libertad, igualdad, justicia y la moral del resentimiento

En estos momentos en que la recesión parece que todavía no tiene fin ni profundidad los agentes económicos están asustados y con un grado de incertidumbre elevado han dejado de consumir y han aumentado el ahorro. Ya saben, la cigarra y la hormiga. En la recesión del 73, el daño sobre la actividad y el empleo fueron terribles, globales y duraderos. No existe recuerdo alguno de aquella recesión. El olvido siempre ayuda a vivir y si el dinero es barato y abundante el olvido es más rápido todavía, la quiebra fiscal les aterroriza, porque ya no tiene capacidad de generar más ahorro, una vez que el precio de los activos se ha derrumbado. En los nueve círculos del infierno que describe Dante Aligheri en La Divina Comedia, Virgilio guía a Dante a través de un sendero de tormentos que, alegóricamente, se corresponde con los pecados. En una suerte de justicia poética, Dante muestra cómo quienes en vida leían el futuro de los demás se ven obligados a caminar con la cabeza mirando siempre hacia atrás

discriminación positiva

justicia

Claro que necesitamos mirarnos en los demás, la educación sólo se puede transmitir de dos formas: con el ejemplo y la emulación, casi siempre la repetición, y la otra forma es con la innovación y con la experimentación nueva, pero esta forma desfortunadamente cuesta mucho más y no tenemos todos los recursos, y hablo de grandes recursos, no de políticas de cuotas y de pasillos, hablo de presupuestos generales, de educación, de sistemas de educación, esa es la mejor herramienta para cambiar la sociedad.

Por supuesto soy partidaria de las cuotas pero no siempre, sólo hasta que hayamos alcanzado una mayor igualación social y política, aunque bueno no es un tema en exceso importante, me preocupa más el tema de la transmisión cultural de los acervos y los modelos sociales.

Seré guerrrera, sí, porque mi planeta es marte, aunque yo de por sí tengo una apariencia pacífica y dulce en mi forma de hablar, pero no admito ya más contemplaciones y necesito ser radical en todo y más ahora.

Y además no siempre se muere, se renace y además eso depende de con qué instrumentos luchas, desde luego con un coche asesino no se puede demostrar nada, mas que la velocidad a la que conduces
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igualdad de trato

una combinación de dos nociones de igualdad, la igualdad de trato y la igualdad de características.

Hay una famosa definición de justicia formulada por Perelman en los años 50, según él, desde el punto de vista formal, la justicia consiste en “tratar igual a los seres pertenecientes a la misma categoría”. Pero esta regla de justicia por sí misma es vacía, de manera que debe ir acompañada de algún criterio material que permita establecer cuándo dos seres pertenecen a la misma categoría y, en consecuencia, cuándo deben ser tratados de igual manera.

Puesto que no estamos en una sociedad de base estamental nos regimos por principios igualitarios de capacidad y mérito y ello es lo que hace que se produzca una justicia distributiva, teniendo en cuenta el mérito, el valor, el rango, etcétera, de manera que el trato entre uno y otro de esos ciudadanos puede ser igual o desigual.

Pero lo que es importante comprender aquí es que la libertad se produce en ese tratamiento de la igualdad de las características, y que son principios el de la libertad y el de la igualdad que casi siempre en los códigos éticos y jurídicos van unidos
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También está las diferentes nociones acerca de la igualdad, la igualdad polí­tica o participativa, la igualdad “ante” la ley y la igualdad “en” la ley.

La “igualdad ante la ley” expresa la exigencia de que la ley no trate de manera diferente a quienes viven bajo un mismo sistema jurí­dico, lo cual supone que las normas jurí­dicas deben ser , al menos en principio, generales y aplicarse de manera no arbitraria.

Cuando se habla de igualdad “en” la ley o de que la igualdad debe ser “real y efectiva” se está apuntando a una noción de igualdad distinta a las dos anteriores. Lo que se pretende con ello es señalar que las leyes deben estar diseñadas de manera que su aplicación produzca resultados igualitarios en cuanto a las condiciones de vida de los ciudadanos.

Ahora bien, dado que las caracterí­sticas de base de los individuos y de los grupos a los que la ley se dirige son desiguales, esa noción o ese principio lleva en ocasiones a justificar medidas que pueden suponer ir en contra del principio de igualdad de trato abstractamente considerado y, en el fondo, en contra de la igualdad ante la ley.

Esto es lo que ocurre en los supuestos de la llamada “discriminación inversa” (o “acción afirmativa”) en los que un individuo perteneciente a una determinada categorí­a que se considera socialmente relegada (una mujer, una persona de raza negra) es tratado mejor que otro individuo que no pertenece al grupo desfavorecido, de manera que, por ejemplo, a la mujer se le otorga una ventaja respecto del varón a la hora de cubrir un determinado puesto de trabajo y al estudiante de raza negra se le admite en tal universidad, aunque sus calificaciones académicas sean inferiores a las de otros candidatos excluidos no pertenecientes a esa raza.

Bueno con ello espero contestar también a asa cuestión de la igualdad real que me has planteado, si efectivamente no ponemos las bases materiales para que éstas se igualen, deberemos incentivarlas a través de incentivos que afirmen a los más desfavorecidos, esto me parece una regla de justicia progresiva y que se da en los paí­ses cada vez más desarrollados.

Comprendo que, sin embargo, tenga a veces posiciones enfrentadas pues una discriminación positiva deberí­a ser justificada para un determinado momento o de acuerdo con una realidad desfavorecida, tendrí­a que ser una medida puntual y que además no supusiera por ello el perjuicio del resto de los ciudadanos interesados.
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Te dejo un texto de Jürgen Habermas:

-Esto es algo de lo que están escribiendo los filósofos actuales sobre discriminación positiva, es decir, no se puede tratar a los desiguales como iguales porque eso sí es discriminación.-

Este texto que afecta no sólo al tratamiento de una condición subjetiva, o sexuada, sino al de grupos minoritarios sociales y aborígenes o culturales.

‘…en la dialéctica entre la igualdad jurídica y la igualdad fáctica, amplias garantías de status, derechos de autoadministración, servicios de infraestructura, subvenciones, etc. Las culturas aborígenes amenazadas pueden hacer valer en su protección especiales razones morales basadas en la historia de su país ocupado en el ínterin por la cultura mayoritaria. Argumentos similares pueden aducirse en pro de una “discriminación positiva” que favorezca a las culturas tanto tiempo oprimidas y negadas de los antiguos esclavos.’

Libertad e igualdad.-

Ahora bien, esa noción de libertad responde a una concepción “liberal” que se basa en la idea de que los hombres son libres en cuanto no están sometidos a normas: cuantas menos sean las normas jurí­dicas (menor la intervención del Estado), más numerosas y más amplias serán las esferas en las que el individuo goce de libertad.

Pero la libertad se puede entender también de una manera distinta. Se puede pensar que libre no es quien no se ve coaccionado por los demás en su actuación, sino quien no tiene que obedecer otras normas que las que él mismo se ha impuesto.

Se trata ahora de una noción polí­tica de libertad que implica -en el contexto del Estado representativo moderno- el poder para participar en la designación y en el eventual control de los gobernantes y en la elaboración de las leyes.

Por contraste con la concepción liberal, se suele decir que ésta es una concepción democrática y positiva de la libertad que hace hincapié, no en la idea de abstención, sino en la de participación.

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Me gustarí­a por eso que tuvieses en cuenta esta otra noción de la libertad, como libertad positiva porque entonces vemos que las cosas cambian mucho, de la simple libertad abstencionista.

Desde este otro marco se pueden formular las leyes que regulen el máximo resultado de igualdad de oportunidades para todos y de condiciones participativas, de méritos y capacidad, lo que antes hemos llamado “igualdad de tratamiento” dentro de la igualdad de caracterí­sticas, o la también llamada justicia distribuitiva.
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Sobre la libertad y la burguesía.-

La aparición de la burguesí­a y del modo de producción burgués o capitalista, como hemos visto, exige la igualación de los individuos, aunque sólo sea en un plano formal y abstracto; por eso, en el mundo moderno será la burguesí­a la que canalice la ideologí­a de los derechos humanos.

El cambio en esta concepción, el origen de la idea de igualdad en el sentido que hoy le atribuimos, proviene del renacimiento y se vincula con tres acontecimientos de una enorme significación para la historia de la cultura occidental.

Uno es el surgimiento de las nuevas ciencias experimentales -como la astronomí­a y la fí­sica- que niegan la superioridad del espí­ritu sobre la materia y elaboran leyes válidas para los fenómenos terrestres y celestes, los cuales resultan de esta manera “nivelados”. Otro es la reforma protestante; Lutero niega las diferencias entre la autoridad eclesiástica y los seglares, se busca un laicización del poder. Y el tercero es la aparición de la burguesí­a y del modo de producción burgués o capitalista que exige esa igualdad democrática y formal.

con esto contesto en el plano de la teorí­a general a muchas de estas cuestiones que después se tiñen de ideológicas.

Otra cosa serí­a que entremos en la cuestión de si el modelo cultural de libre mercado ha dado resultado o no y de cómo debe intervenir el Estado para que exista de hecho una igualdad más real o menos desigual.

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La noción del libertad y su significado actual proviene del mundo moderno.

Durante la Antigüedad y la Edad Media, el hombre libre es o no esclavo o no siervo, es decir, la libertad define un cierto estatus social, no la condición de hombre.

Con el “tránsito a la modernidad” se produce una serie de hechos paralelos a los que se producen con respecto a la igualdad: el funcionamiento del mercado exige no sólo igualdad, sino también libertad para contratar, para desplazarse de un sitio a otro, etcétera; el desarrollo de la ciencia sólo es posible en un clima de amplias posibilidades para la libertad de expresión y para la crí­tica de las ideas heredadas; y uno de los puntos centrales de la nueva teologí­a luterana es la libre interpretación de las escrituras.

Una es la libertad como facultad de hacer o no hacer determinadas acciones sin ser obstaculizado por los demás. Se habla entonces de libertad negativa, pues la obligación de los no titulares de la libertad, incluido el Estado, consiste en no hacer, en no intervenir en ciertas esferas de actuación de los individuos (o de los grupos).

Yo creo que esta es la libertad de donde parte el concepto de liberalismo clásico que nace con John Locke, pero ademas sé que se le tiene simpatí­a a esa corriente que se ha llamado de liberalismo libertario que funda Ayn Rand que toma la influencia de Von mises, que ademas tiene un ala derecha y otra mas de izquierda de donde saldrá el anarco socialismo, por ejemplo que coincide en las posiciones pacifistas y ecológicas de esa posición.
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Ahora bien, esa noción de libertad responde a una concepción “liberal” que se basa en la idea de que los hombres son libres en cuanto no están sometidos a normas: cuantas menos sean las normas jurí­dicas (menor la intervención del Estado), más numerosas y más amplias serán las esferas en las que el individuo goce de libertad.

Pero la libertad se puede entender también de una manera distinta. Se puede pensar que libre no es quien no se ve coaccionado por los demás en su actuación, sino quien no tiene que obedecer otras normas que las que él mismo se ha impuesto.

Se trata ahora de una noción polí­tica de libertad que implica -en el contexto del Estado representativo moderno- el poder para participar en la designación y en el eventual control de los gobernantes y en la elaboración de las leyes.

Por contraste con la concepción liberal, se suele decir que ésta es una concepción democrática y positiva de la libertad que hace hincapié, no en la idea de abstención, sino en la de participación.

Intervencionismo del Estado.-

El Estado interviene ante todo creando un sistema de educación libre y gratuito para todos, en lo que son los estudios obligatorios, interviene creando un sistema sanitario social también que sea libre y universal (aunque esto no existe en EEUU una seguridad social universal y sin embargo el sistema privado de salud resulta ruinoso y muy costoso a veces, por lo que peligra su eficacia), pero también se entiende que se alimenta con un sistema de cotizaciones públicas para tener derecho a todas las prestaciones con todas las garantí­as.

Interviene creando las infraestructuras viales, aunque también esto lo hace a través de concesiones públicas a otras empresas o de contratación administrativa. Puede incentivar también todo lo que son medidas culturales, etc.

Y en cuanto a ejemplos reales, voy a empezar poniendo ejemplos de mí­nima intervención estatal para que veamos cómo ha ido evolucionando el capitalismo.

La mayor parte de los aportes teóricos del neoliberalismo fueron rápidamente aceptados poniendo fin a la predominancia que el keynesianismo tení­a en la mayorí­a de escuelas de pensamiento económico desde los años 30. Tanto Margaret Thatcher como la administración de Reagan pusieron en práctica estas teorí­as con resultados desiguales. En el Reino Unido, se realizó una fuerte reducción en el tamaño del sector público que, si bien tuvo consecuencias negativas en el corto plazo en el terreno social, reactivó la economí­a y dio una gran dinamismo al sector productivo. En los Estados Unidos, similares medidas chocaron con el aparato polí­tico y la vocación militarista del entorno de Reagan por lo que solo se logró crear un gran déficit fiscal (las iniciativas de reducción de impuestos prosperaron pero no las de control del gasto social o del gasto militar -gasto público-que eran las principales partidas).

Se aprecia en la dictadura militar de Augusto Pinochet en Chile, posterior al fracaso de su gestión desarrollista-militarista de la primera parte de su gobierno, un modelo económico monetarista con algunos rasgos keynesianos, siendo estos manejados por su equipo de economistas, los Chicago Boys. Estos serí­an vitales para la reestructuración económica de Chile marcadas por las crisis mundiales y la nacionalizacií³n del cobre, es el llamado Milagro de Chile, mientras en los paí­ses de la región latinoamericana colapsaban las aplicaciones del modelo cepalino desarrollista y se experimentaba la crisis de la deuda externa produciendo la denominada Década perdida.

Aquí­ vemos algunos casos del milagro liberal, pero no todo ha sido así­, y además no siempre el liberalismo ha sido abstencionista.

El autor de “Hegemoní­a o supervivencia. La estrategia imperialista de EEUU”, Chomsky menciona que Ronald Reagan, quien es reconocido como el “sumo sacerdote de los libres mercados”, incrementó el tamaño del gobierno, rescató el Continental Illinois Bank y fundó el consorcio Sematech para salvar a la industria de semiconductores estadounidense, entre otras acciones.

También vemos ahora como Estados Unidos ha destinado 700 mil millones de dólares para salvar a los bancos, el ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan dijo que cometió un error al confiar en el libre mercado, el Premio Nobel de Economí­a Joseph Stiglitz comparó la caí­da del sistema financiero con la caí­da del Muro de Berlí­n, a diario pierden las bolsas de valores y se dice que lo peor está por llegar.

Y es sorprendente, según ha dicho Chomsky, un gran intelectual americano, que los principales medios de comunicación estadounidenses insistan en invertir recursos públicos para salvar a los bancos, sin ningún tipo de control público, mientras que condenan el rescate de la industria automovilí­stica.

Los empleados de la industria del auto ganan 56 mil 650 dólares al año, casi lo que gana en un dí­a Robert Rubin, actual presidente del Comité Ejecutivo de Citigroup, y uno de los responsables del actual desastre económico, en su calidad de ex Secretario del Tesoro de Bill Clinton, apuntó.
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Por ello que el tema del intervencionismo puede suscitar también un gran debate, pues se pueden producir discriminaciones negativas.

La crisis económica también ha evidenciado el “desmantelamiento” que sufre la democracia a causa del sistema del libre mercado, consideró Chomsky.

Es la crisis de un “modelo cultural” si por esto nos referimos a un sistema doctrinal: el fundamentalismo del libre mercado. Pero, a pesar de las pretensiones, esa doctrina nunca fue aceptada por los mismos centros de poder occidentales, pese a que fueron felices en predicarlo a los demás. Esto es un patrón histórico que se remonta por siglos, y es un importante factor en la creación del Tercer Mundo en las regiones colonizadas.
La más inmediata lección de esta crisis es que el fundamentalismo de mercado fue un desastre, lo cual no deberí­a sorprender a los latinoamericanos o a otros sometidos a esta disciplina. Más especí­ficamente, la liberalización financiera conduce al desastre.

También, que la liberalización es un serio golpe c ontra la democracia. Otra lección subraya la sensible observación del principal filósofo social estadounidense del siglo 20, John Dewey: la polí­tica es “la sombra que las grandes empresas proyectan sobre la sociedad”.

Esta es la opinión de este filósofo que se declara a sí­ mismo heredero del liberalismo clásico pero también un anarcosocialista, es decir, para él este capitalismo no ha sido verdaderamente un capitalismo, precisamente por lo que hemos dicho antes, no se han producido condiciones realmente igualitarias de libre participación puesto que las normas de regulación han sido desiguales, o las intervenciones del Estado cuando han llegado han sido tardes y mal, privilegiando a los bancos sobre las empresas porductivas. Sobre esto hay ahora mismo un debate creado en la actualidad de nuestro paí­s relevante, entre ellos en el sector de la exportación de la industria automovilí­stica, en fin ya veremos cómo interviene o no el Estado ahí­.

Pues muchas veces los intereses empresariales se convierten en intereses de Estado por el desastre que podrí­a provocar su ruina.

En cuanto a la justicia.-

La justicia que tiene lugar en la distribución de los honores y de las demás cosas que el Estado puede dividir entre los ciudadanos, teniendo en cuenta el mérito, el valor, el rango, etcétera (de manera que el trato entre uno y otro de esos ciudadanos puede ser igual o desigual), es la justicia distributiva.

Mientras que la justicia a través de la cual se da a cada uno en igual medida la llama Aristí³teles justicia sinalagmática, y la tradición escolástica medieval conmutativa.

Esta última puede dividirse, a su vez, en voluntaria e involuntaria, según se aplique a relaciones que derivan de contratos (igualdad o equivalencia, por ejemplo, entre lo que se da y lo que se recibe) o a relaciones que sean producto de actos ilí­citos (equivalencia o proporción entre el delito y la pena).

Hasta la época moderna, y especialmente hasta las revoluciones americana y francesa, la idea de igualdad no puede separarse del contexto de un mundo organizado estamentalmente. Es una igualdad relativa a las desigualdades de las posiciones sociales que ocupan los sujetos.

El cambio en esta concepción, el origen de la idea de igualdad en el sentido que hoy le atribuimos, proviene del renacimiento y se vincula a tres acontecimientos que ya hemos antes hablado aquí­, de las leyes cientí­ficas, el sentido laico de igualdad, y el sentido burgués o capitalista.

Y desde aquí­ se canaliza la ideologí­a de los derechos humanos.

En ese sentido el hombre es libre del modo tan intensamente que puede ser descrito, dándole verdaderamente esencia de hombre o de mujer. Por tanto su estatus social sólo es un aditamento más que no debe ser esencial tampoco. Creo que esto lo compartimos. Ojalá fuese así­, con lo que se garantizarí­an la igualdad y la esencialidad del respeto a los derechos humanos.

Justicia y derecho estarí­an más unidas entonces.

Pero la verdad que buscaba Sócrates era una verdad universal, es decir, una definición; quiere saber qué es la justicia, qué es la belleza, etc., es decir, está poniendo las bases para la teorí­a del conocimiento que desarrollarí­an después Platón y Aristóteles. Por eso, este último dice, en su Metafí­sica, que a Sócrates hay que atribuir, con justicia, dos cosas: los conceptos universales y el razonamiento inductivo.

Y como dijo el genial maestro del saber: “Sólo hay un bien: el conocimiento. Sólo hay un mal: la ignorancia”.
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La teoría de la justicia de John Rawls:

John Rawls parte de la idea de contrato social de Locke, Rousseau y Kant, que pretende llevar a “un nivel más alto de abstracción”. Crea para ello una situación hipotética, la posición originaria, en la que se sitúa a ciertos agentes que han de establecer por consenso los principios de justicia aplicables a la sociedad futura.

Precisamente para asegurar la vigencia de estas reglas procesales y la imparcialidad de quienes se encuentran en la posición originaria, Rawls introduce el concepto de “velo de la ignorancia”: supone que esos agentes se encuentran privados de ciertos conocimientos, aunque naturalmente deben saber ciertas cosas para poder discutir racionalmente.

Así no deben conocer a qué sociedad pertenecerán, cuál será su estatus social, su suerte en la distribución de las dotes naturales, los datos particulares de su plan racional de vida…; pero sí los hechos generales acerca de la sociedad humana, los principios de la economía política, las leyes de la psicología humana…

Esta es una de las teorías de la justicia más influyente de nuestros tiempos, la de este profesor norteamericano, que aparece en su obra “Una teoría de la justicia”, que data de 1971.

Pues bien, los individuos situados en la posición originaria y bajo el velo de la ignorancia deben “jugar” hasta llegar por consenso a la formulación de los principios de la justicia.

En opinión de Rawls el consenso se lograría en torno a los dos siguientes principios:

Primer principio:
“Cada persona ha de tener un derecho igual al más amplio sistema total de libertades básicas, compatible con un sistema similar de libertad para todos”.

Segundo principio:
“Las desigualdades económicas y sociales han de estar estructuradas de manera que sean para: a) mayor beneficio de los menos aventajados, de acuerdo con un principio de ahorro justo (principio de diferencia), y b) unido a que los cargos y las funciones sean asequibles a todos, bajo condiciones de justa igualdad de oportunidades”.

Como se ve, la enunciación del segundo principio pone de manifiesto que Rawls presupone que una sociedad justa es una sociedad desigualitaria. Ello se debe a que él piensa que una sociedad con ciertas diferencias socioeconómicas es más eficiente (produce más bienes) que otra en la que rija una igualdad absoluta; y la existencia de más bienes a repartir posibilita que los individuos peor situados puedan salir beneficiados con respecto a la otra situación.

Pero para ello (para ponerse de acuerdo en este principio, que viene a ser una forma de entender la regla de justicia de Perelman) se requiere que los jugadores sean individuos racionales, esto es capaces de apreciar las consecuencias de sus acciones; autointeresados, en cuanto persiguen su propio interés; no envidiosos, por lo menos dentro de ciertos límites, pues aceptan que otros individuos puedan estar en una situación social y económica más ventajosa, si de esa forma mejora también su propia situación (y siempre y cuando se haya respetado el principio de igualdad de oportunidades); y dotados del “sentido de justicia” que, en su opinión, todo ser racional desarrolla bajo “condiciones sociales normales”.

El centro de la teoría de Rawls parece estar en una concepción de la racionalidad que combina la noción de lo racional con la de lo razonable.

Racional significa aquí la acción dirigida a la satisfacción de los deseos o los fines de un agente: lo que para cada cual (o para cada grupo) constituye el bien o lo bueno. Lo razonable supone que el agente está dispuesto a gobernar sus acciones por un principio de imparcialidad desde el cual él y los demás pueden razonar en común. La clave (y de ahí la influencia de Kant) estaría en la prioridad de lo justo, de lo correcto, sobre lo bueno; de lo razonable sobre lo racional.

Pero Nozick que es el principal representante del liberalismo libertario, profesor de la universidad de Harvard, todavía va más allá de Rawls.

Nozick afirma que “los individuos tienen derechos, y hay cosas que ninguna persona o grupo puede hacerles sin violar esos derechos”. Nozick parte de John Locke para justificar un Estado mínimo, encargado solamente de la seguridad y de la justicia. Enseguida, lanza una crítica a la célebre Teoría de la Justicia de John Rawls. Si bien Nozick rechaza las tentativas de garantizar la igualdad de oportunidades en ámbitos distintos del económico, en la actualidad existen novedosas formas de liberalismo libertariano de izquierda como el que postulan los agoristas que exploran esta posibilidad.

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Bien, pues quería traeros esta gran teoría también, es de destacar la mención que hace de una sociedad en que es posible la igualdad de oportunidades y es necesaria, como criterio de justicia, aunque se nos dice que en la realidad las sociedades son desigualitarias pero que esto es más justo porque también produce una incentivación. La posibilidad de igualdad económica al parecer está así fundamentada y este criterio serviría de sostenibilidad de los restantes criterios de justicia. Habría también que ver qué otras posibilidades de igualdad distintas de la económica se podrían poner como objetivos. Pero es indudable que hoy hay que partir desde la formulación de esta teoría aquí mostrada.

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Una moral del resentimiento o una fe metafísica.-

Cuantas más injusticias se han sufrido mayor es el riesgo de caer en el engreimiento y hasta en la soberbia. Toda víctima se vanagloria de ser un elegido a contracorriente y reacciona en consecuencia, sin sospechar que es así como actúa el Diablo.

Ninguna de las religiones han estado libres de esta soberbia lamentablemente.

No es que haya que condenar en masa a los gentiles. Pero, a fin de cuentas, no tienen de qué estar tan orgullosos: forman tranquilamente parte del «género humano»…

Esto es precisamente lo que, de Nabucodonosor a Hitler, no se ha querido conceder a los judíos; desdichadamente, estos últimos no tuvieron el valor de glorificarse de ello.

Con una arrogancia de dioses, hubieran debido jactarse de sus diferencias, proclamar ante la faz del universo que no tenían semejantes…
dar la razón a quienes les odian… Dejemos los pesares o el delirio.

Lo que pasó después de la Segunda guerra mundial con el execrable holocausto judío es una
etapa de decadencia de todos los valores humanos pero hoy día es una cuestión de definición también de fronteras dentro del contexto de la comunidad internacional.
Pero lo importante es ver cómo se afirma una definición global y universal de las singularidades étnicas de cada pueblo, y hoy día avanzamos cada vez más en este otro sentido, el de que Europa es un conglomerado de pueblos politeístas, aún cuando la amalgama y la unidad de la cristiandad sean ambas definitorias de su origen.

Hoy ya no podemos decir que ninguna ética o religión responde a una inversión de valores, hoy responden a sus propias concepciones simbólicas, a un universo de legitimación del orden, ya no buscan la revolución, no.

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Una moral de esclavos, sí, pero con todo el refinamiento de los textos de la antiguedad hebraica. De ahí nace una moral también del resentimiento, por haber sido esclavizados.

Cuando después se impone el cristianismo sobre el judaísmo y sobre las culturas paganas de Roma, entonces ya empieza otra lógica diferente.

Sabiendo también que el concepto del judío en Europa, no es más que el resultado de años de aculturación.

Es decir, que el rol que los judíos han tenido en los sectores bancarios como en el de la usura son el producto de cientos de años de leyes medievales que prohibían a los judíos el acceso a ciertas profesiones y oficios y los confinaban a tener que jugar el rol de banqueros o usureros.

Es cierto que han conseguido todos los méritos para tener legitimidad moral para querer volver a su tierra u hogar, para haber conseguido en los EEUU lo que se le negó en Alemania, pero por mucho que hacen y se afanan por hacerse notar o amar no lo consiguen, porque no quieren igualarse con la humanidad.

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Pero esta vez no van a querer dejar escapar la oportunidad ¿cómo no querer hacer la paz?

En lugar de enorgullecerse de sus orígenes, de exhibirlos y proclamarlos, a veces los camuflan.

De ahí sus apasionamientos, su capacidad de amor y de odio, su gusto por la venganza o las excentricidades de su caridad.

Los primeros cristianos a su lado parecen unos oportunistas y el evangelio una pueril alegoría enternecedora.

Fueron ellos quienes no reconocieron a los gentiles como seres humanos, el pecado ya empezó con ellos.

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Por eso ahora más que nunca la memoria está ahí del mismo lado, o nos ponemos de acuerdo en lo fundamental o lo pagaremos todos con la falta de dignidad y con más sinrazón.

Por eso digo que entre razón y fe el hombre moderno debe mirar a la razón y hacer un flaco favor a la fe. Como si la fe fuera también una razón metafísica.

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Véase también este artículo: La concepción de la justicia en Platón:

http://www.librodearena.com/post/sylfide/la-concepcion-de-la-justicia-en-platon/72725/2288

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