Osho y las pasiones alegres de Spinoza

Osho y las pasiones alegres o la filosofía spinozista

Voy a citar un texto de Osho también muy ejemplificativo sobre la alegría, me gustaría despúes compararlo con la filosofía spinozista de las pasiones alegres, para trazar un puente con nuestra filosofía cultural occidental:

“El canto y la danza son con certeza el lenguaje de la
alegría, pero tú puedes aprender el lenguaje sin saber qué
es la alegría. La humanidad ha hecho esto: las personas
han aprendido a hacer gestos, gestos vacíos.

Pero Confucio se engaña. Dice: “Maestro, ¿cuál es el
motivo de su alegría?”. La máscara ha engañado a
Confucio; puede que el hombre esté contento, puede que
no lo esté. Se tiene que mirar al hombre directamente; su
naturaleza, no su expresión. La expresión puede ser falsa:
las personas tienen expresiones aprendidas. Algunas
veces… ¿lo has observado? Alguien sonríe; en los labios
hay una hermosa sonrisa, pero mira a los ojos, y los ojos
dirán justamente lo contrario. Alguien te dice una cosa:
“Te amo”. Pero mírale a la cara, a los ojos, a la vibración
misma de la persona, y ¡parecerá que te odia! Pero sólo
por cortesía te dirá: “Te amo”.

Confucio miraba sólo la apariencia: esto es lo primero
que debe recordarse. Además, se engañó; se engañó hasta
tal punto, que llamó al hombre “maestro”. Le dice:
“Maestro, ¿cuál es el motivo de su alegría?

Ahora bien, una vez más, la alegría no tiene motivo,
no puede tener un motivo. Si la alegría tuviera un motivo
entonces no sería alegría en absoluto: sólo se puede gozar
sin motivo, sin causa. Una enfermedad tiene un motivo,
pero ¿la salud? La salud es natural. Si le preguntas al
doctor: “¿Por qué estoy saludable?”, él no podrá
responderte. Si vas al doctor y le dices: “¿Por qué estoy
enfermo?”, él te puede responder, porque la enfermedad
tiene una causa. Él puede diagnosticar tu caso y encontrar
la razón de tu enfermedad; pero nadie ha sido aún capaz
de hallar el motivo por el cual una persona es saludable.
La salud es natural, la salud es lo adecuado. La
enfermedad es lo no adecuado, la enfermedad indica que
algo ha estado mal. Cuando todo está bien, uno se siente
saludable. Cuando uno está en armonía con el todo, uno se
siente saludable. No existe un motivo para ello.
Si le preguntas a un buda: “¿Por qué estás feliz?”, él
se encogerá de hombros. Si le preguntas a Lao Tzu: “¿Por
qué estás dichoso?”, te dirá: “No preguntes. En vez de
preguntar por qué estoy dichoso, averigua por qué tú no lo
estás”.”

Me gustaría meditar este texto y compararlo con la filosofía spinozista porque ésta es una filosofía de la potencia y de la acción, aunque parezca que la pasión es defecto de una causa o de un conocimiento; aquí es donde quizá encontramos una dialéctica con la filosofía de Osho sobre la no acción. ¿Es realmente una no-acción?

Yo creo que no. Veamos también lo que dice Spinoza.

“Obramos -dice Spinoza- cuando ocurre algo, en nosotros o fuera de nosotros, de lo cual somos causa adecuada, cuando de nuestra naturaleza se sigue algo, en nosotros o fuera de nosotros, que pueda entenderse clara y distintamente en virtud de ella sola”. Por el contrario, “padecemos, cuando en nosotros ocurre algo, o de nuestra naturaleza se sigue algo, de lo que no somos sino causa parcial”. Eso que nos ocurre deriva, en última instancia, de la causa primera e inmanente de todo lo que hay, la sustancia, el dios-sustancia.

La pasión está pues conceptuada como deficiencia respecto de la acción y respecto al conocimiento. Pese a lo cual debe diferenciar entre pasiones que elevan nuestro conocimiento, nuestra potencia de hacer y en general nuestra puissance, las llamadas pasiones alegres, y otras pasiones que deprimen y entorpecen nuestra potencia de conocer y obrar, las llamadas pasiones tristes. Ya que la alegría es el afecto que registra el alma en todo aumento de puissance, mientras la tristeza expresa una disminución de fuerza o de potencia.

En cuanto al amor es entendido por Spinoza como pasión alegre, sólo que de una alegría acompañada de una causa exterior. Padecer, en consecuencia, expresa un déficit de acción y de razón. Siempre que subsiste lo pasional, algo que permanece en nosotros como barrera o frontera de finitud e inadecuación: somos pasionales en la medida en que somos finitos. El esfuerzo ético consiste en reconvertir las pasiones tristes en pasiones alegres y éstas en acciones, es decir, en progresar en la escala del poder, que es a la vez progreso en la escala de conocer. Mientras padecemos mientras somos sujetos de pasión, mientras estamos sujetados al dominio de las pasiones, somos cautivos, dependientes, carecemos de autarquía y de libertad. La causa de lo que nos pasa no es concebida, en consecuencia, por nosotros, no haciéndosenos presente la razón del afecto que condiciona el curso de nuestra actuación ni de nuestra reflexión.
~

En conclusión, yo destacaría lo que dice Osho de que no es necesario aprender, que a veces es más necesario desaprender algo, remover un obstáculo para descubrirse a sí mismo, y que el misterio de la alegría es casi siempre canto y danza, y muchas veces cantamos sin tener ningún motivo.

Por otra parte, no creo que la meditación sea no-acción; en este sentido yo continuo un poco más allá con la filosofía spinozista; no es defecto de una causa, o de lo que somos causa parcial, de una causa original, en fin, realmente el mal parece ser que está en la causa, esto también lo dice Osho, cuando Confucio le pregunta a Lao Tzu por la causa de su alegría. En la causa pues está la infelicidad o el defecto, siendo la causa casi siempre una acción de causa-efecto, que es adecuado cuando se da plenamente de acuerdo con nosotros.

Yo creo que Osho sabe que esto es muy difícil de que se dé plenamente, y lo que hace es prescindir de este concepto de “causa”, que sin embargo en la filosofía occidental ha sido tan fructífero después para su desarrollo por la ciencia.

Lo cierto es que tenemos que seguir batallando con estos conceptos porque no hay otros. Y también está el vacío, porque el vacío si recurrimos a un físico, nos dirá que es lo que más abunda en la naturaleza, el vacío que traspasa todo el universo, y que traspasa a la propia materia. El hombre siempre ha tenido miedo al vacío, pero es lo que más abunda, la inmensa oscuridad del espacio, yo creo que ese vacío, ese misterio, utilizarlo como hace la filosofía oriental, es sabiduría en sí, porque es esa materia “oscura” que está ahí, y de algún modo nos condiciona.

Lao Tzu le respondió a Confucio:
-Tengo muchas alegrías. Entre las innumerables cosas que
engendró el cielo, la humanidad es lo más noble, y tengo la
suerte de ser humano. Ésta es mi primera alegría. Hay
personas que nacen y no viven un día o un mes, que nunca
han abandonado los pañales, pero yo he pasado ya de los
noventa. Ésta es mi alegría. La pobreza es común a la
humanidad, y la muerte es el final. Así pues, siendo parte
del común de la humanidad, y a la espera de mi final, ¿qué
sentido tiene preocuparse?

~
Es decir uno se da cuenta de lo que es la alegría en cuanto toca los límites de ese final o de ese vacío, entonces todo cambia, o cuando ha dado todo de sí y se conoce a sí mismo en esencia.

~
También me gustaría citar a Elsa: “La inocencia y la pureza no implican la represión o la eliminación de los deseos. Barrerlos al inconsciente significa que pasan a ocupar un lugar donde se tornan sigilosos y compulsivos. Hay que desenmarañar los deseos para poder dar respuesta a las necesidades profundas con alegría, con compasión y con inteligencia.”

Voy a citar finalmente a Virginia Woolf:
“Esto es lo peor de escribir, el tiempo que se pierde. ¿Qué puedo hacer con la última hora de la mañana? Dante otra vez. Con cuánta alegría salta mi corazón al pensar que jamás volveré a imponerme la carga de escribir un libro largo. No. En el futuro todos mis libros serán cortos.”

Para ella la alegría es también desnudez, algo que puede soltar y descubrir, la falta de una identificación o de una carga o de algún trámite, pero al mismo tiempo es positividad o acción, es que es un desaprendizaje que ha costado tiempo, dice ella, de algún modo.
~

Luis Martín-Santos nos propone la lectura de Osho. Uno de los trucos que nos propone Osho en este camino, en su obra Tónico para el Alma, es éste:

Hazle sitio a la Alegría. Y nos dice:

Conocerse a uno mismo es elemental. No es difícil, no puede serlo. Para saber quién eres no necesitas aprender nada, solo tienes que desaprender algunas cosas.

La primera: tienes que desaprender que te importan las cosas.
La segunda: tienes que desaprender que te importan los pensamientos
La tercera, se da por sí sola: eres un testigo

La clave es, ante todo, empezar a observar las cosas. Sentado en silencio, mira un árbol y observa. No pienses en él. No preguntes: «¿Qué tipo de árbol es?». No juzgues si es hermoso o feo. No digas «es verde» o «está seco». No crees ondas de pensamientos alrededor de eso, sólo mira el árbol.

Puedes hacer esto donde sea, observando cualquier cosa. Sólo recuerda: cuando surja un pensamiento, déjalo a un lado. Apártalo y sigue mirando lo que veías. Al principio será difícil, pero después de un tiempo empezarán a darse intervalos en los que no habrá pensamientos.

Verás que a partir de esa sencilla experiencia, surge una gran alegría. No ha pasado nada, es sólo que los pensamientos han dejado de estar ahí. El árbol está ahí, tú estás ahí y entre ambos hay espacio. El espacio no está lleno de pensamientos. De repente, hay alegría sin razón aparente, sin razón alguna.

Has aprendido el primer secreto. La alegría es un resultado de no pensar.

La alegría ya está ahí, pero reprimida por tantos pensamientos. Cuando los pensamientos desaparecen, sale a la superficie. Comienza con los objetos, con lo tosco. Después, cuando hayas entrado en sintonía y empezado a percibir momentos en que desaparecen los pensamientos y sólo están los objetos ahí, haz lo siguiente:

Cierra los ojos y observa cualquier pensamiento que surja, sin pensar en él. Si surge algún rostro en la pantalla de tu mente o se mueve una nube o cualquier otra cosa, limítate a observarla sin pensar.

Esto será un poco más difícil que lo anterior porque las cosas son toscas, pero los pensamientos son muy sutiles. Sin embargo, si ha sucedido con lo primero, te sucederá con lo segundo; sólo necesitas tiempo. Observa el pensamiento. Después de un rato, semanas, meses, años –depende del empeño y la entrega con que lo hagas- de repente, el pensamiento ya no está ahí. Estás solo. Surgirá una gran alegría, mil veces mayor que la primera que sentiste cuando el árbol estaba ahí y el pensamiento había desaparecido. ¡Mil veces! Será tan inmensa que desbordarás de alegría.

Éste es el segundo paso. Cuando esto empiece a suceder, pasa a hacer la tercera cosa: observa al observador. Ahí ya no habrá objeto. Se han desechado los objetos y los pensamientos; estás solo. Entonces, simplemente, observa al observador, sé testigo de que estás siendo testigo.

Nuevamente, será difícil en un principio porque sólo sabemos cómo observar algo: un objeto o un pensamiento. Pero incluso un pensamiento es algo que se puede observar. En ese momento no quedará nada, será el vacío absoluto. Sólo queda el observador. Tienes que volverte hacia ti.

Ésta es la llave más secreta. Simplemente, continúa estando ahí solo. Descansa en esa soledad y llegará un momento en que sucederá. Tiene que suceder. Si han sucedido las dos primeras cosas, sucederá la tercera; no te preocupes por ello. Cuando esto pase, sabrás por primera vez qué es la alegría. No es algo que te esté sucediendo y pueda irse. Eres tú, en tu ser auténtico, es tu ser verdadero. Entonces no desaparece. No hay manera de perderla. Has vuelto al hogar.

De modo que tienes que desaprender las cosas y los pensamientos. Primero observa lo tosco, después observa lo sutil y después observa lo que está más allá de lo tosco y de lo sutil.

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