalismo. Pues las verdades alcanzadas por la ciencia son “intrínsecamente democráticas”, son el tipo de verdades que se pretenden válidas para todo el mundo, en todo tiempo y lugar. Una fórmula como “2+2=4 no conoce fronteras, ni sabe de clases sociales, ni se ve limitada por el tiempo o el espacio, por la geografía o la historia. Dicho de otra forma, tiende a la “universalidad”, por lo que las verdades científicas configuran el núcleo del humanismo o, como le gustaba expresarlo, son “plebeyas”, básicamente “antiaristocráticas”. Y en este punto me parece que el diagnóstico nietzscheano es poco discutible.
Esto es lo que, por su parte, aman en su ciencia los científicos que resultan ser repubicanos: se dirige tanto a los poderosos como a los débiles, a los ricos como a los pobres, al pueblo como a los príncipes. De ahí que Nietzsche se divierta a veces recalcando los orígenes populares de Sócrates, el inventor de la filosofía y de la ciencia, el primer promotor de fuerzas reactivas orientadas hacia el ideal de la verdad. De ahí también la equivalencia que establece en el capítulo de Crepúsculo de los ídolos consagrado a Sócrates entre el mundo democrático y la negación del arte, entre la voluntad de verdad socrática y la fealdad, en efecto legendaria, del héroe de los diálogos de Platon, que marca el fin de un mundo aristocrático aún lleno de “distinción” y de “autoridad”.

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Elsa:
29 Julio 2010 a las 11:35 pm
Pienso que es la evolución física y mental del individuo, a través de las distintas etapas de la vida y el nivel de aprendizaje positivo y negativo obteniendo el máximo crecimiento de la persona. Y llegado a un punto de desgaste de esa energía. Se produce una necesidad de ascenso a otra escala; la muerte como hecho necesario para la estabilidad de la materia…..

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