María Zambrano, la esperanza creadora

la esperanza

Ya que la realidad no se muestra por entero, el hombre está sin saberlo partiendo siempre a su encuentro, a su descubrimiento. Y nada le es más fácil que el error en esta indeclinable empresa; nada más fácil que andar errante entre la realidad sin reconocer cuál es la realidad verdadera, detrás de qué apariencia se esconde, cuál de entre las voces es la del verídico destino.

La esperanza en este su primer paso guía a la sensibilidad, la orienta hacia aquellos aspectos de la realidad que se extiende para que encuentre en ella la verdad. Y hasta los mismos sentidos se agudizan en virtud de esta búsqueda de la verdad guiada por la esperanza. Las situaciones e las que tal acción tiene lugar se escalonan en una gama inmensa, pues lo mismo sucede en los casos en que el peligro reside únicamente en la suerte de la vida individual o colectiva, en función del destino entendido no como ciega fatalidad sino como realización, como cumplimiento de la promesa que anida en el fono del ser humano y de su historia. La libertad no es otra cosa que la transformación del destino fatal y ciego en cumplimiento, en realización llena de sentido. Y la esperanza es el motor agente de esta transformación ascensional.

El segundo paso que se nos presenta en este alto camino de la esperanza nos parece sea la actualización de esa llamada que alienta en el fondo de lo que llamamos corazón -usando esa metáfora, símbolo en verdad del corazón, que nos viene de las más antiguas tradiciones de la India, de Egipto, del Antiguo Testamento y aun de la Tragedia girega, vivificado, ya en nuestra tradición, por San Agustín, de cuyas Confesiones es el verdadero protagonista, y que penetrando en el recinto de la poesía, de la literatura y de las artes figurativas, llega hasta nosotros dotado de perenne vitalidad-. Alienta en el fondo del corazón de cada ser viviente una llamada que envuelta en el silencio necesita de voz y de palabra. Hay seres que atraviesan su vida mudos, pues que al no ser proferida esta llamada retiene las palabras más verdaderas, las más decisivas, las que podrían cambiar la suerte de estos seres. Es una suerte de esclavitud esta de estar preso de la palabra no dicha, del gemido que se acalla, de la súplica que no alcanza a salir, del don que vuelve como piedra sin darse: el silencio de lo que no se pide y de lo que no se ofrece.

Todo es correlativo en la vida: el ver es correlato del ser visto; el hablar del escuchar; el pedir del dar. Y el privado de esperanza no deja de vivir por ello entre estas parejas de vitales funciones. Mas las padece en angustia, en este caso. En la angustia, pues que se trata de una verdadera y gravísima inhibición. El psicoanálisis de Freud, extendido más allá del ámbito de su escuela, se dirige a la liberación del instinto de las fuerzas que lo mantienen inhibido, como es bien sabido. Sería más exacto decir, en vez de instinto, deseo, que en griego aparece con mayor claridad: la orexis, el apetito sin término. Mas nos resulta sumamente extraño que no se haya hablado de las inhibiciones causadas por el amortiguamiento de la esperanza o por su extinción. Que no haya surgido ningún Método encaminado abiertamente a liberar a la esperanza aprisionada en el fondo del corazón para que ella a su vez libere al corazón mismo donde yace como en un sepulcro. Que no otra cosa parece que sea el “corazón empedernido” del que el profeta Ezequiel anuncia que será arrancado a cambio de un “corazón nuevo”, de un “corazón de carne”. La “carne” en este lenguaje quiere decir la vida: se trata, pues, de un corazón viviente que sustituye al corazón de piedra.

Y se entiende fácilmente que un corazón sin esperanza se haga mudo y sordo; gravitando sobre sí mismo pesa más que ningún otro peso, es duro para fuera y para dentro; no cumple en función comunicante, vivificante. La esperanza encendida como fuego y como lámpara en el corazón hace de él el centro donde el entendimiento y la sensibilidad se comunican; es el centro donde se verifica esa operación vital tan indispensable que es la fusión de deseos y de los sentimientos, donde los deseos se purifican y los sentimientos se afinan, el vaso de la unificación de todo el ser.

Y así, movimientos que parecen contrarios, como el pedir y el ofrecer, el llamar y el escuchar, vienen a ser como la sístole y la diástole de corazón. Se descubre también que son convertibles: que el que pide muchas veces da, que el que ofrece recibe. Se establece la circulación de bienes, desde los bienes llamados materiales hasta los más invisibles, sutiles y luminosos bienes. La circulación que el movimiento del corazón establece trasciende por la esperanza todos los dominios de la humana vida.

Llevados por la metáfora del corazón hemos pasado del segundo paso, el de la llamada y la invocación, al tercero, el del don, ofrenda y, si llega el caso, sacrificio. De la palabra no dicha hemos pasado al ruego no formulado por falta de esperanza, al gemido que se acalla, al don que no se ofrece. Es como un paso más que se da insensiblemente sin grande esfuerzo. Pues que la esperanza va in crescendo, se alimenta de su propia labor y se re-crea en sus propias obras. Y su más cierta obra es la del ser que vive; prueba verídica del no-engaño de la esperanza.

La esperanza, y en sentencias bien clásicas, ha sido calificada de engañosa, de ciega. Mas los textos donde originalmente así se la presenta corresponden al pesimismo griego más acentuado, en que la esperanza se confunde con la hybris, con la arrogancia, ella sí, en verdad, ciega.

La esperanza puede aliarse también con la ilusión, puede dejarse vencer, apenas nacida, por la avidez de logro, por la impaciencia, y decaer convirtiéndose en ilusión, en la ilusión que se alimenta de espejismos en los que la propia ansia se refleja. Lo cual sucede cuando ese segundo paso que hemos señalado tiene una sola dimensión, la del recibir. Cuando de verdad la esperanza se dirige a ofrecer, puede ir más allá de lo que la razón común presenta, mas sin crear espejismos porque o va en la oscuridad -en la noche oscura- o en la luz directa de la verdad no aparente. Y no esclava de la luz refleja.

Pues que hay una esperanza que nada espera, que se alimenta de su propia incertidumbre: la esperanza creadora; la que extrae del vacío, de la adversidad, de la oposición, su propia fuerza sin por eso oponerse a nada, sin embalarse en ninguna clase de guerra. Es la esperanza que crea suspendida sobre la realidad sin desconocerla, la que hace surgir la realidad aún no habida, la palabra no dicha: la esperanza reveladora; nace de la conjunción de todos los pasos señalados, afinados y concertados al extremo; nace del sacrificio que nada espera de inmediato mas que sabe gozosamente de su cierto, sobrepasado, cumplimiento. Es la esperanza que crece en el desierto que se libra de esperarnos por no esperar nada a tiempo fijo, la esperanza librada de la infinitud sin término que abarca y atraviesa toda la longitud de las edades.

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 estherllull:
19 Mayo 2010 a las 9:42 pm

hola, yo no sé qué decir ante tantos comentarios siempre tan valiosos, algunos tan descriptivos.

Se me ocurre, dado que últimamente me encuentro mirando en ella, traer una cita de María Zambrano sobre la esperanza. Y porque Elsa Punset, es una gran amiga de esta palabra también, aunque no sabemos muy bien cómo hacerla entender. Y la esperanza es el unico medio para ir sabiendo encauzar bien estas rupturas vitales o cortes que intentamos darles continuidad.

“En la angustia, pues que se trata de una verdadera y gravísima inhibición. El psicoanálisis de Freud, extendido más allá del ámbito de su escuela, se dirige a la liberación del instinto de las fuerzas que lo mantienen inhibido, como es bien sabido. Sería más exacto decir, en vez de instinto, deseo, que en griego aparece con mayor claridad: la orexis, el apetito sin término. Mas nos resulta sumamente extraño que no se haya hablado de las inhibiciones causadas por el amortiguamiento de la esperanza o por su extinción. Que no haya surgido ningún Método encaminado abiertamente a liberar a la esperanza aprisionada en el fondo del corazón para que ella a su vez libere al corazón mismo donde yace como en un sepulcro. Que no otra cosa parece que sea el “corazón empedernido” del que el profeta Ezequiel anuncia que será arrancado a cambio de un “corazón nuevo”, de un “corazón de carne”. La “carne” en este lenguaje quiere decir la vida: se trata, pues, de un corazón viviente que sustituye al corazón de piedra.”

“Todo es correlativo en la vida: el ver es correlato del ser visto; el hablar del escuchar; el pedir del dar. Y el privado de esperanza no deja de vivir por ello entre estas parejas de vitales funciones. Mas las padece en angustia”.

“Y se entiende fácilmente que un corazón sin esperanza se haga mudo y sordo; gravitando sobre sí mismo pesa más que ningún otro peso, es duro para fuera y para dentro; no cumple en función comunicante, vivificante. La esperanza encendida como fuego y como lámpara en el corazón hace de él el centro donde el entendimiento y la sensibilidad se comunican; es el centro donde se verifica esa operación vital tan indispensable que es la fusión de deseos y de los sentimientos, donde los deseos se purifican y los sentimientos se afinan, el vaso de la unificación de todo el ser.”

“Y así, movimientos que parecen contrarios, como el pedir y el ofrecer, el llamar y el escuchar, vienen a ser como la sístole y la diástole de corazón. Se descubre también que son convertibles: que el que pide muchas veces da, que el que ofrece recibe. Se establece la circulación de bienes, desde los bienes llamados materiales hasta los más invisibles, sutiles y luminosos bienes. La circulación que el movimiento del corazón establece trasciende por la esperanza todos los dominios de la humana vida.”
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Me ha gustado mucho también la cita De Walt Withman, su Hojas de Hierba.

Soy el poeta del Cuerpo y soy el poeta del Alma,
los goces del cielo están conmigo
y los tormentos del infierno están conmigo.
Los primeros los multiplico e injerto en mi ser,
los últimos los traduzco a un nuevo idioma.

Personalmente, yo no creo en nada, ni en secuencias, ni en historias que se urden, ni en monogamia ni poligamia ni hierogamia como en Mesopotamia, más bien creo en ensoñaciones que dan paso a la realidad, pienso que hemos nacido en un momento de la historia en que tenemos muchas posibilidades de elegir y como decía ese psicólogo que entrevistó Punset, siempre estamos buscando como las culturas primitivas de cazadores. Y a veces nos damos chocazos, pienso que porque no estamos todavía plenos en nosotros mismos, no sabemos dar hasta que no somos o estamos completos, y algunas personas necesitamos estar mucho tiempo solos o tener vivencias de desprendimientos profundos.

Agradeciendo a Joan Garriga, lo que nos dice de la fuerza de percepción del amor a traves del dolor y del amor, y de esa transmutación. También pienso en la idea de amor platónico que realmente es lo que se ha perdido, más que la idea de amor cristiano, pues la idea de ascetismo en el amor viene de Platón en su Fedro, El Banquete, y ahí es donde está el nudo que ha permitido amarnos con esa idea de unidad del amor por encima de la dispersión de la carne y del ser poético. La filosofía y la razón siempre viene a aunar el ser y la existencia.

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Joan Garriga dice:

Amarse, unirse, vincularse, crear, separarse, desprenderse, volver a empezar, son cualquier cosa menos trámites desde la frivolidad. Golpean las cuerdas que más intensamente vibran en nuestras almas, las del amor y el desamor. Ésta es la danza que nos toca danzar y el reto a menudo es titánico y a la vez humilde: lograr permanecer en el amor y en el placer de la vida, aprendiendo a transitar y remover los puentes de dolor.

Monogamia secuencial significa que, hoy por hoy, las personas tenemos estadísticamente muchas probabilidades de tener entre dos, tres o más parejas consecutivamente a lo largo de una vida con la consiguiente complejidad de formatos familiares y de convivencia y, sobre todo, con un alto precio en estrés emocional, afectivo y vincular. Nunca como ahora habíamos enfrentado de forma masiva tantas exigencias emocionales y tránsitos dolorosos.
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Estherllull dice:

Pero no debo confundir la esperanza con la ilusión, que esto siempre me pasa a mí, y son dos cosas distintas.La ilusión quiere las cosas cuanto antes y no es buena consejera, la esperanza brota desde algo interior, una convicción propia, creo yo. Y como Zambrano dice hay que prevenirse contra los falsos espejismos.

*Los textos de María Zambrano pertenecen a su libro Los bienaventurados.

Sí, he roto con las frases con Virginia y con Zambrano he vuelto a la esperanza. Sí a esa esperanza que nada espera.

Yo ya me guío por la esperanza que nada espera:
“Cuando de verdad la esperanza se dirige a ofrecer, puede ir más allá de lo que la razón común presenta, mas sin crear espejismos porque o va en la oscuridad -en la noche oscura- o en la luz directa de la verdad no aparente. Y no esclava de la luz refleja”.

Paloma dice:

Pues Joan Garriga no sé en el tiempo presente tenemos más probabilidad de tener más de una pareja… Pero lo que me resuena con eco interior amplificado es que debemos aprender a transmutar el dolor en amor. Con una, dos o incluso cero pareja… Entrega o resentimiento ¿no? Hay que elegir… el camino del amor o del miedo como dice Elsa…

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lo dijo Elora 20 mayo 2010 | 4:58 PM

Querida amiga, yo también tengo mucha tendencia a confundir, o mezclar, la esperanza con la ilusión, y me tengo llevado mis buenos batacazos por ello. Me cuesta dejar de hacerlo, soy impaciente por naturaleza.
Creo que lo mejor es esperar, y tener ilusión, pero estando preparada para que no se cumpla, por si acaso.
Muy buenas citas.
Besotes.

lo dijo virginiawoolf 20 mayo 2010 | 7:55 PM

es curioso, porque de la ilusión no es que tengamos necesariamente un concepto negativo; más bien lo tenemos de los espejismo, de los ulusionismos; pero es que realmente, la ilusión crea ese riesgo.

Pero es más la arrogancia, lo que denuncia María Zambrano, como la causa de nuestra ceguera, que la propia ceguedad.

Porque fíjate lo que escribe, la esperanza realmente es la que nace de lo que no espera nada. Es desde luego un contrasentido pero es así.

Muchas veces se dice cuando menos te lo esperas llegan las cosas, pues eso es justamente lo que no debemos perder, esa luz interior, ese trabajo continuo.

Gracias Elora, por estar ahí.
Muchos besitos!!!

lo dijo cornwall 20 mayo 2010 | 10:12 PM

Qué es el amor platónico sino el amor sin esperanza? el amor que se sabe perdido y sin contrapartida? me gusta eso de encontrarse consigo mismo, de no creer en palabras, las que dicen los demás. Uno mismo sabe cuando se engaña y hasta dónde llega su libertad, su mismidad. En el fondo, seguimos siendo esos antiguos pobladores de la tierra, desprotegidos y solos, que viven de lo que se encuentran en su caminar. Un beso.

lo dijo Luz Marina 20 mayo 2010 | 11:28 PM
Es el mantenerse con ése dulce sabor de espera en la boca, pues al tornarse agridulce no es esperanza, es la fusión de la desesperanza, el dolor y la decepción que obligan virar el alma. Y vaya que me ha pasado. Y a veces causas de múltiples desvelos.

Saludes linda.

lo dijo virginiawoolf 21 mayo 2010 | 2:37 PM

yo no estoy tan segura, Cornwall, de que el amor platónico sea el amor sin esperanza; porque el amor precisamente se agota cuando se entrega, aunque despues renazca con nuevos entusiasmos, pero cuando se mantiene en el discurso platónico, hay una suerte de permanencia singular que el amor real no tiene. A mí me parece. Por eso digo que me parece que si nos debemos quejar de que hoy día no se sostienen las historias, de falta de esperanza, no es por que se haya perdido la esperanza en sí, o cierta idea del amor como monogamia o permanencia en la unidad de la pareja; en realidad la idea del amor platónico que es la que sustentaba antiguamente a la pareja es la que me parece que se ha perdido y por eso el amor hoy dia no se sostiene, dura muy poco, al menos en las relaciones mas jovenes y actuales, ante los cambios sociales. No hay una idea no ya poética del amor, sino pura o platónica del amor.

Yo recuerdo que estuve enamorada de mi profesor de filosofia del derecho 4 años, y eso es algo que hoy dia sería impensable, y no era porque yo fuese una romantica, era por una idea platónica que yo tenía, aunque no la reconociera, de sentirme atraída más que por el amor por el ” conocimiento “. Es esa relacion entre conocimiento y amor la que yo creo que está en crisis. Y debería hablarse mas sobre ella, porque hace falta que se ponga en evidencia esta verdad de relación.

Hoy dia los mismos jovenes se arreglan o se afeminan para atraer a las mujeres. En el fondo no saben como atraernos. Pero realmente se puede seducir mucho mas a una mujer con la inteligencia, yo estoy convencida de eso, mas que con el aspecto físico.

Y tambien quiero dirigirme a Luz Marina, a quien te agradezco como siempre tu fidelidad, es como tú dices la esperanza una dulce espera, pero no es amargura de lo contrario se tornaría en privación de esperanza; yo creo que tú lo entiendes muy bien porque lo reflejas en muchos bellos poemas que tienes y que retratas esa dulce espera, aun cuando haya dolor, pero es un dolor transfigurado en dulzura, esto ronda ya el misticismo, pero creo que es así y tu lo tranfiguras muchas veces en pureza, cuando muestras imagenes celestiales.

Muchas gracias, Cornwall y Luz Marina, por pasaros, y espero que estéis muy bien y empecéis un buen fin de semana!!
Muchos besitos!

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