el “infierno perdido” y los paraísos perdidos de Proust

La “dolotrenzadora” Safo de Lesbos, sí es muy cierto de este dulce dolor que ella siente.

Y Proust termina diciendo del amor que todo lo mas se parece a una “conversación amorosa” porque en definitiva el sabe que el amor pasional no puede durar siempre. Pero es que Sartre y Levinas terminan diciendo lo mismo. El vehículo de la conversacion es el que se presta a unir.

Por tanto, yo diría ¿acaso habeis probado a tener una conversación libre? A veces esto tiene mas atractivo.

Y es así. La gran Safo precisamente habló con estusiasmada melancolía de la confabulación de los opuestos en que el amor consiste: «Otra vez Eros, que desata los miembros, me hacía estremecerme, esa bestezuela amarga y dulce, contra la que no hay quien se defienda.» La pequeña Safo, renegrida y abandonada, con razón estaba confusa: «No se qué hacer: mi pensamiento es doble.»

Proust decía con razón que “los únicos paraísos reales son los paraísos perdidos”. A sabiendas de eso mismo, podemos regresar, de vez en cuando, a alguno de ellos pero con la clara conciencia de su pérdida. Es lo que Simone de Beauvoir llamaba “La force de l`âge”.

El gran problema es vivir, es por la afectividad por lo que estamos vivos.

En la desilusión, el resecamiento, los recursos del sentimiento se agotan y solo queda la idea y la sensación.

Ahora bien es por la afectividad por lo que uno proyecta vitalidad.

¿Por qué entonces mi postura absorbente mi exigencia de plenitud y entrega,? mi desprecio de la blandenguería? ese entrar acaballo en casa ajena y salir con las orejas gachas y desmontada ya.
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No sólo queda la sensación y la idea, queda aquello de lo que el desgraciado Proust, esnob, sólo hablaba que era de la gente cominera, educada y ficticia, que se califican unas a otras de elegantes o faltas de elegancia. El amor y la carne está al margen de todo eso. Lo se muy bien lo he comprobado suficientes veces.

El amor y la carne están al margen, al margen de cualquier idioma que no sea el suyo, de cuaquier reverencia.

¿Qué es lo que yo siento porque a veces pretendo ser absorbente, exigente conmigo misma y con los demás? Y porque se desequilibran los pesos de uno y otro, y esa era tu argumentacion principal, la de buscar la compensación. Busquémosla pero no con lo ficticio y con la blandenguería o lo superficial.
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Y Marcel Proust siempre jugaba con su Albertine, le decía que no la quería para que ella después sintiese deseos de él, y le decía que no quería volver a verla para que después ella quisiese volver a él, y siempre tenía un sentido ambivalente este lenguaje de los deseos.

La libre postulacion radical de la razon sería lo universal.

¡¡Sí, el mundo entero que venga de ti!!!

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Todo esto que digo tiene una unidad, y se refiere al amante “copernicano” de la luz del paraíso. Y eso que todavía aquí no he hablado del desgraciado de Proust.

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Tibio: es como un espíritu frío, su fuego es como una quimera que deslumbra pero no calienta, dícese tibio porque le tocó así.

Si le hubiera tocado de otro modo. Pero estoy de acuerdo contigo, en que debemos valorar y mirarnos en nuestras virtudes y no en nuestros defectos.
Es como empezar a amar a Schummann y a Schubert, a esa melancolía que no abarca el mundo, sino los momentos del mundo, tiempo despedazado al que no escapamos más que a tirones, y cuando traicionamos nuestras apariencias.

Arrinconados en la apariencia, a veces nos ocurre que abrazamos una sabiduría incompleta, mezcla de sueño e imitación. Freud dijo muchas cosas acerca de la libido, revolucionarias para su tiempo, sin embargo al final de su vida se fue dando cuenta de la importancia del inconsciente colectivo de la cultura, y fue ahondando en el concepto colectivo de culpa o religión, eso sí sin dar su brazo a torcer a su enemistado discípulo Jung. Pero en Freud está esa genialidad del descubrimiento del inconsciente. Y con esto no sé si complicamos las cosas. El único olvido verdadero es el sueño, ah, si pudiera dormirme.

Pero he de decirte que albergaba la esperanza en ti de que sin entrar en una falta olvidadiza pudiera acudir a tu cita y alumbrar esa luz que es como una roca floreciente de un río en ti.
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¿Aislarnos?, seria imposible nos perseguirían los ecos de la indiferencia. Querríamos poner remedio a esa felicidad más alta, y seríamos subyugados por la infelicidad no nos contentaríamos con ella, estaríamos subyugados con la felicidad de los medios y ansiarámos salvar a los demas como si estuvieramos poseidos por una creencia la de comunicar a los demas nuestra soledad. Sería un infierno de salvadores.
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¿Aislarnos, acorazarnos en una isla? Imposible nos perseguirían sus ecos!! Y la infelicidad nos subyugaría, hasta endurecidos nos impondría su orden, sería el infierno de la sin alegría. Y por eso, como decia Salinas: vivir sintiendose vivido pero no vivir sin ser vivido o vivir en otras islas…
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La quiebra de la fusión imaginaria entre el paraiso y el hombre ( a veces es la fusion entre madre e hijo) por un tercero -que llamamos padre, ley, Nombre-del-Padre, etc- permitiría la entrada en lo simbólico y el acceso al lenguaje.
El tercero evitaría que aquella fusión acabara en el caos de la psicosis y contribuiría a que todo adoptara un orden.

Por eso se dice que se añora volver siempre al Paraíso perdido.
Sería a traves del Paraíso perdido, de la expulsión, exclusión traumatizante o conflicto de Edipo como concebimos la quiebra de la fusión imaginaria con la madre y la individuación del sujeto a través de la cultura y la instancia de un tercero -que llamamos padre, ley, Nombre-del-Padre, etc- permitiría la entrada en lo simbólico y el acceso al lenguaje.
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Terror

No se necesita ser cristiano para temblar ante el Juicio Final. El cristianismo no ha hecho más que explotar un temor, a fin de sacar el máximo provecho de él en beneficio de una divinidad sin escrúpulos que ha hecho del terror su aliado.
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Profeta y locura

Nostalgia de un mundo sin «ideal», de una agonía sin doctrina, de una eternidad sin vida… El Paraíso… Pero no podríamos existir un instante sin engañarnos: el profeta en cada uno de nosotros es el rasgo de locura que nos hace prosperar en nuestro vacío.

Los abogados del infierno no tienen menos títulos de verdad que los del cielo, y yo defendería la causa del sabio y la del loco con igual fervor.

El infierno perdido

El infierno es presente, actualidad; lo cual significa que conservamos solamente la memoria del paraíso. Si hubiéramos conocido el infierno en nuestro pasado inmemorial, ¿no estaríamos suspirando a causa del recuerdo del infierno perdido?

Cuanto más totalmente desaparece el tiempo de nuestra memoria, más cercanos nos hallamos de la mística.

La memoria se adhiere tanto mejor a las apariencias, a lo inmediato, cuanto más fresca y sana se halla. Su arqueología nos descubre documentos sobre otro mundo a costa de éste.

Cuando me domina una intensa pasión por la tierra, por todo lo que nace y muere, cuando lo frágil me fascina, me disimulo a mi mismo mi odio a Dios, y si soy indulgente con El es a causa de un inmemorial reflejo de cobardía. Sin ese presentimiento de la noche que es Dios, la vida sería un crepúsculo cautivador.

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Yo creo que mas que el paraiso perdido de Proust buscaríamos tambien el “infierno perdido” pues todo nos atrae hasta por su falta de rigor o por su decrepitud, de tal modo que echaríamos de menos los males de ahora, también como decía Séneca. Realmente no sabemos qué queremos, pero tal vez esa no sea la cuestión.

La cuestion es que el amor es otra cosa, y no sabemos verlo, pero no es lo que el desgraciado de Proust, snob, buscaba en esos salones, eso sí, aunque dice que el amor si acaso se parece mas a una conversacion amorosa, pero no es la frivolidad o esa gente que no se aguanta que solo habla de si a este le gusta esta o a esta le gusta este, y esas frivolidades, que son tambien tan comunes hoy día, todo eso de ficiticio, de blandenguerías, eso no es el amor.

Eso lo dicen todos los grande autores, el amor está al margen de todo eso, al margen de todo.

Al amor y la carne le trae sin cuidado la falta de elegancia, la gente cominera, educada o ficticia. Esto lo he comprobado suficientementes veces. Pero estos grandes autores saben sacarlo a la luz.

El amor y la carne están al margen de cualquier idioma que no sea el suyo, de cualquier reverencia. Eso es lo que te quería decir.

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Un pensamiento en “el “infierno perdido” y los paraísos perdidos de Proust

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