el comercio apareció entre clanes y tribus y las subastas del BCE

En 1699 se le había impedido a Irlanda emular a Inglaterra; ahora, en 1989, el país se cobró su venganza mediante la adopción de una estrategia para conquistar la que se iba a convertir en la tecnología mundial dominante durante las décadas siguientes, esto es, la tecnología de información, y efectivamente se produjo una explosión productiva que catapultó los niveles salariales nacionales por encima de los de la antigua potencia colonial. Quizá esté atribuyendo demasiada importancia a este episodio, pero hay algo de épico en el contraste entre la prohibición a la Irlanda colonial en 1699 del uso de la tecnología más importante de la época -la producción de paños de lana- para la exportación, y su éxito tres siglos después en la tecnología más avanzada de nuestra época, la tecnología de la información.

Todavía no existía la teoría del comercio de Ricardo, así que todos sabían que matar el sector industrial y obligar a los irlandeses a enviar su lana cruda a Inglaterra equivalía a empobrecer el país. Tales prácticas eran normalmente defendidas aduciendo el hecho de que todas las potencias europeas hacían lo mismo en sus colonias. Ya me he referido al economista inglés John Cary, que al tiempo que defendía el libre comercio proponía “la pena de muerte para los que exportaron materias primas”, y ese mismo John Cary estaba empeñado en poner fin a la exportación irlandesa de tejidos de lana. Su argumentación se basaba en la metáfora económica habitual en su época, la del cuerpo humano. Afirmaba que Inglaterra era la cabeza del cuerpo de la Commonwealth, mientras que Irlanda era un miembro periférico, y naturalmente tenían que prevalecer los intereses de la cabeza. Esto provocó naturalmente un amargo resentimiento en Irlanda, donde el decano del Trinity College, John Hely-Hutchinson (1724-1794), escribió un libro explicando que las restricciones comerciales impuestas a Irlanda desde 1699 la habían reducido a la pobreza (The Commercial Restraints of Ireland Considered in a Series of Letters to a Noble Lord). El libro, publicado anónimamente, fue condenado a ser quemado por el verdugo por sus sediciosas doctrinas. Fue el último libro que sufrió ese destino en Inglaterra.

A finales del siglo XVII Irlanda -entonces colonia británica- estaba a punto de ponerse a la vanguardia de la industria más importante de la época, la producción de paños de lana, gracias a la ayuda de un puñado de hábiles inmigrantes católicos del continente. Los productores ingleses de paño -que a su vez le estaban ganando la batalla a la industria lanera de Florencia- no podían permitirse perder su ventaja competitiva a manos de los irlandeses, y pidieron con éxito el rey inglés que prohibiera todas las exportaciones de paño desde Irlanda a partir de 1699.

Irlanda se había incorporado en 1973 a la Comunidad Europea, que le había concedido abundantes fondos para su sector agrícola; pero eso había creado un exceso de capacidad y había endeudado a los granjeros en un mercado muy difícil. Mi recuerdo de aquel encuentro es que Haughey tenía un proyecto: “Hay ahí fuera una nueva tecnología que se aproxima, y quiero su ayuda para que Irlanda se ponga a la vanguardia de esa tecnología”. Se refería a la tecnología de la información y pretendía emular a los países ricos, ponerse a su altura y seguir adelante con la nueva tecnología.

El nivel salarial en las dos últimas colonias internas de Europa -Irlanda y Finlandia- se ha visto catapultado por los cambios tecnológicos durante los últimos veinte años, cuando esos dos países se lanzaron adelante, liderando al resto, por la curva de aprendizaje de decrecimiento extremadamente rápido de las tecnologías de la información y de la comunicación. Lo que debemos entender es que es imposible alcanzar semejante aumento salarial basándose en empresas con curvas de aprendizaje planas. Las declaraciones que señalan a determinado país como “la Irlanda de tal o cual región” no son más que demagogia vacía a menos que se pueda domeñar e internalizar una importante curva de aprendizaje en el momento de rápido decrecimiento, como sucedió en Irlanda y Finlandia. El crecimiento económico depende de la actividad, en el sentido de que en cada momento son pocas las actividades económicas.

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Una cuestión clave a este respecto es que los partidarios de la globalización no basan sus argumentos en un razonamiento del tipo expuesto. Sus análisis y recomendaciones se basan en argumentos teóricos estáticos desprovistos de cualquier fundamento histórico, en los que el cambio tecnológico, los rendimientos crecientes y las sinergias está totalmente ausentes. Sus análisis se basan en la teoría ricardiana del comercio internacional que recomienda que cada país se especialice en lo que es más eficaz comparado con los demás y argumenta que ese tipo de especialización lleva a un aumento del bienestar total. Adam Smith dio el primer paso en la elaboración de la teoría ricardiana al reducir todas las actividades humanas -ya sea producción o comercio- a horas de trabajo desprovistas de aspectos cualitativos. La teoría de Ricardo se basa en esa visión de una sociedad de trueque -la metáfora de Adam Smith sobre los perros capaces de intercambiar horas de trabajo- que ya hemos comentado. Los factores económicos clave examinados anteriormente son endógenos, no forman parte de la teoría de comercio predominante que es la base de nuestro orden económico mundial actual, las ideas sobre las que basan sus teorías el FMI y el Banco Mundial. Existen modelos más sofisticados, pero sin mucha influencia en la práctica.

Los antropólogos insisten en que el comercio apareció primero entre clanes y tribus, no entre individuos: como ya he señalado, en la Europa del siglo XIII estaba claro que la riqueza de las ciudades frente a la pobreza del campo era consecuencia de determinadas sinergias. El “bienestar de la comunidad” -il ben communne- era el responsable de la riqueza.

El siguiente paso fue el surgimiento del Estado-nación. Sus constructores trataban de extender las mismas sinergias que se daban en las ciudades a un área geográfica más amplia. Las inversiones en infraestructuras -grandes recursos volcados en la construcción de canales, carreteras, puertos, y más tarde vías férreas y líneas telefónicas- fueron clave en el proyecto de construcción de la nación. El proyecto económico y político que dio lugar a los Estados-nación se llamó mercantilismo.

A medida que se desarrollaban las naciones dotadas de Estado, las ciudades-Estado más opulentas -como Venecia y las ciudades holandesas- quedaron notoriamente atrás, en declive y en una pobreza creciente, relativa y absoluta. Los economistas de la época vieron claramente que la unidades políticas que no se incorporaban a la carrera por mercados internos más grandes quedarían inevitablemente postergadas en el aspecto económico. Mucho después -hace aproximadamente cien años- los economistas que estudiaban las relaciones históricas entre tecnología y geografía adivinaban que la siguiente etapa tecnoeconómica sería la economía mundial. Como en transiciones anteriores, apuntaban, el sector financiero sería el primero en adaptarse plenamente a esa escala geográfica más vasta.

Si ésta es la esencia de la historia de la humanidad en lo que concierne a la geografía y la tecnología, si hay tantos mecanismos económicos que posibilitan un mayor bienestar en unidades geográficas más vastas, si incluso parece haber una ley de hierro que hace inevitable el aumento de tamaño de las sociedades humanas, ¿cómo puede nadie en su sano juicio estar contra la intensificación de libre comercio y de la globalización?
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El análisis y las recomendaciones están muy bien expuestos, y son muy interesantes e ilustrativos de la gran complejidad del mundo de hoy día, de las conexiones de la economía financiera en el mundo globalizado, pero aun así se basan en argumentos teóricos estáticos desprovistos de un fundamento histórico, en los que el cambio tecnológico, los rendimientos crecientes y las sinergias están ausentes.

Las explosiones de productividad se limitaron durante siglos a la industria, pero durante los últimos cincuenta años, poco más o menos, la agricultura ha experimentado un mayor aumento de productividad que la mayoría de las industrias. La productividad por hectárea en las plantaciones estadounidenses de trigo se ha multiplicado casi por seis desde 1940; gran parte del sector agrícola se ha convertido en un negocio de alta tecnología, los granjeros aran con tractores automáticos guiados por satélites GPS, y un sólo agricultor puede producir hoy día lo que producían diez hace tan sólo 75 años. La paradoja es que las agriculturas más eficaces del mundo, la estadounidense y la europea, son incapaces de sobrevivir sin subvenciones y protección. Cada vaca suiza está subsidiada con el cuádruple de la renta per cápita en el África subsahariana. ¿Cuál es la razón de todo esto?

En 1970 Norman Borlaug recibió el premio Nobel de la Paz por la “revolución verde” en la agricultura, por haber generado nuevas especies que aumentaban inmensamente las cosechas y la productividad. Pero esa enorme explosión de productividad agrícola no ha alterado significativamente el número de pobres y hambrientos en el mundo. ¿Por qué no?

Los diferentes sectores económicos -clasificados a grandes rasgos como agrícola, industrial y de servicios- desempeñan papeles diferentes en la economía nacional, y en cierta medida obedecen a leyes económicas distintas al desarrollarse o decaer. La incapacidad para apreciar esas diferencias cualitativas entre distintas actividades económicas lleva a no entender por qué la economía global se desarrolla de una forma tan desigual.

Entonces no es posible tampoco decir aquí que estamos adoptando soluciones globales a través del sector financiero porque nada de esto se corresponde con la realidad. Las soluciones financieras que se están adoptando hoy día sólo están salvando la fachada de las primeras potencias mundiales y nada más, y nosotros queremos seguir teniendo una posición dentro de ellas, de acuerdo a nuestra riqueza, pero para ello debiéramos estar tal vez a otro nivel, que no estamos, pues no hemos hecho bien todos los deberes, al parecer.

En 1699 se le había impedido a Irlanda emular a Inglaterra; ahora, en 1989, el país se cobró su venganza mediante la adopción de una estrategia para conquistar la que se iba a convertir en la tecnología mundial dominante durante las décadas siguientes, esto es, la tecnología de información, y efectivamente se produjo una explosión productiva que catapultó los niveles salariales nacionales por encima de los de la antigua potencia colonial. Quizá hay algo de épico en el contraste entre la prohibición a la Irlanda colonial en 1699 del uso de la tecnología más importante de la época -la producción de paños de lana- para la exportación, y su éxito tres siglos después en la tecnología más avanzada de nuestra época, la tecnología de la información.

Irlanda se había incorporado en 1973 a la Comunidad Europea, que le había concedido abundantes fondos para su sector agrícola; pero eso había creado un exceso de capacidad y había endeudado a los granjeros en un mercado muy difícil. Irlanda tenía un proyecto, una nueva tecnología que se aproxima, y quería ponerse a la vanguardia de esa tecnología. Era la tecnología de la información y pretendía emular a los países ricos, ponerse a su altura y seguir adelante con la nueva tecnología.

El nivel salarial en las dos últimas colonias internas de Europa -Irlanda y Finlandia- se ha visto catapultado por los cambios tecnológicos durante los últimos veinte años, cuando esos dos países se lanzaron adelante, liderando al resto, por la curva de aprendizaje de decrecimiento extremadamente rápido de las tecnologías de la información y de la comunicación. Lo que debemos entender es que es imposible alcanzar semejante aumento salarial basándose en empresas con curvas de aprendizaje planas. Las declaraciones que señalan a determinado país como “la Irlanda de tal o cual región” no son más que demagogia vacía a menos que se pueda domeñar e internalizar una importante curva de aprendizaje en el momento de rápido decrecimiento, como sucedió en Irlanda y Finlandia. El crecimiento económico depende de la actividad, en el sentido de que en cada momento son pocas las actividades económicas.

Una cuestión clave a este respecto es que los partidarios de la globalización no basan sus argumentos en un razonamiento del tipo expuesto. Sus análisis y recomendaciones se basan en argumentos teóricos estáticos desprovistos de cualquier fundamento histórico, en los que el cambio tecnológico, los rendimientos crecientes y las sinergias está totalmente ausentes.

Los antropólogos insisten en que el comercio apareció primero entre clanes y tribus, no entre individuos: en la Europa del siglo XIII estaba claro que la riqueza de las ciudades frente a la pobreza del campo era consecuencia de determinadas sinergias. El “bienestar de la comunidad” -il ben communne- era el responsable de la riqueza.

El siguiente paso fue el surgimiento del Estado-nación. Sus constructores trataban de extender las mismas sinergias que se daban en las ciudades a un área geográfica más amplia. Las inversiones en infraestructuras -grandes recursos volcados en la construcción de canales, carreteras, puertos, y más tarde vías férreas y líneas telefónicas- fueron clave en el proyecto de construcción de la nación. El proyecto económico y político que dio lugar a los Estados-nación se llamó mercantilismo.

A medida que se desarrollaban las naciones dotadas de Estado, las ciudades-Estado más opulentas -como Venecia y las ciudades holandesas- quedaron notoriamente atrás, en declive y en una pobreza creciente, relativa y absoluta. Los economistas de la época vieron claramente que las unidades políticas que no se incorporaban a la carrera por mercados internos más grandes quedarían inevitablemente postergadas en el aspecto económico. Mucho después -hace aproximadamente cien años- los economistas que estudiaban las relaciones históricas entre tecnología y geografía adivinaban que la siguiente etapa tecnoeconómica sería la economía mundial. Como en transiciones anteriores, apuntaban, el sector financiero sería el primero en adaptarse plenamente a esa escala geográfica más vasta.

Todos estos argumentos están extraídos de las tesis del profesor Erik Reinert.

De todas formas son muy interesantes todas las recomendaciones económicas que se hacen aquí, pero lo importante sería ahora convencer a los organismos internacionales implicados de que nuestro papel en el sector industrial y de servicios, además del financiero, aunque se diga que esta es una crisis solo financiera, pero no lo es, y que por lo tanto la economía de otros sectores también está tomando una nueva iniciativa para responder. 

Publicado por: virginiawoolf | 01/07/10 en 21:51 

Este comentario es en respuesta a un artículo de Jose Carlos Díez que dice:

Los griegos ya tienen el 20% de sus pasivos bancarios financiados por el BCE, los portugueses y los irlandeses, paraíso fiscal desde donde la banca alemana creo su sistema bancario en la sombra, tienen el 8%, pero la obsesión sigue siendo España que tiene el 4%.  

Para poder obtener liquidez en las subastas del BCE es necesario entregar bonos en garantía. Las entidades tenían 445.000 financiado con el BCE y tras el vencimiento hoy tan sólo tendrán 130.000 a tres meses, en vez de un año. ¿Dónde ha ido el dinero? Entra en el balance del BCE y desaparece del sistema. ¿Supondrá tensiones adicionales de liquidez? No. Las entidades disponen de esos bonos para descontar cuando los necesiten y el BCE ya ha anunciado que mantiene el acceso ilimitado a sus subastas semanales al menos hasta el 30 de septiembre y el 29 de septiembre ya ha anunciado una subasta a tres meses con acceso ilimitado, por lo tanto no habrá problemas de liquidez hasta al menos 2011.

Entonces ¿por qué no han ido a las subastas? El pasado año las entidades habían pasado mucho miedo después de que los mercados de capitales permanecieran cerrados desde julio de 2008 hasta marzo de 2009, nueve meses, y había dudas sobre si las políticas heterodoxas del BCE eran transitorias o permanentes. Por esa razón fueron en masa a la subasta a un año. ¿Qué hicieron con el dinero? No veían oportunidades de inversión en el mercado mayorista o minorista y le devolvían el dinero al BCE diariamente mediante la facilidad de depósito. ¿Fue una estrategia rentable? Fue ruinosa. A las entidades les costaba el 1% ir a la subasta a financiarse y le devolvían el dinero al 0.25% en la facilidad de depósito. Parece un coste ridículo pero si lo multiplicas por 300.000 millones supone que a las entidades el seguro de liquidez les ha costado una prima de unos 2.000 millones.

¿Se tensionarán los tipos del Euribor a un año de nuestra hipotecas? No deberían hasta que el BCE anuncie que acaba el acceso ilimitado o hasta que la economía europea de señales de recuperación y haya expectativas de subidas de tipos oficiales del BCE que de momento ni están ni se las espera. Si con acceso ilimitado los tipos del interbancario, sobre todo el día a día se tensionen, sería una señal muy preocupante, pero lo iremos contando.

¿Qué implicaciones tiene esto? Si una entidad financiera no tiene garantías de financiarse de manera estable a tipos que permitan prestar y obtener una rentabilidad positiva serán muy reacios a dar préstamos. Por lo tanto, el crédito seguirá muy restringido a prestatarios con elevada solvencia y a tipos crecientes. Se acusa a los bancos de conspiradores por no dar créditos pero si una entidad con un escenario de financiación incierto diera crédito entonces sería una grave amenaza para los contribuyentes. En 2007, Fannie Mae y Freddie Mac, dos agencias hipotecarias de EEUU, vieron como el mercado de titulizaciones, su principal fuente de financiación, se cerraba y siguieron dando crédito. En septiembre de 2008 tuvieron que ser nacionalizadas con 8 billones de dólares de deuda lo cual ha supuesto doblar la deuda pública de EEUU que ya supera el 110% del PIB. ¿Cómo puede EEUU seguir siendo AAA? Cómo dicen en Londres: no coment. Del Reino Unido ni hablo que me da la risa floja.

 Merkel debe hacer explícito un compromiso claro con la sostenibilidad del euro y la solución es más Europa. Eso permitiría que muchos capitales que han huido de Europa volvieran y los mercados recobrarían cierta normalidad. ¿Es suficiente? No, los mercados no funcionaban correctamente antes de la crisis griega, aunque su patología se ha agravado significativamente con la posibilidad de un escenario de posible ruptura del euro que abrió nuestra querida Angie.

Crédito deriva del latín de la palabra creer. ¿Por qué le devuelven las entidades 300.000 millones al BCE en la facilidad de depósito perdiendo 2.000 millones? Porque no se fían de sus contrapartidas en el mercado y han reducido sus líneas de crédito no sólo a las pymes también a las otras entidades. Las entidades ven amenazada su solvencia por esta crisis brutal y reaccionan contrayendo el crédito para que no les entre más morosidad. El problema es que igual que las familias con su tasa de ahorro, las empresas con su inversión o los gobiernos con el gasto público sobrerreaccionan.

 Hay que usar escenarios de estrés realistas y aplicarlo no sólo sobre las carteras de crédito minoristas sino sobre las carteras de activos. Esta crisis se generó en el sistema bancario en la sombra que hacía banca de activos con muy poco capital y ahí están las principales pérdidas. Con una segunda oleada de recapitalizaciones, entonces el BCE debe ser agresivo y contundente comprando activos para estabilizar los mercados secundarios. El Plan de compra de cédulas demostró que con poca munición consigues el objetivo pero hay que apuntar bien.

¿Bastaría con esto? En Europa sí pero Obama debe mover ficha. La economía de EEUU da señales mixtas con el carro tirado por el sector exportador mientras la demanda doméstica sigue atrapada en una dinámica deflacionista. En EEUU también hay que acometer una segunda oleada de recapitalización y reactivar los canales de crédito.

Cuando desaparezca el dinero la facilidad de depósito el balance del BCE adelgazará con fuerza y los ortodoxos se darán cuenta de que el riesgo sigue siendo la deflación. El consumo está estancado, contrayéndose en Alemania, la inflación subyacente próxima a cero y la de servicios por debajo del 1% por lo que las luces ambar se han encendido. La M3 y el dinero en circulación estancado, 4.5 puntos por debajo de lo que el BCE contemplaba como pilar uno de su estrategia monetarias de estabilidad de precios en 1999. El crédito a empresas con duración a menos de un año, donde se financia principalmente la pyme, disminuyó en mayo un 20% anual en la Eurozona. Pues bien la señal del BCE, el médico, es que el paciente se está recuperando y que le está quitando la medicación y encima dice que le preocupa que el enfermo tenga fiebre y riesgos de inflación. Los pobres no saben donde tienen la mano derecha.

La situación no puede durar mucho y en algún momento algún evento provocará que los gobiernos y el BCE actúen.

~

Le acabo de escuchar en La Brújula de la economía y me ha gustado la explicación que ha dado, coincidente con lo expuesto en esta entrada en el blog; felicidades! Generalmente no estoy de acuerdo con sus opiniones durante estos meses de crisis ya que pienso que la teoría austriaca del ciclo económico explica bien la crisis (expansión crediticia fomentada por los bancos centrales y no respaldada por ahorro); de hecho creo que cada recesión va en proporción a la expansión crediticia previa y como en esta ocasión ha durado lustros ahora la crisis que viene es bestial, similar a la de 1929. Por sus intervenciones en la radio creo que no ha calibrado, hasta recientemente, la importancia de la crisis ni ha incidido en sus orígenes; me parece bien que propugne las medidas que considere adecuadas para que el daño sea el menor posible… pero creo que no hay marcha atrás ya que el daño se ha hecho durante los años de expansión crediticia y ahora queda la “purga”. Le seguiré escuchando y leyendo, siempre se aprende, también con las opiniones que uno no comparte. 

Publicado por: Alekos | 01/07/10 en 21:37 

Alekos, Friedman no fue muy acertado con su análisis del crash del 29, al igual que Bernake. La estructura bancaria estadounidense y su canalización del ahorro agrario del mediocentro hacia Wall Street con la proliferación de chiringuitos financieros, bastante similares a los de hoy día: solo hay que cambiar campos por hipotecas, fue determinante. La crisis del 29 fue institucional y por eso tuvo las consecuencias que tuvo. Falló la capacidad de la autoridad pública de coordinar el fin del patrón oro mundial y de vertebrar el comercio mundial ante la falta de organizaciones internacionales, hecho que propicio el cierre de mercados que ahora no hemos vivido. Pero sin el plan Dawes en Alemania y su dependendia del ahorro de los USA, y su súbita retirada e imposibilidad de los alemanes de integrarse en la economía mundo la crisis de 1929 estaría completamente incompleta. Friedman, cada día estoy más convencido, dio respuestas simples a problemas complejos que requerían menos simpleza, 

Publicado por: Carles Sirera | 06/07/10 en 20:52 

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