Osho, la nube blanca

Osho, la nube blanca

Existe una relación cuando tienes dos partes, cuando estás dividido. Entonces la relación no es exactamente una relación. Siempre que existe una relación, hay separación. No te puedes relacionar. Puedes hacerte uno con ese otro, dejar que se haga contigo pero una relación no es posible. En una relación permaneces separado; en una relación permanentemente sigues tratando de controlar la situación.
Esta es una de las miserias de la vida humana: aun en el amor creamos una relación. Entonces se pierde el amor. El amor no debería ser una relación. Deberías transformarte en el amante o en el amado. Deberías transformarte en el otro y dejar que el otro se transforme en ti. Debería haber una fusión de ambos; sólo entonces cesa el conflicto. Si no el amor se torna un conflicto, un forcejeo. Si eres tú, tratarás de controlar, querrás poseer, aspirarás a ser el amo, y entrará a jugar la explotación: el otro será usado como medio, y no como fin.
Con las nubes blancas no puedes hacer eso, no puedes tomarlas por esposas o esposos. No puedes encadenarlas ni forzarlas, ¿a una relación? No lo permiten, no te escucharán, ya han tenido suficiente de ello, por eso ahora se han transformado. Puedes ser uno con ellas y entonces sus corazones se abrirán.
~
El maestro no lo aprobaba, decía:
-No. Si no te transformas en bambú, ¿cómo puedes dibujarlo? Sigues separado de él, sigues siendo un espectador, sigues siendo un observador. Así puedes conocer el bambú desde afuera; pero esa es la periferia, no el alma del bambú. Si no te haces uno con él, si no te transformas en bambú, ¿cómo puedes conocerlo desde adentro?
Durante diez años se esforzó el discípulo, pero el maestro no lo aprobaba. Entonces el discípulo se perdió en el bosque. Entonces el discípulo se perdió en el bosque, en un bosque de bambúes. Nada se supo de él por tres años. Después empezaron a llegar noticias de que se había transformado en bambú. Ahora no dibuja, vive con los bambúes, está de pie con ellos. El viento sopla, los bambúes danzan: él también danza.

Entonces el maestro fue a investigar y efectivamente el discípulo se había transformado en bambú. El maestro le dijo:
-Ahora olvida todo eso acerca de ti y el bambú.
El discípulo replicó:
-Pero tú me dijiste que me transformara en bambú y lo hice.
El maestro exclamó:
-Ahora olvida también eso, porque ahora esta es la única barrera. Bien adentro, en algún punto, aún sigues separado del bambú y pensando que te has transformado en él. Entonces todavía no eres un perfecto bambú, ya que un bambú no lo recordaría. Olvídalo.
Durante diez años no se habló sobre los bambúes. Luego el maestro convocó al discípulo y le dijo:
-Ahora puedes dibujar. Primero te transformaste en bambú; y después lo olvidaste; entonces te transformaste en un bambú tan perfecto que la pintura ya no es pintura sino crecimiento.

Me gustaría que tú también fueras una nube blanca en lugar de relacionarte con ella. Ya has tenido suficientes relaciones: has sufrido bastante en muchas vidas te has relacionado con esto o con aquello y has sufrido lo suficiente, más que suficiente. Has sufrido más de lo que mereces. El sufrimiento se ha centrado en el erróneo concepto de relación. El concepto erróneo es el siguiente: que tú debes ser tú mismo para despues relacionarte. Entonces hay tensión, conflicto, violencia, agresión, y sigue un completo infierno.
Sartre afirma en algún lado: el otro es el infierno.Pero, en realidad, el otro no es el infierno: el otro es el otro porque tú eres el yo. Si dejas de serlo el otro desaparece. Siempre que esto sucede (ya sea entre un hombre y un árbol, entre un hombre y una nube, entre un hombre y una mujer, o entre un hombre y una roca), siempre que esto sucede dejas de ser tú y el infierno desaparece. De repente te transfiguras : entras en el paraíso.

Prueba esto: sentado debajo de un árbol, olvídate de ti mismo. Deja que sólo el árbol permanezca allí. Esto le sucedió a Budha debajo del árbol boddhi. El no estaba, y en ese momento ocurrió todo. Sólo el árbol bodhi estaba allí. El habbía desaparecido un momento y sólo el árbol estaba allí.
Encuentras momentos en los que no estés, y ésos serán los momentos en los cuales, por primera vez, verdaderamente existirás.
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