entre Mandeville y Maquiavelo

(Todo lo que debemos saber sobre economía)

lunes 10 de mayo de 2010

entre Mandeville y Maquiavelo: la economía de mercado y la de producción

El capitalismo y las economías de mercado que ha tenido éxito sólo se pueden entender adecuadamente junto con sus paradojas. Como explica Adam Smith, no conseguimos nuestro pan cotidiano por la amabilidad del panadero, sino más bien porque éste desea ganar dinero. Nuestra necesidad de alimentarnos se satisface mediante la codicia de otros, lo que constituye claramente una paradoja. La perspicaz respuesta de Adam Smith se insertaba en un importante debate durante el siglo XVIII, iniciado en 1705 por Bernard Mandeville cuando proclamó que los vicios privados podían dar lugar a beneficios públicos. En 1776, cuando Smith publicó La Riqueza de las Naciones, aquel debate había concluido prácticamente, pero la presentación que de él ofreció Adam Smith, así como nuestra interpretación actual, han ocultado matizaciones muy importantes del principio de Mandeville en su forma más cruda.

Erik Pontoppidan, reaccionó en 1757 de una forma muy habitual a la afirmación de Mandeville de que el bienestar público provenía de los vicios privados. Pontoppidan había sido anteriormente obispo de Bergen, lo que explica en parte su indignación moral: si el vicio era la fuerza propulsora del bienestar, quien prendiera fuego a Londres por los cuatro costados sería un héroce por todo el empleo y la riqueza que se crearía así, desde los leñadores y aserradores hasta los albañiles y carpinteros. La fórmula para resolver este problema y consolidar la teoría de la economía de mercado fue bien expresada por el economista milanés Pietro Veri en 1771: “El interés privado de cada individuo, cuando coincide con el interés público, es siempre el garante más seguro de la felicidad pública”. En aquella época era obvio que en una economía de mercado esos intereses no estaban siempre en perfecta armonía. Se suponía que el papel del legislador consistía en promover medidas que aseguraran que los intereses individuales coincidían con los públicos.

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La teoría económica actual se basa en una interpretación de Mandeville y Smith que difiere de la habitual en la Europa continental durante el siglo XVIII.

(Erik Reinert)

Se trataría como abogados de una determinada concepción de la racionalidad sistemática funcional: lo serían desde Maquiavelo y Bodino. Y ello frente a una filosofía de la historia- de objetivos a largo plazo a partir de principios éticos universales.

“Desde el punto de vista de la teoría de la racionalidad, la imposibilidad de la planificación de la historia se expresa sobre todo en el hecho de que la racionalidad teleológica de nuestras acciones en el nivel de los sistemas sociales -por ejemplo, en el nivel del sistema económico, pero también, en el sistema educativo- puede transformarse en irracionalidad funcional, contrastada, por así decirlo, irónicamente por el hecho conocido desde Mandeville y Adam Smith, de que viceversa las acciones irracionales -especialmente también las acciones moralmente dudosas- pueden contribuir a la llamada “racionalidad sistemática”, por ejemplo, de la economía. Este problema de ninguna manera queda superado renunciando a su solución en el sentido de la “astucia del espíritu universal” hegeliana; pues precisamente después del fracaso de esta “superación” positiva del conflicto entre racionalidad de la acción y racionalidad sistemática funcional queda, por así decirlo, la intelección dolorosa en la siempre eficaz astucia negativa del espíritu universal.

Expresamente no he distinguido aquí entre racionalidad teleológica (inclusive la racionalidad estratégica) y racionalidad consensual-comunicativa como formas de la racionalidad de la acción. En efecto, ambas formas, en el nivel de la “racionalidad sistemática” funcional pueden convertirse en irracionalidad, dicho más exactamente: tanto acciones directamente racionales estratégico-teleológicas de los individuos y de los grupos de intereses, como acciones teleológicas que fueron coordinadas consensual-comunicativamente sobre la base de la racionalidad discursiva. Si no me equivoco, esto tiene como consecuencia que los individuos, en su actuar estratégico (pero también en su contribución a los cuasidiscursos) se convierten en abogados de una determinada concepción de la racionalidad sistemática funcional: desde Maquiavelo y Bodino, por ejemplo, en abogados de la “razón del Estado”, y en la actualidad además en abogados de diferentes concepciones competitivas de la racionalidad sistemática de la economía. (Quizás uno debería hablar de “racionalidad sistemática” sólo en la medida en que las personas, en tanto actores y hablantes en el discurso, pueden convertirse en abogados de esta racionalidad funcional.)”

(Karl Otto Apel, Estudios éticos)

“Si uno ve claramente las aporías -en no poca medida éticas- de estas concepciones de la planificación social, se infiere, según mi opinión, que sólo una forma de la teleología referida a la historia es hoy plausible: la fundamentación -ya insinuada por Kant en sus escritos sobre filosofía de la historia- de objetivos a largo plazo (como, por ejemplo, una sociedad jurídica de ciudadanos del mundo) a partir de principios éticos universales que en tanto tales, independientemente del éxito o del fracaso de intentos particulares de realización histórica, son susceptibles de obtener consenso”, dirá también el autor de “Estudios éticos”.

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En economía y en historia clásica se habla de una “teoría de las etapas”, que proviene de la de los ciclos.

Las teorías de las etapas nacidas durante la primera Revolución Industrial -las de Turgot y el primer Adam Smith- nos presentan a los humanos primero como cazadores y recolectores, luego como pastores de animales domesticados y después como agricultores, para alcanzar finalmente la etapa del comercio. Es muy significativo que desde finales del siglo XVIII los economistas clásicos ingleses concentran sus análisis en la última etapa de la evolución, el comercio -la oferta y la demanda y los precios-, más que en la producción. Durante el siglo XIX los economistas alemanes y estadounidenses insistían en una interpretación muy diferente de las etapas de desarrollo. Para ellos todas las etapas anteriores se asociaban al modo de producir bienes, y juzgaban un grave error clasificar la siguiente etapa de desarrollo de otra forma. Esta diferencia de opinión sentó los cimientos para la divergencia abierta durante el siglo XIX entre la política económica alemana y estadounidense y la que prescribía la teoría inglesa. Para los economistas ingleses la última etapa era del “comercio”, mientras que para los alemanes y estadounidenses era la de la “industria”.

Éste es el punto clave en el que se desvía la actual economía estándar, descendiente de la “era del comercio” de Adam Smith, de la economía basada en la producción, descendiente de la economía continental europea (en particular alemana) y estadounidense. La teoría moderna del comercio internacional, tras ignorar la importancia de la tecnología y la producción, insiste en que el libre comercio entre una tribu del Neolítico y Silicon Valley tenderá a enriquecer a ambas partes. La teoría del comercio del Otro Canon, por el contrario, insiste en que el libre comercio no beneficiará a ambas partes hasta que hayan alcanzado la misma etapa de desarrollo.

Al concentrar su análisis en el comercio y no en la producción, la teoría económica inglesa, y más tarde neoclásica, fue equiparando poco a poco todas las actividades económicas entendiéndolas como cualitativamente iguales. Las teorías de la producción que se añadieron más tarde a esta tradición anglosajona de la economía -la teoría estándar actual- la veían esencialmente como un proceso consistente en añadir capital al trabajo, de una forma bastante mecánica comparable al riesgo de plantas genéticamente idénticas que crecen en condiciones idénticas. La economía desarrolló, por utilizar la frase de Schumpeter, “la opinión pedestre de que es el capital per se el que impulsa el motor capitalista”.

Los textos estándar de economía no tienen en cuenta que las diferencias tecnológicas dan lugar a enormes variaciones en la actividad económica y por consiguiente también crean oportunidades muy diferentes para añadir capital al trabajo de una forma potencialmente rentable.

No estoy presentando un espantajo fácil de combatir; como muestra la cita del primer secretario general de la OMC Renato Ruggiiero en la Introducción, ésta fue de hecho la concepción que configuró el orden económico mundial después del final de la Guerra Fría”.

(Erik Reinert, es economista, especializado en la investigación tecnológica para el desarrollo)

Cito una opinión filosófica, la de Karl Otto Apel, que yo suscribiría en su integridad también:

“Justamente porque la marcha de la historia no puede ser predicha ni en pronósticos “incondicionados” ni “condicionados”, las personas necesitan objetivos a largo plazo que puedan apoyar en todo momento. Me parece que estos objetivos no deben ser inferidos de “imperativos sistemáticos” funcionales -por ejemplo, de política del poder o económicos- porque a través de ellos tendencialmente los sujetos humanos de la acción son degradados a meros medios. Naturalmente, en una “ética de la responsabilidad”, las personas transitoriamente tienen que transformarse también en abogados de la racionalidad funcional de los “sistemas”: pues manifiestamente la supervivencia de la comunidad real de comunicación humana depende de la autoafirmación de sistemas sociales funcionales. Pero el desarrollo a largo plazo de aquella racionalidad consensual-comunicativa que -desde el surgimiento del lenguaje y del pensamiento- está dada en el mundo de lo vital de todos los hombres y que caracteriza el objetivo por lo menos del entendimiento no violento sobre fines y objetivos, tiene que conservar prioridad teleológica frente a una “colonización del mundo vital” a través de estructuras y mecanismos y de conducción tendencialmente anónimos de la llamada racionalidad sistemática.”
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Hay que darse cuenta que la parte de la economía clásica que nos ha quedado, la teoría de Smith y la de David ricardo, quizás lo que nos ha quedado es la parte más simpática o la que es más suave del proceso del capitalismo, quiero decir, la que predica el compañerismo, el hacer las cosas por el beneficio de todos.

En realidad lo que no se ha tenido en cuenta son el lado oscuro de esas teorías, sobre Smith, la de que la era del comercio, sería como la última etapa en una larga etapa de desarrollo, y de la teoría de Ricardo, de quien habría que decir que no todas las economías pueden comerciar o especializarse en un solo producto o una actividad, pues no todas las actividades son igualmente competitivas y esto a la larga no crea riqueza colectiva, sino solo de unos pocos.

Estherllull dixit.-

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Mecanismo vicios privados y beneficios públicos.-

El mecanismo vicios privados-beneficios públicos puede funcionar también a la inversa; vicios públicos-beneficios privados.

Los vicios del gobierno -excesivo nacionalismo y belicosidad- inducían a menudo indirectamente beneficios privados a largo plazo. Muchos nuevos inventos importantes para la vida civil nacieron como subproducto de la guerra: los alimentos enlatados (guerra napoleónicas), la producción en masa con piezas estandarizadas (armas durante la guerra civil americana), el bolígrafo (fuerza aérea estadounidense durante la segunda guerra mundial), las alarmas antirrobo (guerra de Vietnam), los satélites de comunicación (el programa de “guerra de las galaxias”, etc).

Una vez que aceptemos que un factor importante del desarrollo económico es una gestión de recursos que exige rendimientos al borde de lo que es tecnológicamente posible, podremos invertir más dinero directamente en el sector sanitario, por ejemplo, y evitar totalmente la guerra.

También se puede observar la alternativa: vicios privados-virtudes públicas: lo que en primera instancia aparecen como virtudes públicas pueden de hecho convertirse en vicios sistémicos. Como veremos la ayuda sistemática al desarrollo puede convertirse en “colonialismo del bienestar” y en un instrumento para “gobernar a distancia” mediante el ejercicio de una forma particularmente sutil de control social neocolonial, no ostentosa y generadora de dependencia.

El capitalismo y las economías de mercado que han tenido éxito sólo se pueden entender adecuadamente junto con sus paradojas.

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Es muy posible ganar dinero de formas que contradicen el interés público. Se puede hacer dinero a expensas de destruir las economías, como muestran los ejemplos de Goerge Soros y el ofrecido por Erik Pontoppidan. El economista estadounidense William Baumol distingue entre empresariado productivo, improductivo y destructivo. A la economía estándar no le resulta fácil entender esto porque su “individualismo metodológico” ha descartado el interés público nacional como categoría; como dijo tan elocuentemente Margaret Thacher, “no existe la sociedad, sólo los individuos”. A diferencia de la economía inglesa, no obstante, la economía continental europea ha mantenido en general el interés nacional como una categoría propia.

En cuanto se entiende el capitalismo como sistema de competencia imperfecta y consecuencias no pretendidas, y no como un sistema de mercados perfectos, se puede aprovechar esa caracterización para modelar políticas económicas juiciosas. Y juiciosas quiere decir que buscan el beneficio privado además del público.

ya desde el siglo XVI las innovaciones y el cambio tecnológico aparecían relacionados en gran medida con la demanda del gobierno en dos áreas: la guerra (pólvora, metales para espada y cañones, buques de guerra y su equipo) y el lujo (seda, porcelana, objetos de vidrio, papel). En 1913 Werner Sombart publicó dos libros en los que caracterizaba esos elementos como fuerzas impulsoras del capitalismo, Guerra y Capitalismo y Lujo y Capitalismo (que en su segunda edición de 1922 fue atrevidamente rebautizada como Amor, Lujo y Capitalismo, el título que deseaba originalmente su autor). El rey Christian V de Dinamarca y Noruega (1670-1699) describía sus “principales pasiones” de una forma muy acorde con el esquema de Sombart: “la caza, la vida amorosa, la guerra y los asuntos navales”. Una gestión financiera austera solía considerarse recomendable para poder atender a los intereses de la guerra y a las amantes reales.

La fórmula para resolver este problema y consolidar la teoría de la economía de mercado fue bien expresada por el economista milanés Pietro Veri en 1771: “El interés privado de cada individuo, cuando coincide con el interés público, es siempre el garante más seguro de la felicidad pública”. En aquella época era obvio que en una economía de mercado esos intereses no estaban siempre en perfecta armonía. Se suponía que el papel del legislador consistía en promover medidas que aseguraran que los intereses individuales coincidían con los públicos.

La teoría económica actual se basa en una interpretación de Mandeville y Smith que difiere de la habitual en la Europa continental durante el siglo XVIII. La perspicaz respuesta de Adam Smith se insertaba en un importante debate durante el siglo XVIII, iniciado en 1705 por Bernard Mandeville cuando proclamó que los vicios privados podían dar lugar a beneficios públicos. En 1776, cuando Smith publicó La Riqueza de las Naciones, aquel debate había concluido prácticamente, pero la presentación que de él ofreció Adam Smith, así como nuestra interpretación actual, han ocultado matizaciones muy importantes del principio de Mandeville en su forma más cruda.

Desgraciadamente para los países pobres, una cadena de acontecimientos llevó a la economía a olvidar la definición sombartiana del capitalismo. Adam Smith había apartado la producción de la economía amalgamando comercio y producción en horas de trabajo. Así, cuando la economía mundial quedó definida como un sistema en el que todos intercambiaban sin efectos de sinergia -trabajo que todos dominan del mismo modo-, se despejó el camino para la opinión de que el libre comercio podía considerarse beneficioso para todos. Ni siquiera la adición del capital crea de por sí el capitalismo. Sin embargo, durante mucho tiempo economistas estadounidenses y de la Europa continental como Sombart consiguieron mantener viva una tradición económica alternativa, en cuyo núcleo estaba la producción.

La riqueza se había creado y mantenido tras altas barreras para obstaculizar la entrada, constituidas por sus mayores conocimientos, la posesión de una gran variedad de actividades industriales que creaban sinergias sistemáticas, el poder de mercado, los bajos costes derivados de las innovaciones y los rendimientos crecientes -tanto en determinadas industrias como a escala sistemática-, la enorme envergadura de sus operaciones y las economías de escala en el uso de la fuerza militar. A partir de 1485 Inglaterra emuló esa triple estructura de rentas que se había creado en ciudades-Estado europeas sin grandes recursos naturales. Mediante una intervención económica del Estado decisiva, Inglaterra creó su propio triple sistema de rentas: industria, comercio a larga distancia y el cuasimonopolio de una materia prima, en su caso la lana. El éxito de Inglaterra conduciría finalmente a la decadencia de las ciudades-Estado y el auge de los Estados-nación: las sinergias descubiertas en las ciudades-Estado se extendieron a áreas geográficas más amplias. Ésta iba a ser la esencia del proyecto mercantilista en Europa.

Este artículo está basado en las tesis de un autor economista noruego-estadounidense, Erik Reinert.

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Más sobre Adam Smith:

La teoría económica actual se basa en una interpretación de Mandeville y Smith que difiere de la habitual en la Europa continental durante el siglo XVIII en aspectos importantes.

En primer lugar, no se puede suponer que el interés propio sea la única fuerza que impulsa a la sociedad. Las virtudes privadas raramente se convierten en nada que no sean virtudes, públicas o privadas; pero como veremos, las virtudes públicas se puede convertir en vicios privados. Otros sentimientos más nobles que la codicia y la maximización del beneficio son más difíciles de modelar.

En segundo lugar, debido a factores bien conocidos por los economistas anteriores a Smith -sinergias, rendimientos crecientes y decrecientes y diferencias cualitativas en la capacidad empresarial, liderazgo, conocimientos, así como entre distintas actividades económicas-, la economía de mercado, abandonada a sus propias fuerzas, tiende a menudo a incrementar las desigualdades económicas más que a armonizarlas. Lo que llamamos desarrollo económico es una consecuencia “no pretendida” de ciertas actividades económicas cuando se dan además factores como los rendimientos crecientes, una minuciosa división del trabajo, una competencia dinámica imperfecta y oportunidades para la innovación. El desarrollo económico se convirtió así en una consecuencia muy pretendida de cierta política económica, y la pobreza se convirtió en una consecuencia de la colonización porque esos factores estaban ausentes. Como hemos insistido una y otra vez, éste es un punto ciego en la economía estándar porque en general supone implícitamente que todas las actividades económicas son equivalentes.
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Una vez que aceptemos que un factor importante del desarrollo económico es una gestión de recursos que exige rendimientos al borde de lo que es tecnológicamente posible, podremos invertir más dinero directamente en el sector sanitario, por ejemplo, y evitar totalmente la guerra.

También se puede observar la alternativa: vicios privados-virtudes públicas: lo que en primera instancia aparecen como virtudes públicas pueden de hecho convertirse en vicios sistémicos. Como veremos la ayuda sistemática al desarrollo puede convertirse en “colonialismo del bienestar” y en un instrumento para “gobernar a distancia” mediante el ejercicio de una forma particularmente sutil de control social neocolonial, no ostentosa y generadora de dependencia.

El capitalismo y las economías de mercado que han tenido éxito sólo se pueden entender adecuadamente junto con sus paradojas.
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A modo de Resumen práctico:

La teoría económica actual se basa en una interpretación de Mandeville y Smith que difiere de la habitual en la Europa continental durante el siglo XVIII.

A diferencia de la economía inglesa, no obstante, la economía continental europea ha mantenido en general el interés nacional como una categoría propia.

En cuanto se entiende el capitalismo como sistema de competencia imperfecta y consecuencias no pretendidas, y no como un sistema de mercados perfectos, se puede aprovechar esa caraterización para modelar políticas económicas juiciosas. Y juiciosas quiere decir que buscan el bneficio privado además del público.

La fórmula para resolver este problema y consolidar la teoría de la economía de mercado fue bien expresada por el economista milanés Pietro Veri en 1771: “El interés privado de cada individuo, cuando coincide con el interés público, es siempre el garante más seguro de la felicidad pública”. En aquella época era obvio que en una economía de mercado esos intereses no estaban siempre en perfecta armonía. Se suponía que el papel del legislador consistía en promover medidas que aseguraran que los intereses individuales coincidían con los públicos.

La perspicaz respuesta de Adam Smith se insertaba en un importante debate durante el siglo XVIII, iniciado en 1705 por Bernard Mandeville cuando proclamó que los vicios privados podían dar lugar a beneficios públicos. En 1776, cuando Smith publicó La Riqueza de las Naciones, aquel debate había concluido prácticamente, pero la presentación que de él ofreció Adam Smith, así como nuestra interpretación actual, han ocultado matizaciones muy importantes del principio de Mandeville en su forma más cruda.

El mecanismo vicios privados-beneficios públicos puede funcionar también a la inversa; vicios públicos-beneficios privados. Los vicios del gobierno -excesivo nacionalismo y belicosidad- inducían a menudo indirectamente beneficios privados a largo plazo.
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Más sobre anécdotas:

El otro día estuve viendo o volviendo a ver la película “Una mente maravillosa”, allí el protagonista basa su tesis en una teoría económica que compatibiliza el interés propio con el interés común, y esa teoría que forma parte también de la ficción de la película, sin embargo termina obteniendo un premio nobel de economía, nada menos, y también se habla de Adam Smith, como si en él se hallara la médula de algunos de esos debates que todavía tenemos que resolver.

Lo que sí me paro ahora a pensar y esta teoría del capitalismo como un resultado de consecuencias no pretendidas y de recursos hasta sus límites y enlazados con la guerra, tira por el suelo la otra teoría que hay del capitalismo como calvinismo, es decir, nacida de la austeridad y de una moral represiva, sobre esto véase Stuart Mill.

Vaya, pues todo se complica a veces, los vicios y las represiones también cuentan, sobre todo en una teoría moral y en una cultura del superego moral.

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También me queda otro dato importante que referir:

Aunque las consecuencias no pretendidas se presentan a menudo como un argumento en favor del ” laissez-faire ” , en la tradición predominante en la economía continental europea la comprensión de tales consecuencias se convirtió en un instrumento de la política económica ilustrada.

Se puede argumentar que la política de industrialización de Enrique VII en Inglaterra, a partir de 1485, fue en parte consecuencia del crecimiento de la industria lanera como efecto no pretendido de las tasas impuestas -por razones de recaudación- por su predecesor Eduardo III, sólo que lo que antes había sido una consecuencia no pretendida se convirtió ahora en el objetivo clave de la política de Enrique VII.

De hecho, el doble efecto fortuito de las tasas -proporcionar ingresos al Tesoro al tiempo que consolidaban la industria- fue siempre extremadamente importante; también fue así en Estados Unidos, y todavía lo es particularmente en países pequeños.

Un segundo rasero o tabla de medir:

Esto se puede aplicar a muchas actividades, por ejemplo el otro día estuve viendo un documental sobre Amsterdam, la prostitución es tolerada porque paga impuestos, la marihuana en una cierta cantidad es tolerada por lo mismo, es decir, el hecho el hecho de cobrar tasas ha sido muy productivo en la historia de la economía, siempre que se ha hecho guardando un decoro, claro está, volvemos al tema de la moralidad que siempre penetra a la política y la economía.

Y en este caso se trata de la industria lanera, nada menos, que terminaría haciendo la competencia a Florencia y que en España también se desarrolló aunque tarde y en condiciones menos competitivas, porque vendíamos más barato.

-Más reflexiones:

La política ahora está en una singladura parecida, en que no sabe para dónde tomar.

Por un lado, la falta de regulación de la economía y por el otro, el excesivo cargo en el tema de los impuestos, por un lado o por el otro habrá que tirar, por los dos se ve que en la historia de la economía, el capitalismo ha avanzado, pero lo que sí es cierto es que con mercados perfectamente regulados no se podría generar una dinámica, y que la categoría nacional por ejemplo ha servido para la industria automovilística, y la categoría de las patentes, bueno, esta es otra categoría, que no hemos mencionado, esto también ha ayudado mucho actualmente al capitalismo.

Hacia finales del siglo XV -en la época en que Colón llegó a América- los venecianos crearon, a partir de la comprensión del progreso como un subproducto de la guerra y el gasto público, una nueva institución: las patentes. Al conceder a quien inventaba algo su monopolio durante siete años -el periodo normal para el aprendizaje de un artesano- los inventores podían gozar de los beneficios de los nuevos conocimientos obtenidos hasta entonces principalmente como subproducto de inversiones públicas muy meditadas. El progreso era la consecuencia de una competencia dinámica imperfecta. Una institución gemela de las patentes, conscientemente creada poco más o menos en aquella misma época, era la protección arancelaria, destinada a facilitar que las invenciones arraigaran en nuevas áreas geográficas.

Y eso es lo que está pasando hoy día con la patente de MIcrosfot, y en general con la forma como las tecnologías han hecho avanzar el capitalismo hacia un neocapitalismo feroz, del individualismo posesivo, se ha llamado a veces, con esto de las patentes y de la poderosa industria de las tecnologías.

Sólo queda por tanto que nos pongamos de acuerdo en la estrategia seguir, yo creo que esto sería más util que otra cosa.

Si consentimos en que los que tienen la riqueza van a seguir siendo más ricos, el capitalismo está acabado. Pero si lo convertimos de nueva en una empresa de envergadura, en algo que estimula un nuevo conocimiento, una nueva inversión que enriquezca a todos, sería estimable aquí también y no le haríamos mala cara.

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Son motivos con la intención de reflexionar algo sobre la economía y los momentos profundos como el de ahora que pasamos en que se revuelve todo el sistema, no es que nos caigamos con todo encima, es que hay que entender bien cómo es la historia previa del capitalismo, creo yo, para poder seguirla con un sentido más o menos afortunado porque hay países que se están quedando en la cola residual y España se podría quedar en el patio trasero de Europa.

Estos motivos obedecen a un debate que fue comenzado en el siglo XVII y que se zanjó en lo que Adam Smith dijo, que era beneficioso también el beneficio que repercutía en el interés propio, pero hoy sabemos que esto no fue lo que dijo Sombart en su definición del capitalismo, y que más bien hoy tendría razón de ser la definición de Sombart, la que todo lo que el capitalismo había promocionado había ocasionado el desarrollo económico, no podemos decir que no, pero también la desigualdad, y la mayor ostentación y avaricia y lujo de los que tenían y por tanto, se incrementaban las distancias entre unos y otros, que no podían acceder a esa riqueza.

No obstante, la variedad de actividades es singularmente lo que hacía que el comercio pudiera prosperar con éxito y las sinergias entre ellas.

Por otra parte, hoy día asistimos a ese “colonialismo” del bienestar, donde vemos que países que tuvieron economías coloniales no pueden por sí mismos salir de la pobreza, y esto es consecuencia sin duda de un capitalismo feroz y mal llevado, así como a través de la práctica del libre comercio en mercados perfectamente regulados, esto lo que hace es que el colonialismo siga dependiente de las potencias que son las que ponen las regulaciones al mercado.

Y como vemos el capitalismo nació de todo lo contrario, de la competencia imperfecta entre mercados y de la imposición de tasas arancelarias que protegieran la industria.

Esto es lo que hace pues que ahora se critique desde este autor tanto el libre mercado así como la economía de manos invisibles de Adam Smith, porque no el libre mercado es la fórmula de esos países que predican el libre mercado, sino que es hipocresía lo que esconden por debajo ya que no lo predican para sí mismos, ni tampoco Adam Smith tenía razón con su teoría.

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Si Virginia Woolf lo leyera estaría en consonancia con ella, pues ella muy británica, entendía los asuntos de estado también, comprendía en su época el gran poder que tuvo el colonialismo también del Reino Unido.
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La caza como una actividad de lujo:

Porque la caza fuese uno de los objetos del capitalismo, se puede entender como actividad de lujo o no, no sé cómo lo entenderás tú, yo considero que la caza tenía un fin honorable, siempre ha sido en las sociedades primitivas el sistema de sustentación de la economía, por tanto, yo no critico la caza, ni fíjate siquiera el capitalismo,

lo único que digo es que no se nos diga lo que no fue, si el sistema empezó por un sistema de caza, incluso de rapiñeria o piratería, bueno eso en algún modo sí es criticable, pero así fue, por eso no se diga ahora, que es un sistema de competencia perfecta, de libertad de mercado, porque no es verdad.

El mejor capitalismo sería por tanto, el que invirtiera, no necesariamente en la guerra o en un sistema de caza que fuese de rapiña sino el que aprovechase esas cualidades de innovación o de investigación en un sistema que crease innovación y nuevas actividades creativas, que pusiese el acento en la producción y no sólo en el capital sólo, ni siquiera en el trabajo sólo y en actividades no sólo lucrativas sino de primera necesidad como la educación y la sanidad.

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Sobre innovación y desarrollo económico:

También es interesante hablar de la tesis de Schumpeter quien en 1911 venía a decir que en las crisis el instinto de supervivencia fuerza a innovar y a asumir riesgos y lleva a nuevos emprendedores a hacer un uso más eficiente del capital y del trabajo que retornan a la economía a su senda de crecimiento potencial.

Nadie objeta que los nuevos conocimientos constituyen el factor principal para la mejora del nivel de vida, el desacuerdo empieza cuando hay que modelar ese proceso. La explicación de Joseph Schumpeter es que las auténticas fuerzas impulsoras del crecimiento económico son los inventos y las innovaciones que se generan cuando esos inventos se introducen en el mercado como nuevos productos o procesos. Las innovaciones crean una demanda de inversión e inyectan vida y valor en un capital que de otro modo sería estéril.

Pero por eso es muy importante el aprendizaje, por eso reclamaba la labor de nuestros gobiernos.

Y también porque hay diversos campos de innovación, sobre todo en las comunicaciones, porque aquí han abierto un inmenso campo las tecnologías nuevas creadas, y en relación con la participación ciudadana, el déficit de esta en la sociedad, la falta de representatividad, paradógicamente creada con la creciente implantación de la técnica, diríase que en vez de estar más representados que nunca, lo estamos menos porque todo se deja en mano de decisiones técnicas, y a veces la economía se impone también sobre la política por esto.

¿Dónde estaría la riqueza?

Te dejo también la respuesta que da el economista Jose Carlos Díez:
” En un mundo bifactorial (capital y trabajo) las empresas no llegan a soluciones extremas como la especialización total de Ricardo sino que hay una combinatoria de ellas y hemos pasado de la ventaja comparativa a la ventaja competitiva que ya describió Alfred Marshall y que ha desarrollado magistralmente Miche Porter.

China está especializada en exportar bienes intensivos en trabajo pero tambien en capital. De hecho la mitad de sus exportaciones son en bienes intensivos en capital aunque muchas de ellas son de multinacionales y el resto lo hace gracias al crédito subvencionado por el Gobierno a costa de deteriorar la solvencia del sistema bancario.
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En fin esto es una opinión autorizada.

Diríamos también que la riqueza está donde hay una diversidad de actividades diferentes, porque allí es donde se dan las grandes sinergias y el comercio más vivamente crea esa riqueza. Pero también ahí es donde está la innovación, porque la innovación es la que crea esa riqueza, y esa ventaja competitiva.

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El caso de Holanda:

El caso de Holanda desde luego es extraordinario.

Holanda junto con Venecia fueron los primeros países de Europa que se hicieron ricos, representaban el modelo ciudad-Estado, todavía no se habían creado las naciones-Estado, eso vino después con Inglaterra, para que veas que todo responde a intereses económicos.

Todo es muy paradójico que en estas ciudades que no tenían nada de agricultura se hicieran tan ricas, y todo fue por el comercio, sí, pero no olvidemos, también y sobre todo en Holanda, por la gran innovación, palabra esta mágica.

Hoy día la innovación de la tecnología es lo que ha llevado a la riqueza a los paises mas ricos, por eso es tan importante, y gracias a ella es por lo que el propio comercio se ha podido extender tanto.

No olvidemos tampoco que Adam Smith habla de comercio y libre, en un momento en que en Inglaterra la economía se sostiene gracias a la gran industrialización, es decir, Smith se olvida de la base de la economía.

Alemania despues de la guerra aceptó el plan Marshall y por eso se pudo industrializar, porque había otra corriente que estaba en contra. Y esto es lo que ha hecho rica a Alemania tan pronto, y no el comercio.

Porque Holanda lo que hizo al innovar es comprarnos todo el oro a nosotros a precios tirados y ella venderlo en productos manufacturados al mil por cien, así se hicieron ricos, como muchos judios, que habitaban y moraban.

Pero la cuestion es que nosotros con la fiebre del oro no nos industrializamos a tiempo, solo imitábamos a Florencia con la lana y creíamos que podíamos competir con ella, hasta que Inglaterra se ocupó tambien de quitarle el negocio de la lana a Florencia y se vino con nosotros, pero sólo también porque se la vendíamos mas barato y porque ella se dedicaba ya al comercio y a la producción industrial más sofisticada de tejidos.

Y luego Estados Unidos está tratando a los países de Latinoamerica del mismo modo, les está impidiendo que se industrialicen, tímidamente, Chile, Mexico, con algo de tecnologías, que les venden, lo cierto es que falta la integracion regional de estos países entre sí, para que salgan adelante y falta que se industrialicen.

A mí no me hables de Keynes, de quien sea o de Hayek, la cuestión no es esa, la cuestión es de la estructura productiva, ¿se tiene o no se tiene? Y esta se crea solo pasando por etapas, y con integracion regional, y se crea con innovación, porque si no innovas vas al callejón, que es lo que nos está pasando. Y no quiero ni verlo.

Yo ya he sufrido mucho con las estructuras académicas que tenemos. Y no podemos decir que estamos mal, que nuestra renta per capita es de 20.000 dolares por cabeza, como Francia, y Japón, mientras que la de China solo llega a 10.000 y todavía está por detrás, la pregunta es ¿nos alcanzará?

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Uno se salva salvando al otro:

Irlanda se desarrolló en tecnología y ha llegado la crisis a ella, también, tal vez es una cuestión de proteccionismo o más bien de integración regional creo yo, e Irlanda siempre ha tenido la animadversión de Inglaterra, triste, porque el proteccionismo está muy mal visto porque nos aisla. Pues integrémonos. Pues si vienen otros países a por nuestro sol que vengan, pero no podemos tampoco darle buenos precios si no nos ayudan a desarrollarnos también en tecnologías, siempre este sector y el de servicios es el que ha subvencionado al resto. Y no digamos la industria del automóvil salvándola como podemos. Y ¿qué pasa con el crédito bancario?, hasta que esto no se soluciones qué hacer. Porque los bancos lo único que han hecho es salvarse a sí mismos y meter el dinero que les ha dado el gobierno en bonos del Estado, con lo que uno se salva salvando al otro pero no hace nada realmente por los demás, por el consumidor o el ciudadano social.

Por otra parte, funciona la tecnocracia en todo ello, es decir, lo que contribuye a una suerte despolitización o desideologización, como se ha visto. Hoy día se obedece más a problemas técnicos que a problemas prácticos, y por ello, el gobierno se inhibe de dar soluciones.

Cuando la política, volvemos a lo mismo que cuando hablábamos de Japón, en absoluto es neutra, y no es neutra la política sobre tecnologías y sobre la importancia de lo que ellas pintan para la economía de los países más ricos, y no sólo eso sino para poder construir rentas medias, y no salarios de pobres y salarios de ricos, que es lo que tenemos.

Por otra parte el modelo educativo de Finlandia.-

El modelo de Finlandia lo que hace es que incentiva a los alumnos a una actividad creativa también como la pintura, la musica, el arte y el deporte, mientras que aquí estamos todo el día en el bar, digamos que no podemos construir así un medio donde la creatividad no se potencie, sobre esto yo también lucharía para cambiar en lo posible muchos aspectos de la estructura social y creo que cambiarán los modelos de ocio hacia los que vamos.

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lunes 10 de mayo de 2010

Lo que creo es que se ha perdido autoridad política, es decir, que el poder político representativo en el mundo es que defienda los intereses generales frente a intereses sectoriales parciales, incluso cuando se negocia se debe hacer eso. Creo que ha habido una decadencia del “autoritas” no del marco normativo del poder que sigue siendo el mismo básicamente, sino de la autoridad para ejercer la defensa de los intereses generales frente a los escollos que siempre existen en las sociedades. Recordemos una frase de los años 50, de un presidente americano, no precisamente progresista como el general Eisenhower, cuando decía:” lo único que peligra para la democracia representativa, es el creciente poder del complejo industrial militar, cosa que nunca ocurrió”. Lo que yo digo es, ¿no estamos ante un poder financiero global condicionante del poder representativo de los gobiernos, gobierno a gobierno y de los gobiernos en la UE y en el espacio por decir algo, del G20? pues yo creo que sí.
Publicado por Ishtar Sylphide en 15:35 0 comentarios Enlaces a esta entrada
¿Cree que es estable un sistema en el que en 40 años el sector financiero ha crecido hasta ser seis veces mayor que la economía real?

R. Claro, claro, eso lo he denunciado, la verdad es que uno no se debe citar a sí mismo, es demasiado vanidoso. Pero en 1999 presenté un informe, encargado por la tribu a la que pertenezco, la Internacional Socialista, sobre el funcionamiento de los mercados de capitales en el mundo. Una de las cosas que dije fue exactamente eso en el informe, si la economía mundial crece a un 4 % y el comercio mundial al 4,5 % y los movimientos de capital al 60 % acumulativo, algo no funciona bien. Tiene que haber un sistema de semáforo, y lo dije ya hace muchos años, que diga si crecen los movimientos de capital tres veces más que la economía real, muy bien, está financiándose el futuro y tal, muy bien. Pero a partir que crezca 4 veces mas, habrá que tener una señal amarilla y roja inmediatamente después para pararlo, no.

Publicado por Ishtar Sylphide en 15:31 0 comentarios Enlaces a esta entrada
Hay muchas críticas por la lenta reacción de Europa ante la crisis de estos días.

R. A mí me importa mucho más saber por qué en Europa el efecto de la crisis es mayor que en el lugar de su origen primigenio que es EE UU. A mi me parece que en Europa es más difícil el proceso de toma de decisiones y se ve con menos optimismo la recuperación postcrisis. Esto es lo que me preocupa. En Europa se proyecta esa crisis sobre una Europa que no ha hecho esos cambios estructurales que se comprometió hacer en el 2000 cuando detectó que perdía competitividad, que su crecimiento era demasiado pequeño, que tenía problemas demográficos graves, adaptación a la sociedad del conocimiento. Por tanto la crisis se ha producido sobre una estructura europea digamos obsoleta, distanciada de la capacidad de inserción en la economía global, esto es lo que pasa.

Publicado por Ishtar Sylphide en 15:29 0 comentarios Enlaces a esta entrada
Que además hay políticas económicas que si son excesivamente divergentes no resisten de estar dentro de un espacio interior sin fronteras de moneda única y por tanto de política monetaria igual para todos. Esas divergencias siempre nos exponen a choques asimétricos que ponen en tensión al conjunto del sistema.

P. ¿Pero los problemas de esas divergencias ya se conocían hace 10 años, no?

R. Pues claro. Por eso digo el pacto de estabilidad y crecimiento tomémoslo como la condición necesaria. Y la gobernanza de la convergencia como la condición suficiente. El pacto de estabilidad y crecimiento debe ser rigurosamente aplicado y después hay que establecer un mecanismo de gobernanza para evitar las divergencias de balanza de pagos, de competitividad, de balanzas comerciales. De que vale que un país tenga buenas cuentas públicas si el país como tal tiene cuentas divergentes cada vez más graves.

P. Una de sus propuestas es la de concentrar sus esfuerzos en defender al trabajador más que al puesto de trabajo

R. Por ser absolutamente preciso en el concepto. Defender al trabajador efectivamente en términos que hoy dé resultados significa defender su empleabilidad, que es su capacidad de tener empleo en una economía sometida a profundos cambios tecnológicos y rapidísimos, por eso defiendo la empleabilidad como el factor más seguro para mantener ocupada a la población activa. Por eso tiene más importancia en estos cambios tecnológicos rápido que el puesto de trabajo concreto en una situación concreta y en lugar concreto.

Publicado por Ishtar Sylphide en 15:27 0 comentarios Enlaces a esta entrada
¿Cómo ve que España puede salir de esta?

R. En España estábamos perdiendo competitividad durante muchos años y estábamos consumiendo lo que no ahorrábamos. Estábamos consumiendo a nivel interno en exceso de ladrillo y cemento. Digamos que ha habido dos burbujas, la burbuja que ha explosionado, que nos afecta a todos que es la financiera y una burbuja que era la nuestra, la inmobiliaria, esos dos efectos encadenados han puesto de relieve que nuestro modelo productivo tiene que adaptarse y cambiar rápidamente con elementos añadidos a los que tienen que hacer otros. Pero la competitividad alemana en la economía global también ha decaído. En la economía europea no, pero en la global también, por tanto el mensaje es para todos. Podríamos decir, lo hicieron bien los suecos, lo hicieron bien los daneses, lo hicieron bien los finlandeses, pues si, pero no por la aplicación de la estrategia de Lisboa, sino por su propia convicción previa a la estrategia de Lisboa de la necesidad de adaptación.

P. ¿Cree que el debate político en España está centrado para resolver los problemas que tiene el país?

R. No. Le voy a decir solo la idea, pero no se la voy a explicar, en España los debates no están centrados en los problemas reales y con frecuencia se pierden en los problemas que creamos que no siendo reales se conviertes en graves.

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