reivindicación del feminismo

estherllull:

8 Mayo 2010 a las 11:56 pm

La dimensión sexuada es una de las más indispensables y no sólo para la reproducción, sino para la cultura y la conservación de la vida. Se trata, entonces, de saber si nuestras civilizaciones están aún dispuestas a considerar el sexo como una patología, una tara, un residuo de animalidad, o si por fin han llegado a ser lo suficientemente adultas como para concederle su estatuto cultural humano.

Nunca deja de ser una naturaleza secundaria, arrancada de sus raíces corporales, de su entorno cósmico, de su relación con la vida. Esta relación sólo expresa denegación, y permanece en un perpetuo paso al acto inculto.

El mundo evoluciona. En nuestros días, su evolución parece entrañar un riesgo para la vida y la creación de valores. De estos últimos subsisten a menudo los sometidos al reino del dinero.

El peligro de los medios de comunicación desarrollados por las sociedades de responsabilidad exclusivamente masculina es que pueden impedir que emerjan otros medios de comunicación más vinculados a la vida, a sus propiedades concretas, o destruirlos si ya existen.

Semejante cambio pasa por la evolución de los aspectos sexuados de la lengua y de todos los medios de intercambio.

La realidad aparece como un hecho ya cultural vinculado a la historia colectiva e individual del sujeto masculino.

Hemos llegado a un momento en que tenemos que pensar en los individuos y no en los géneros, sí pero a qué precio. El feminismo es la única manera en que la mujer ha alcanzado estatuto de individuo y de subjetividad, eso hay que saberlo.

En el año 78 se derogó el adulterio en España, hasta hace muy poco teníamos normas culturales que eran desigualitarias. El delito de rapto también, y el delito de estupro se cambió la edad. Hasta ese momento la mujer siempre tenía que demostrar su honestidad ante los tribunales para ser creída. Hemos pasado ahora a una libertad, y no nos acordamos de lo que fue antes, y viene bien saberlo. El aborto honoris causa también se modificó porque las mujeres pudientes iban a Londres. Todo ha sido una lucha impenitente. Resignación y resignación. Y compasión hacia el hombre, creo que esa es nuestra historia.

Por favor, que no vengan a decirme que ahora no estamos bien. Tendríamos que despertar de una vez por todas. Porque el problema es que tenemos que salir de nosotras mismas, confiar entre nosotras mismas, entre madres e hijas, sobre todo.

Bueno sólo quería decir eso y saludaros, y no hacer una lucha sino una unión.
 

la lucha de complementarios.-

“cuando la naturaleza reclama la lógica de los complementarios, el ying y el yang, aquel se revela violentamente, inoculado por un miedo antinatural y devastador”:

lo dijo virginiawoolf 08 mayo 2010 | 10:10 PM

ying y yang, eso parece, pasivo, activo. Rígido, flexible. Yo creo que la lucha de contrapuestos, lo es de complementarios solamente, es decir, en reconocer al otro como igual, es donde está el complemento y la armonía de la vida. Así debiera ser

Celia amorós

La ecuación según la cual “el hombre es a la mujer lo que la cultura es a la naturaleza” -además de insostenible por infundada- es sumamente peligrosa pues la dicotomía cultura-naturaleza sustenta sobre sí, por encabalgamiento, otras muchas parejas dicotómicas, desde el par “razón”-”sentimiento” al par “público”-”privado”, por citar sólo dos que se dan cita en Rousseau.
De la falta de fundamento de aquella ecuación no hay mucho que decir salvo que la supuesta condición natural de la mujer tiene bastante poco de “natural”: “La asociación conceptual de la mujer con la naturaleza -concepto nunca dado, claro está por la propia naturaleza, sino siempre social e ideológicamente construido desde las definiciones que la cultura se da a sí misma- no aparece creemos como algo que se pueda derivar sin más de su proximidad a la vida por ser dadora de la misma…

Pensemos que la recurrencia en la adjudicación de los lugares en las contraposiciones categoriales responde a la generalizada situación de marginación y de opresión -cuando no de explotación- en que se encuentra la mujer, opresión desde la que se define -pues en ellos consiste la operación ideológica fundamental de la racionalización y legitimación- como aquello que requiere ser controlado, domesticado y superado”.

De hecho añade Celia Amorós con justificada ferocidad las instrucciones ofrecidas en el Emilio para la educación de las niñas en su alusión a Rousseau -”Las niñas deben ser activas y diligentes, pero eso no es todo; desde muy temprano han de saber contenerse”. “Deben someterse al decoro durante toda su vida, que es el freno más severo y más constante”, “Demasiada indulgencia las corrompe y pervierte con la disipación, la vanidad y la inconstancia, que son los vicios a los que son más propensas”- parecen extraídas del “Manual del perfecto domador”.
~

Para poner otro ejemplo, caro a Celia Amorós, pensemos en la interpretación hegeliana del personaje de Antígona. Con la distinción entre naturaleza y cultura se engarzan para Hegel otras varias distinciones de su cosecha, como las existentes entre el ser-en-sí y el ser-para-sí, la inmediatez y la mediación o lo genérico y lo individual. Merecerá la pena que nos detengamos por un instante en el último eslabón.

La dicotomía “género”-”individuo” cumple un papel fundamental por su articulación orgánica con la de naturaleza y cultura. Siendo naturaleza en última instancia, la mujer no accede al estatuto de la individualidad, estatuto cultural por excelencia, que Hegel reserva al ser-para-sí o “autoconciencia” capaz de despegar de la inmediatez. Por el contrario, eso es lo que no puede hacer “la esencia de lo femenino”, compacta en un bloque de características genéricas en que cada uno de sus ejemplares individuales es irrelevante en tanto que tal, por lo que -en cuanto puro “género”- tampoco le será dado orientarse hacia el otro como individuo.

Como comenta Celia Amorós en su “Crítica de la Razón patriarcal”a propósito de este célebre pasaje de la Fenomenología del Espíritu, perla misógina donde las haya: “Para la mujer, dirá Hegel, en la morada de la eticidad no se trata de este marido o este hijo, sino de un marido o de los hijos en general…

Aquí se encontraría para Hegel la justificación del doble código moral según se aplique al hombre o a la mujer”.
Pues mientras la mujer ha de permanecer ajena a la singularidad de la apetencia, el hombre tendrá derecho a ella, esto es, su “individualidad” se constituye en fundamento de “la cana al aire” masculina. En su condición de género, en cambio, a la mujer “debieran” serle indiferentes un individuo u otro, de donde se desprendería la intolerabilidad de su adulterio que sería “un atentado contra el realismo de los universales”.

Nos tropezamos con la cuestión del “nominalismo” que para Celia Amorós vendría a representar el polo opuesto de cualquier reificación de la esencia de lo femenino. Pero no todo feminismo se encuentra reluctante a hablar de dicha “esencia”, esto es de la feminidad.

nominalismo, marxismo, ecologismo, feminismo

Todo lo que sucede aquí abajo podria decirse no es mas que un palido reflejo de lo que sucede allá arriba, quiere decirse en el status donde se origina el modelo a seguir, este concepto puede relacionarse con el de la “mala fe” de Sartre, tal vez. Parece que hay que romper el mito.

Porque todas esas recreaciones que intentan dar vida, parece que son representaciones muertas de la verdad.
En fin hoy no tengo la conciencia para hallar el fin de esta enredada madeja.
~

Negamos la individualidad y aceptamos el orden objetivo pero tampoco eso es.

No se trata de al desaparecer como sujeto caer en todo lo opuesto, en ser como cosas sin alma, más bien somos roles, somos desempeños de papeles, la identidad misma puede desaparecer y somos aprehendidos como una identidad total o el individuo mismo puede desaparecer.

Una coseidad (durkheim) consiste en concederle un status ontológico independiente de la actividad y la significación humanas.

Es una evidencia no sólo psicológica sino etnológica, es decir, la aprehensión original del mundo social es sumamente reificada tanto filogenética como ontogenéticamente., algo así como propio de las civilizaciones cosmológicas (mircea eliade).

Y uno puede hasta desaparecer cuando se desidentifica con el arriba o con el abajo.
Es un problema también de legitimación de los universos simbólicos.

~

Un varón sin machismo: (Sampedro en El amante Lesbiano)

Últimamente sólo me ha dolido el desprecio: El desprecio lo temen los poderosos porque les debilita; ellos prefieren ser odiados porque eso es reconocer su fuerza. Los débiles nos conformamos en ese desprecio ajeno porque es nuestra identidad.

-“El que se humilla será ensalzado”, lo dicen hasta los
que necesitan dios, y es que al instalado en la sumisión no se le puede rebajar más.

-Me extraña, con la vida que has llevado. Cuando el sumiso se encara con el fuerte,
retándole a que le degrade y el fuerte reacciona maltratando y humillando, hace
precisamente lo que desea el sumiso. Es decir le obedece, se convierte en su
instrumento, aunque crea estar dominando… Mientras no te desprecies a ti mismo
ríete del desprecio ajeno y vive según tu propia verdad. Yo he conocido mujeres así, felices en la sumisión.

-El modelo oficial sólo tolera la castidad o la
dominación del varón y la sumisión de la hembra en la pareja heterosexual. Los
demás experimentos de la Vida se ven forzados a adaptarse, fingir, frustrarse o sufrir
las etiquetas de “pecadores” o “pervertidos”, con todas las consecuencias.Como
escribió Jean Lorrain, “llaman vicio al placer que la sociedad no admite”.

-Mi sexo es masculino, pero mi género es femenino, atraído hacia las mujeres y, para
concluir, sumiso. Así es que resulto un amante pasivo.

El sonriente, oprime mi mano entre las suyas. Siento su cuerpo muy al lado del
mío, fraternal, comprensivo todo él y no sólo en la expresión y la sonrisa. Hay una
acogida carnal en su actitud.
Su voz es tiernísima:
—Bienvenida a tu verdadera vida: te felicito.

~

 

Eres como un varón sin machismo pero otras veces hay un amante en ti fetichista que goza en la sumisión: Una fantasía erótica ajena a represión.

 

 

~

 Antonio Gala: Los papeles de Agua:

El sexo del hombre está claro, visible, agente y ostentoso. Y su función también: su deseo y su oficio es penetrar. El sexo nuestro es pequeño, oculto y sobre todo doble: clítoris y vagina, actividad y pasividad, placer localizado y una especie de sexualidad total.

En ese caso yo habría elegido ser lo que soy, mujer y autosexual.

Lo peor es que ellos nos llevan ventaja en casi todo lo que es el sexo, es de eso de lo que yo estoy hasta el coño. El hombre crea y folla cuando se inspira, cuando está poseído. ¿Se necesita estar inspirada para eso?

Yo soy mucho menos complicada, y más dócil, prefiero ser utilizada si es que me gusta la persona que me utiliza. Egoísta por pasiva y por activa.

Pero hay algo mejor utilizar el hombre a nuestro modo, como un consolador, cuando creamos que es mas conveniente.

No deja de ser un reto aceptable, aunque no sé si da resultado, como consolador el hombre es un poco rebelde suele tener mas fuerza que nosotras. El secreto está en saber utilizar esa fuerza en nuestro beneficio. Haciéndole creer que es en el suyo por descontado.

Se necesita haber sido poseída, bien o mal . Tendríamos que llegar a la autoposesión, recuperar para nosotras ese pequeño y escondido espacio que el hombre avasalla, ese espacio interior. Tendríamos que conseguir encontrar en nuestro propio cuerpo la inspiración y el placer, al mismo tiempo. A mí no me ha resultado tan difícil, por eso os dije que yo era autosexual.

~

Hoy día nuestras cosas son cosas de mujeres, lo que le interesa al hombre son las mujeres más que nuestras cosas.

 

Cuánta importancia queremos dar a la verdad y qué fácil es engañar o ser engañados: hay estrellas que se apagaron hace millones de años y aún las vemos.

Es lo único que tenemos: la vida y acaso una remota posibilidad de saber la verdad.

Pero hablar así del hombre y de la mujer en abstracto me huele a rancio, este hombre, esta mujer, se gustan o no se gustan, o estos dos hombres o estas dos mujeres, eso es lo único interesante, o por lo menos es lo único que me interesa a mí. -Quizá tienes razon, no sé si con ironía-.

 

 

 

Eres una cobarde. Hablas y escribes de esto o de lo otro; pero no de lo que tendrías que hablar y que escribir…

No digas que fue un sueño…” Porque en serio y por última vez: ¿cuál es el sentido de la vida? Ninguno, ninguno, ninguno, tía cargante. Y aunque tuviese alguno no lo dominaríamos.

~

 

Para amar hay que estar poseída…

y aun así parece que utilizamos al otro para nuestra propia inspiración. Y hay que hacerle entender que es en su propio beneficio, porque el hombre es algo rebelde. No es como nosotras que nos dejamos utilizar o al menos somos mas dóciles…

El amor quizá sea la más inmediata respuesta a cualquier deseo femenino, pero amor no es sinónimo de deseo masculino. Para aquel minucioso relojero de La Haya, llamado Spinoza, no es un deseo sino una satisfacción, una presencia interior, una idea en la cabeza de quien ama, una emoción en su cuerpo, una alegría…

La alegría

que es el paso que da un ser humano

desde una perfección menor a otra mayor y que quizá yo ya

esté olvidando…

 

~  

 

La dimensión sexuada:

 

La dimensión sexuada es una de las más indispensables y no sólo para la reproducción, sino para la cultura y la conservación de la vida. Se trata, entonces, de saber si nuestras civilizaciones están aún dispuestas a considerar el sexo como una patología, una tara, un residuo de animalidad, o si por fin han llegado a ser lo suficientemente adultas como para concederle su estatuto cultural humano.

Semejante cambio pasa por la evolución de los aspectos sexuados de la lengua y de todos los medios de intercambio.

Sylphides

~

la sociedad y la lengua

la liberación implica cambios lingüísticos

Nunca deja de ser una naturaleza secundaria, arrancada de sus raíces corporales, de su entorno cósmico, de su relación con la vida. Esta relación sólo expresa denegación, y permanece en un perpetuo paso al acto inculto.

Sus modalidades cambian, la inmediatez ciega del acto permanece. Las relaciones del sujeto masculino con su cuerpo, con quien se lo ha dado, con la naturaleza, con el cuerpo de los otros, incluidas sus parejas sexuales, permanecen sin cultivar. Mientras tanto, las realidades que expresa su discurso son artificiales, hasta tal punto mediatizadas por un sujeto y una cultura que no pueden ser compartidas, lo que, sin embargo, constituye la finalidad de la lengua.

Más aún estas realidades están lejos de la vida que se convierten en algo mortífero, como ya diagnosticó Freud al hablar del privilegio cultural de la pulsión de muerte.

El mundo evoluciona. En nuestros días, su evolución parece entrañar un riesgo para la vida y la creación de valores. De estos últimos subsisten a menudo los sometidos al reino del dinero.

El peligro de los medios de comunicación desarrollados por las sociedades de responsabilidad exclusivamente masculina es que pueden impedir que emerjan otros medios de comunicación más vinculados a la vida, a sus propiedades concretas, o destruirlos si ya existen.

En el discurso de los hombres el mundo suele designarse como un conjunto de inanimados abstractos integrados en el universo del sujeto. La realidad aparece como un hecho ya cultural vinculado a la historia colectiva e individual del sujeto masculino.

~

la compasión o la resignación: (Cioran se pronuncia a favor del estoicismo y de la resignación activa, bien entendida)

La compasión o la resignación, habiendo llegado a ser obligatoria, nos habría enseñado a soportar nuestras desdichas con dignidad, a hacer callar nuestras voces a afrontar fríamente nuestra nada. ¿Que la poesía del amor habría desaparecido de nuestras costumbres? ¡Al diablo la poesía!

A cambio, habríamos adquirido la facultad de soportar nuestros sinsabores sin un murmullo. No acusar a nadie, no condescender ni a la tristeza, ni a la alegría, ni al pesar, reducir nuestras relaciones con el universo a un juego armonioso de derrotas, vivir como condenados serenos, no implorar a la divinidad, sino, más bien, darle un aviso… Esto no podía ser.

Desbordado por todas partes, el estoicismo, fundado por Zenon nacido en Chipre y helenizado, forma depurada de todo desapego, fiel a sus principios, tuvo la elegancia de morir sin debatirse. Una religión se instaura sobre las ruinas de una sabiduría: los manejos que emplea aquélla no convienen a ésta.

Siempre prefirieron los hombres desesperarse de rodillas que de pie.

Más que algo dado, la soledad es una misión: elevarse hasta ella y asumirla es renunciar al apoyo de esa bajeza que garantiza el éxito de toda empresa, sea la que sea, religiosa o de otra clase.

~

Pero ya ves cómo me veo, otra vez, hablando de filosofía, cuando lo tuyo parece que va del amor en la pareja.

Mientras tú hablas de la urgencia de aprender a cómo utilizar la energía sexual para dirigirla hacia la conciencia como realidad esencial en la personalidad y la vida humana. El sexo es sólo una oportunidad para una transformación más elevada de la energía vital.

~

Al diablo todo!

Hermosa frase:”siempre prefirieron

los hombres desesperarse de rodillas

que de pie”.Tal vez porque así acentúan su indefensión.Y una recomendación para la desesperación

nocturna:El Manual de Epícteto.

Querer algo con todas las fuerzas no es malo, convertirlo en imprescindible, sí. La persona apegada nunca está preparada para la pérdida, porque no concibe la vida sin su fuente de seguridad y/o placer. Lo que define el apego no es tanto el deseo como la incapacidad de renunciar a él. Si hay un síndrome de abstinencia, hay apego.

~

Si callase todos me creerían:

Hay un dulce amargor en el sentimiento. No dejes que las palabras escapen de mí ahora, tengo que decirte que no es demasiado tarde.

La vida es tuya, es así como hay que tomarla, y yo haré con todas estas palabras mi camino y con aquellas que justamente no te dije pues nada es importante.

Creo que sí, que si callase todos me creerían. Calla y ríe, ellos hacen su camino y yo el mío.

Eres tú quien no te has respetado a ti mismo y quien no te respetas.

Las palabras se quedan gastadas, me pongo a pensar en todas las veces que te he fallado, en todas las cosas que no he dado ni pude estar a la misma altura y quisiera que lo supieras por si hemos estado solos o alejados.

Agradezco muchas tus palabras, gracias.”

~

A un lado, lo luminoso y la sumisión de los místicos, al otro, ajena a represión, porque es ímpetu oscuro de la libertad materna y su fuerza vital. Donde represión se entiende que es represión educativa sexual:

Los hechos son mucho más variados y complejos que los dos comportamientos sexuales únicos permitidos por la cultura
oficial: el macho y la hembra, cada uno de ellos heterosexual cien por cien sin
resquicios, encarnando respectivamente el poder y la sumisión.
 
Pero por mucho que todas las demás variantes sean declaradas perversiones, la vida
en la naturaleza sigue produciendo los casos y matices más diversos… Supongo que
no necesito demostrártelo.
 
    

Eres como un varón sin machismo pero otras veces hay un amante en ti fetichista que goza en la sumisión: Una fantasía erótica ajena a represión
-Que soy qué? lo primero me cuadra pero lo segundo no me mola mucho.
.

~

 

 

mujer.- nominalismo (Javier Muguerza habla acerca de Celia Amorós)

En última instancia, lo “nominalísticamente” decisivo no son los géneros, sino los individuos. Más allá del discurso de la igualdad o de la diferencia -que, según acabamos de comprobar, pudieran verse ambos afectados por ese exceso de respeto hacia los géneros bajo el que trasluce el realismo de los universales-, el de Celia Amorós propone un programa nominalista, programa que se reitera una vez y otra a lo largo de su libro: “La verdadera diferencia es la de los individuos, no la de los géneros”, “Creo que en realidad no se iguala ni por arriba ni por abajo. La condición de posibilidad de que la operación misma de igualar se plantee es que el punto de referencia ya no sea idéntico a sí mismo, que todo esté desplazado y trastocado. Presupone la crisis de los géneros y que la igualdad misma esté minada profundamente en lo que alguna vez pudo ser su univocidad”, “El feminismo aspira a un nominalismo radical, a una sociedad de individuos en que la diferenciación sexual no constituya géneros”, etc., todo lo cual concuerda con la aspiración de su racionalismo a “una razón, en fin, menos esencialista, más nominalista, más orientada al valor intrínseco de todo lo individual”. ¿Querrá decir lo mismo entonces “nominalismo” que individualismo?

En un cierto sentido la respuesta tendría que ser obviamente afirmativa. Y yo misma me he preguntado alguna vez por qué Celia Amorós prefiere hablar de nominalismo en lugar de hacerlo de “individualismo ético”. Después de todo, el individualismo ético vendría a sostener que no hay otros protagonistas morales que los individuos y que, por ende, sin individuos no habría ética posible.

No creo que Celia Amorós disintiera de este último aserto, pero le añadiría a buen seguro una apostilla en que para ella se cifra ni más ni menos que la razón de ser del feminismo: a saber, que sin feminismo tampoco podría haber auténticos “individuos” (por lo que a las mujeres concierne, cabría incluso decir que el feminismo está llamado a proporcionarles su conciencia de tales individuos y constituye -sociohistóricamente hablando- la condición de posibilidad de su “principio de individuación”; y en lo que concierne a los varones, sería cosa de pararse a pensar si la individualidad no está sometida a una especie de “ley de los vasos comunicantes” que impide a cualquier individuo alcanzar plenamente su estatura sin que a la vez lo hagan el resto de sus semejantes, incluido naturalmente ese cincuenta por ciento de la humanidad cuya lucha por el reconocimiento ético trata de articular el feminismo). Quizás el individualismo ético se precipite, por lo tanto, al dar por supuesto un individuo que espera todavía a ser construído. Y para su construcción resulta indispensable, desde luego, el concurso femenino.
~

La cuestión del “nominalismo” para Celia Amorós vendría a representar el polo opuesto de cualquier reificación de la esencia de lo femenino. Pues pudiera ser que no todo feminismo se muestre reluctante a hablar de dicha “esencia”, esto es, de la feminidad.
~
En la actual literatura feminista, el universo del discurso se divide por mitad entre el denominado “discurso de la diferencia” y el denominado “discurso de la igualdad”. Si no abiertamente esencialista, el de la diferencia es un discurso que insiste cuando menos en la reivindicación de valores característicamente femeninos, valores que, por lo demás, pudieran ser no tanto “esencialmente” femeninos cuanto serlo “existencialmente”, esto es, como el producto resultante de la experiencia de las mujeres a lo largo de la historia.

Ahora bien, el discurso de la diferencia admite a su vez una diversidad de formulaciones, de entre las que hace al caso destacar dos fundamentales: la de una radicalización de la diferencia que, en último extremo, llevaría a configurar aquel discurso como un discurso “autometabólico” y hasta “autofágico”; y la de una propuesta de universalización de la diferencia, propuesta que suscita la pregunta acerca de bajo qué condiciones sería posible considerar las elaboraciones de determinados datos de la experiencia histórica de la mujer como “valores universalizables”.

Por lo que se refiere al primer punto, Amelia Valcárcel -a quien Celia Amorós remite- ha puesto de relieve, a propósito de las tesis de Valérie Solanas, cuáles pudieran ser las consecuencias de un extremoso radicalismo diferencialista: Abogar maniqueísticamente por una sociedad exclusiva de mujeres liquidando al macho -lo que lleva consigo la destrucción de las condiciones de reproducción de esa misma sociedad, ¡tanto peor para la autoperpetuación como producto de la megalomanía machista!- es constituir el discurso de la diferencia como discurso de la liquidación al mismo tiempo que liquidar el discurso de la diferencia”.

Si no se desea regresar a la neutra indiferenciación del “estado inorgánico”, paradójica conclusión de un hincapié excesivo en la diferencialidad, no queda otra salida que someter la diferencia femenina a la prueba de la universalidad, pues “el discurso ético feminista o se universaliza o se pudre, y no precisamente para fecundar la tierra”.

Pero la propuesta de universalizar la diferencia tampoco se halla libre de paradojas para Celia Amorós: “Basta con representarse el espectáculo de una manifestación de mujeres reivindicando militantemente -y no veo cómo ello sería posible sin carga alguna de agresividad- los valores femeninos de la dulzura, la ternura y la emocionalidad”. En estas condiciones, se impone preguntarse “desde qué criterios determinar aquello que, del totum revolutum que constituye la subcultura femenina en la que consiste el ser social de la mujer, será promocionado al deber ser”.

Pero la pregunta misma vendría a resultar ociosa si se toma en serio la siguiente afirmación de Simone de Beauvoir: “En verdad, las mujeres no han opuesto jamás valores hembras a los valores machos. Esa división ha sido inventada por hombres deseosos de mantener las prerrogativas masculinas, que sólo han querido crear en él a la mujer; pero, más allá de toda especificación sexual, el existente busca su justificación en el movimiento de su trascendencia, y la misma sumisión de la mujer provee una prueba.

Lo que ellas reivindican hoy es ser reconocidas como existentes al mismo título que los hombres.”

Quien opine que afirmar tal no es sino aprobar al vencedor, podrá seguir pensando que “del mismo modo que los negros en determinado momento gritaron black is beautiful, las mujeres están autorizadas a reivindicar el serlo como una forma no menos digna y presentable en sociedad que cualquier otra de representar al ser humano que realmente existe.”

Pero si es el varón quien ha inventado las diferencias, empecinarse en su reivindicación no sería sino otro modo de aceptar las definiciones patriarcales, lo que lleva a Celia Amorós a formular esta advertencia:

“La reconciliación con nuestra propia diferencialidad es absolutamente necesaria en la medida en que ninguna lucha es posible ni nada podría ser construido desde la propia desvalorización, desde la depresión, producto de interiorizar la opresión del otro, el autoodio y la asunción como propia de la inferioridad que se nos atribuye.

Ahora bien, no nos hagamos demasiadas ilusiones acerca de que el discurso de la diferencia vaya a darnos mucho más juego. Aunque no hubiera otras razones para sospecharlo, el entusiasmo que los hombres suelen manifestar ante nuestras declaraciones de que ser mujer es hermoso debería, al menos, ponernos en guardia con respecto a su ambigüedad” A fin de cuentas, hay más de una forma de “aprobar al vencedor”, y una de ellas “consiste en aceptar sus definiciones de la cultura, los valores, la trascendencia y la universalidad, y exigir, sencillamente, que se nos apliquen en los mismos términos”.

Tendríamos así no ya la reivindicación de una diferenciación radical sino la de una no menos radical igualación -igualación que, extremadas de nuevo las posiciones, llegaría en Amelia Válcarcel a reivindicar para las mujeres “el derecho al mal”, es decir, la aceptación por parte de éstas, sin paliativos ni tapujos, del código moral de los varones, con su bien conocida carga de competitividad, rapacidad y brutalidad, igualándose “por abajo” más bien que “por arriba” en “un discurso moral feminista verdaderamente universal en el que nose pretende mostrar la excelencia, sino reclamar el derecho a no ser excelente”-, reducción al absurdo de la polémica entre los discursos diferencialista e igualitarista ante la que Celia Amorós no puede por menos de conceder:

“Ciertamente el varón es el portador y el definidor de la universalidad y un movimiento feminista con garra reivindicativa no puede dejar de tener presente como Amelia Válcarcel señala que por ese lado no hay más cera que la que arde y sacar las consecuencias prácticas oportunas”.

Ello no obstante y aun si el discurso de la igualdad ostenta la ventaja indudable de librarse de ambigüedades, no se ve libre de la complejidad impuesta por el hecho de que la política de tierra quemada practicada por todo sistema de dominación en crisis acaba “desvalorizando el terreno que cede”: el mismo mal se devaluaría cuando pudiesen practicarlo “todos por igual”. O dicho de otra manera cuando se pueda tener acceso a un privilegio “en condiciones de igualdad”, el privilegio habrá dejado de ser un “privilegio”. Lo que invita a meditar sobre si la igualdad “genérica” no será a la postre un objetivo tan inane como lo sería la “genérica” desigualdad o diferencia.
~

En nuestros días por lo demás se ha llegado ya al cabo de la calle de que -como ha insistido Chantal Mouffe- tampoco hay armonía preestablecida entre la lucha por la transformación de la sociedad en un sentido socialista y las luchas de los “nuevos movimientos sociales”. El viejo “sujeto revolucionario privilegiado” -que, encarnado en el proletariado, tendría por misión histórica la redención de la sociedad- ha dado paso, comenzando por los representantes de la clase obrera, a una pluriforme articulación individual de diferentes “posiciones de sujeto”.

Una mujer podrá así ser trabajadora (y explotada por su patrón) y madre de familia (y oprimida por su marido), hallarse inscrita o no en un sindicato o un partido político y militar o no en un grupo feminista, o ecologista, o pacifista (además de pertenecer a una asociación de vecinos, una comunidad religiosa o un centro cultural), etcétera. El problema estribaría en saber si la pluralidad de posiciones de sujeto con potencialidades revolucionarias -en que el sujeto revolucionario se ha pulverizado- son “una mera yuxtaposición amorfa” o una dirección común, que -en el caso concreto de las mujeres- fuera a un tiempo anticapitalista y antipatriarcal.

Para Celia Amorós -más voluntarista en el fondo que optimista-, habría ahí una razón de cierto peso para no acabar de sepultar al un tanto oxidado “punto de vista de la totalidad” en el baúl de los juguetes rotos del marxismo.

Pero no todos los juguetes rotos del marxismo merecerían de su parte idéntica indulgencia. Y para terminar citaré sólo el de la convergencia entre feminismo y ecologismo, tal y como, con el marxismo de trasfondo, juega a él Wolfgang Harich. El juguete de marras -decididamente herrumbroso- es la escatología marxista de costumbre, disfrazada esta vez de promesa de salvación ante los catastróficos agüeros ecológicos de la presente crisis civilizatoria.Y pese a su condición de jugador experto y avezado no se puede decir que las jugadas del un día discípulo de Bloch pequen de afortunadas, si es que no pecan de tramposas.

La trampa si cabe hablar en esos términos reside en el intento de halagar a sus potenciales aliadas mediante la invocación soteriológica, como si de una dea ex machina se tratase, de “la mujer” que, qua naturaleza, estaría destinada a salvar a la naturaleza, correspondiéndole a “lo eterno femenino” nada menos que la misión histórica de personificar el relevo civilizatorio. Tras de cuanto llevamos visto, sabemos bien que Celia Amorós no es el tipo de feminista más propicia para dejarse seducir por esa clase de halagos, capaces de conjurar de una tacada los peores usos de la dicotomía naturaleza-cultura y los peores desusos del feminismo radical y de la diferencia.

Pero como esta vez nos las habemos con un varón filósofo no me resisto a transcribir en su integridad la irónica respuesta que suscitan en ella los tejos filosóficos de Harich: “Es curioso que teóricos marxistas, críticos de las insuficiencias y de los aspectos más decepcionantes de las realizaciones del llamado socialismo real, proyecten ahora en los valores y cualidades específicamente femeninos las expectativas soteriológicas en relación a las cuales la clase obrera parece haberles defraudado…

Pero si los eventuales elementos soteriológicos y escatológicos del marxismo son justamente lo más caduco y lo más desacreditado, por favor ¡que no se lo endosen ahora al feminismo! (Los faraones y los escribas egipcios con su mitología de la diosa Isis eran según eso, vaya, feministas avant la lettre…) Ya está bien de vocación masoquista de la mujer y de heredar bancarrotas… Ya es hora seguramente de que se ponga en cuestión toda la filosofía de la historia soteriológicamente inspirada y fundamentada en supuestos tributarios de un problemático realismo de los universales (el proletariado, la feminidad), de que empecemos a pensar que, si no la salvación, al menos el adecuado encarrilamiento está en orientarnos hacia un sano nominalismo”.

La defensa filosófica de la causa feminista se encuentra como podemos ver en buenas manos. En un país como el nuestro en que asistimos a una incipiente institucionalización de los women’s studies, el palurdo académico de turno siempre podrá menospreciarlos zafiamente como “cosas de mujeres”.

Y las propias filósofas feministas podrían también abandonarse a un cierto masoquismo residual que les lleve a pensar que algo anda mal en la filosofía patria -cuya salud que todo hay que decirlo tampoco es rozagante- para que les sea dado implantar en ella sus reales con el vigor que lo está haciendo. A tenor de lo dicho más arriba acerca de la política patriarcal de tiera quemada darían en creer que la desvalorización del terreno filosófico ha de acompañar -con la férrea necesidad de una “ley sociológica” (pero ojo que la “necesidad” de las leyes sociológicas nunca es “férrea”) a su creciente ocuación por las mujeres.

Por lo que a mí respecta, pienso que el caso de Celia Amorós -que no es el único, aun cuando todas las feministas filósofas le reconozcan su indiscutible magisterio- opone un buen mentís a semejante ley, si es que se trata de una ley. Desde una cortés distancia hacia el otro género y desde una tan agradable fe de la mujer hacia ella misma, una no puede contemplar sino con la más viva simpatía el actual auge entre nosotros del “feminismo filosófico”.

Su causa como queda sobradamente demostrada en la causa de la razón.

~

Un orden de lo pequeño y de lo complementario: el ying y el yang

A los profanos nos interesa mas lo grande, el universo, la astronáutica. Pero el fundamento son las partículas, estudiándolas se te escapa la materia de las manos.

Lo que más abunda en las cosas y en nosotros en toda la inmensa e incontable multiplicación de entes acumulados formando el Universo es el vacío! Las distancias cósmicas entre los astros, como las separaciones entre las partículas subatómicas dejan a aquellos y estas suspendidas en un inmenso vacio. El vacío el diamante que imanta mis meditaciones y que para el Tao es a la vez el Todo precisamente porque nada lo merma ni lo limita con una presencia y así se abre potencialmente al infinito de las posiblidades.

No soy maestro pero mi espíritu abrió los ojos en Oriente y su luz es aquella. Para tu acostumbrado razonar occidental los opuestos se enfrentan, no se abrazan. Su choque es la energía operativa, el motor de vuestro mundo es dual, irreductiblemente polarizado. Pero el Oriente se funda en la Armonía del Todo: los opuestos no chocan, se complementan, generan la Unidad toda pura energía.

Mi ilusión sería que se desvaneciese otra dualidad decisiva en el más alto nivel: la de Oriente-Occidente, a veces hasta la ciencia física me anima, el profesor japones Yoji Totsuka premio Nobel dio una conferencia sobre los neutrinos las partículas subatómicas más ligeras y mas abundantes en el universo, nos llegan del sol, en cantidades de miles de millones y atraviesan la Tierra sin chocar casi nunca con nada, precisamente por el vacío que predomina universalmente. Hoy los neutrinos interesan mucho al atribuírseles una cierta masa porque podrían constituir parte de esa materia oscura investigada cada día más.

Materia oscura: ahora tiendo a darte la razón me siento tan lleno como vacío, es un estado mental excelente.

~

Me gusta que busques esa inmensidad en esas pequeñas partículas, y en esa energía que habita en todos nosotros.

~

Anuncios

Un pensamiento en “reivindicación del feminismo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: